Un lunes bien distinto, un lunes bien piantao


Por Manuel Achinelli

Siempre fui un fanático de cruzarme gente famosa y sacar mi parte más cholula frente a ellos. Probablemente, se deba a que nací y me crie en un pueblo de campo, donde honestamente, no tuve jamás ni la ilusión de cruzarme a nadie más que a una vaca o a un caballo que se le escapaba al vecino.

Me mudé a Buenos Aires y tuve algunos encuentros con famosos, mi máximo logro fue cuando el periodista de los rulos de CQC me hizo una pregunta por la calle y le mandé un saludo a mi mamá.

La vida me estaba a punto de dar otra de esas oportunidades tan codiciadas por mí, pero esta vez no me encontró muy atento.

Era lunes, tengo la costumbre y religión de todos los lunes, comer a la noche con mis amigos en mi casa. Suelo cocinar algo elaborado, generalmente hago alguna receta que miro el mismo día a la tarde desde el trabajo, cambiando algunos ingredientes por otros más baratos.

Ese día, como viene pasando últimamente, mi hermana se instaló en mi casa con mi cuñado. A esta altura del año, ya no tengo nada de ganas de compartir ni un minuto de más con ellos dos, quienes amenazan con mudarse juntos hace meses pero parece que no se está haciendo real la idea.

Optamos entonces, por encontrarnos después de comer en el Pasaje Bollini, con guitarra en mano y unas cuantas latas de cerveza ya que la noche estaba linda y ahí nadie nos suele venir a molestar.

Veníamos tomando unas varias, habían pasado como dos horas, supongo que era algo así como las 12 de la noche. Estábamos cantando (ladrando) si mal no recuerdo, “Cerca de la revolución” de Charly García. No sabía ni la mitad de los acordes, pero la emoción del momento nos hacía cantarla igual.

De repente, nuestro hermoso cover fue interrumpido por la voz de una señora, quien a simple vista parecía tener unos 50 años aproximadamente.

¿Escucharon el show de Charly ayer en TN?

Ninguno de los tres contestó. La señora estaba paseando a su perro y nos imaginamos la típica escena de una vieja hablándonos horas y horas hasta arruinar nuestro ritual.

Así pasó, los siguientes 20 minutos. Una mujer sin siquiera presentarse contándonos anécdotas de ella con Charly García, con Susana Giménez y nosotros mirando hacia un costado intentando que se vaya y nos deje de mentir.

Ella nos repetía su nombre y a ninguno de nosotros ni siquiera nos sonaba haberlo escuchado. Nos pedía que saquemos nuestros celulares y nos tomemos el trabajo de buscarla en Google. Nos decía que vayamos a verla la semana siguiente al CCK.

Seguíamos sin un más mínimo interés. Quizás una mezcla de nuestra corta edad, más un poco de poca cultura, más otro poco de borrachera, no nos hacía caer en la situación.

Pasaron 10 minutos más, cuando de repente, una pareja que también paseaba a su perro se detiene, nos mira, la mira, y le dice a nuestra nueva compañera:

Disculpame, ¿Vos sos? ¿Sos vos?

Si, soy yo. Venime a dar un beso- Contestó ella, simpática.

¡No lo puedo creer! ¡Te admiramos mucho!

Los que no lo podíamos creer, éramos nosotros tres. Evidentemente esta señora excéntrica de pijama desteñido era quien realmente decía ser. Una cantante de tango con más de 50 años de experiencia, ex mujer nada más y nada menos que de Piazzolla y dueña de la calle Corrientes en los años 60.

Así fue como una noche calurosa, a dos minutos de mi casa, sin darme cuenta, conocí a Amelita Baltar. Tengo que confesar que recién terminé de creerlo cuando llegué a mi casa, y me tomé 5 minutos para googlearla y escuchar de quien se trataba.

Para tener una prueba del encuentro, le saqué una foto mientras ella se iba caminando. Fiel a su estilo, esta se dio vuelta y me gritó: “¿Para que me sacás una foto si no me conocés?”

amelita-baltar

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