Una de piratas


“Somos los piratas,
amigos de la noche los gatos y las trampas.
Somos los piratas,
después del cabaret nos vamos para el sauna”.
Los Auténticos Decadentes – 1997

Cuando se quiere describir al macho que tiene todas las minas, creo que no hay mejor palabra que PIRATA. Aunque de los piratas haya pasado mucho tiempo, el imaginario colectivo los representa como hombres aguerridos, que no conocen reglas, que asaltan sin preguntar y que por sobre todas las cosas, están rodeados de minitas.

¿Realmente esto era así? No tanto. Los piratas pasaban semanas enteras dando vueltas por el mar, sin mucha posibilidad de anclar en puertos por su condición de bandidos. Entre sus reglas, estaba la prohibición de que mujeres y niños subieran a sus barcos. La condición era tan estricta que en muchos casos, si el pirata la desobedecía, se lo castigaba con la muerte.

Así lo decía el código del famoso capitán galés Bartholomew Roberts: “Si cualquier hombre fuera encontrado seduciendo a cualquiera del sexo opuesto, y la llevase al mar disfrazada, sufrirá la muerte”.

Con reglas tan severas, el contacto con chicas se hacía difícil.

Demasiado tiempo en altamar hacía que por algún lado los muchachos tuvieran que descargar. ¿Y con quién lo iban a hacer? Y bueno, en muchos casos con otro pirata.

Según el historiador B.R. Burg, entre los siglos XVI y XVII, la “homosexualidad” en el mundo pirata era algo bastante común y estaba bastante aceptada. Tanto, que los piratas fueron los primeros en conformar los primeros matrimonios entre hombres de la historia moderna. Este tipo de unión se conoce como “matelotage” y a quiénes lo contraían se los llamaban “matelot” que significa hombre de mar.

Al igual que el casamiento tradicional, el matelotage incluía la unión de bienes y daba derecho a la herencia de la pareja. También establecía que ambos debían luchar juntos y que en caso de enfermedad, debían cuidar del otro. ¿No son un amor?

Por supuesto que no todos se casaban, por algo eran piratas. Como estaba prohibido subir mujeres a bordo, en muchas ocasiones, los piratas raptaban hombres jóvenes a los que los obligaban a hacer de tripulación y a prestar algunos servicios.

Algunos documentos indican que debido a la poca presencia de mujeres en las islas del Caribe tomadas por piratas, como la isla La Tortuga, las parejas de hombres eran muy común en esos lugares.

En 1660, Jean Baptiste Du Tertre, un misionero y botánico francés, describía que en las Antillas Francesas había dos tipos de familias “la primera de personas casadas y la segunda de dos chicos que vivían juntos”.

¿Al final eran todos putos?

Por supuesto que no. Que el matelotage existiera no forzaba a todos a contraerlo, solo el que lo deseaba. Por otra parte, no todos se enfiestaban con el de al lado. Muchos se la aguantaban hasta llegar al puerto o en el peor de los casos, manuela en el baño.

Lo que si queda claro es que lejos de ser el mundo estereotipadamente macho que muchos imaginan, como tantos otros gremios, el del pirata patea para los dos lados.

 

Fuentes:
“The French Atlantic Triangle: Literature and Culture of the Slave Trade” de Christopher L. Miller.

“Sodomy and the Pirate Tradition: English Sea Rovers in the Seventeenth-Century Caribbean” de B. R. Burg.

“If a Pirate I Must Be…: The True Story of “Black Bart,” King of the Caribbean Pirates” de Richard Sanders.

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