Un deseo muy fuerte llamado Argentina


Por Matías Ferán

Wow, increíble…Hey, hola! Disculpá…Kon’nichiwa. Yo, venir de Argentina, un país al otro lado. Tardé nomás una hora y media en viajar. Me subí en una nave que sale desde Córdoba, que es una ciudad justo en el medio del país, donde toman una cosa que se llama fernet. A mí no me gusta mucho pero bueno…nada, cuestión que la nave llegó a la estratósfera y desde ahí pude elegir el destino que yo quiera, de tal forma que ahora estoy acá en Japón. 

¿Qué no sabés lo que es Argentina? ¿Ni un poco te suena?

Mira, para que te hagas una idea de qué es Argentina, en latín significa “país de plata”, pero en sí en lo que es el territorio no hay minas de plata, o al menos el país no es conocido por eso. El río sobre el que está Buenos Aires, la capital, se llama “Río de la Plata” pero de plateado no tiene nada, más bien lo contrario porque sus aguas son marrones. Y de buenos sus aires tienen muy poco.

Para mí Argentina es casi un país que no existe, que muchos dicen que se hizo de los barcos cargados de inmigrantes, como si no hubiera habido historia previa. Es un país inventado y exagerado a gusto de unos y otros. Argentina para mí es como una anécdota. Casi un chiste que quedó. 

No digo que sea todo joda ni que nada tenga un valor real, porque justamente entre tanta utopía, ese país imaginado se volvió real, a veces como una pesadilla y otras veces como el más perfecto deseo. Y es que es un país sin puntos medios, donde un día un presidente promete viajar a Japón mientras deja morir los pueblos a la vera del tren. O es un país donde todo es pasión, pasión por el fútbol, por el resultado de un reality, por las elecciones, por si preferís el frío o el calor. Es tan así que la principal víctima de esas exageraciones, siempre es la sucursal de un mc donalds frente al obelisco. Porque sí, este país está tan inventado que en el medio de sus calles tiene un obelisco, como si se tratara de la capital que nunca existió.

Argentina es música, es chiste, es comida, vino, violencia, belleza, Samid y Viale a las piñas. Es un país donde somos muy besuqueros. Argentina es el beso que pienso 15 veces antes de darle a mi novio en la calle por si alguien se ofende. Es matrimonio igualitario y trabas muertos antes de los 35. Es amigos siempre, sin ninguna condición. Es espontaneidad, es amor en estado puro sin precio alguno. Es el monotributo y la página de la afip que nunca funciona. 

Argentina para mí es esa baldosa floja que de pisarla te enchastra con un charco el botamanga del jean. Es un país enorme pero con todas playas de agua marrón, lagos a los pies de cubeteras gigantes y los mejores atardeceres. 

¿Viste cuando te dicen cuidado con lo que deseás porque se puede volver real? Para mi Argentina es eso, un deseo muy fuerte hecho sin consciencia. Algo que se deseó y deseó tanto que terminó siendo real, tanto como las vallas que cubren al mc donalds frente al obelisco por que un montón de gente se dirige a la 9 de julio indignada por algo nuevo, o capaz están contentos por algo mejor. 

Como sea, para bien o para mal, Argentina es ese cuidado que todos tenemos que tener cuando deseamos algo con mucho ahínco, con mucha fuerza, con mucha pasión. Y ahora me sabrás disculpar, pero tengo que partir. El cohete que me devuelve a Córdoba está a punto de salir, tengo 2 horas y media de viaje y no compré ningún souvenir.


Este texto surgió de los Talleres de escritura creativa de Wacho.

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