Y no sienten horror


No quiero googlear lo que es empalamiento. No creo poder soportarlo. ¿Sabés lo que me pasa? Me pasa que me imagino a esas dos personas mirándose a los ojos mientras hacían lo que le hicieron a Lucía. Imaginate, mirándose a los ojos y diciéndose que sí mutuamente, que eso estaba permitido, que era algo que podían hacer. Que zafaban. Pienso en esto y me agarran náuseas y los ojos se me llenan de lágrimas.
Qué hijos de re mil puta, pienso. Y a los dos segundos me doy cuenta de lo que en verdad estoy diciendo y más me enojo. ¿Puta la mujer que los parió? ¿Qué significa? El patriarcado se sostiene y se reproduce desde el lenguaje también. No puedo ni putear en paz, caigo en la trampa. Me quedo sin aire porque es como si ninguna esfera de la vida estuviese desinfectada: ni el trabajo, ni la familia, ni el sexo, ni nuestra propia mente. Un sistema perverso cuyo resultado son dos tipos que se miran a los ojos mientras violentan, golpean, violan y empalan a Lucía de 16 años; a Lucía que tiene derecho a vivir y crecer, a ser feliz y equivocarse, a ser desprolija y llorar, a enamorarse y realizarse… y no sienten horror.¿Cómo- puede-ser?
“La violencia es violencia”, dicen algunos; y es verdad. Pero la violencia machista no es lo mismo que cualquier violencia, así como una angina no es lo mismo que una gripe a pesar de que ambas son enfermedades. Tienen causas diferentes, síntomas diferentes –aunque algunos coincidan-, y su solución y prevención serán diferentes. De ahí deriva la necesidad de nombrarla y definirla y no, como algunos piensan, de una jerarquización de la violencia, o de la idea de que una es más o menos importante que otra.
A las mujeres nos están matando. A las mujeres nos están violando. A las mujeres no nos están dejando ir al colegio. A las mujeres nos pagan menos por nuestro tiempo y nuestro trabajo. A las mujeres nos están sometiendo a la mutilación genital. A las mujeres nos juzgan si somos promiscuas. A las mujeres nos hacen casarnos de chiquitas con tipos viejos. A las mujeres nos enseñan a vivir con miedo y a no calentar la pava “si no te vas a tomar el mate”. A las mujeres nos tocan el culo en el boliche y nos gritan “putas” desde el colectivo. A las mujeres nos dicen histéricas cuando reclamamos. A las mujeres nos están pasando cosas y, por eso, marchamos con todos los que crean que esta última enumeración no es lo que quieren para la sociedad en la que viven.
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