Una luz pálida


Una luz pálida

A esta hora hay una sola luz, verde y pálida, en todo el monoambiente. Alumbra solo una parte de mi cara. El silencio me abruma. Desde que vino el plomero, la canilla ya no gotea. Sí, ya sé que no paré de quejarme por el ruido y la gota golpeando como un metrónomo mi cerebro. Pero ahora la extraño. No estoy preparado para tanto silencio. Ni siquiera la heladera me salva en esta desde que la cambié. Mucho menos Frida, mi gata. Ella duerme como si estuviera muerta. A veces pongo la oreja sobre su lomo para oírla respirar. Hoy no. Hoy tengo el celular en la mano y tus mensajes pintándome la cara como si fuera el payaso más triste del mundo.

¿Por qué terminamos así?

Nos estamos dejando morir. Eso no es poético. Ni siquiera corre sangre, ni siquiera hay ruido. Solo palabras desconectadas, deformadas por el corrector del celular. ¿Quisiste decir “ya no da para más” o “ya no me amás”? Porque la primera te la peleo a muerte.

Venite. Te pago el Uber. La corremos a Frida de la cama. Venite que ya arreglaron el baño. Ya no gotea. Dale que las plantas se me mueren. Me dijiste que aguantaban un par de semanas. Ahora tienen las puntas secas. Venite que las cuidamos juntos.

Miramos la serie que te gusta, la de las pibas que viven en Nueva York y actúa ese tipo que ahora está de moda. Adam algo, Driver, creo. Te cocino un omelette. O descongelo unas milanesas si tenés ganas. Me quedan dos, pero todo bien. Creo que me queda una papa, si querés me fijo.

¿Y si preparo la bañadera? Le meto las sales que me trajiste del viaje a la Patagonia con tu vieja y tu tía. Prendo unas velas, pongo la banda esa que te encanta que fusiona jazz con tambores. Me afeito.

¿Seguís en línea?

Bueno, no sé, tengo una tuca y una lata de birra. Si querés pruebo con algún delivery, pero son las tres de la mañana y es martes. Bah, ya es miércoles. Da igual, no creo que haya nada abierto. Pero si querés intento. Compramos un vino o más birras. Nos pegamos un baño, garchamos un rato, nos comemos las milangas, puedo agregarle un omelette que me sale muy bien, nos fumamos la tuca, miramos un par de capítulos de girls, ahí está, ahí me acordé el nombre. Después podemos garchar de nuevo si todavía tenés ganas o regamos las plantas y googleamos como revivirlas.

Lo que vos quieras, pero no nos merecemos terminar así. Tengo la cara pálida por el reflejo de mi celular y todos estos mensajes que te mando. Respondeme. Al menos haceme llorar para entender que estoy vivo. Sino voy a tener que despertar a Frida. O peor, voy a abrir la canilla y cerrarla, pero no del todo. Voy a dejar que gotee un poco, a ver si así puedo, de una vez por todas dormirme.

Vení que me quedo sin batería y hoy le tengo miedo a la oscuridad.

 

 

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