Tenés que ver Sex Education


Me hubiera encantado ver a mis doce años Sex Education. Me hubiese ayudado a despejar varias dudas sobre mi sexualidad que recién las pude entender con varios años de terapia y muchas horas de internet.

Sin ser académica y mucho menos tediosa, esta serie es sumamente didáctica. Cada capítulo es una gran clase sobre las cosas que a todos nos pasan y que casi nunca sabemos cómo abordar ni a quién preguntar. 

 

¿Es normal que no se me pare?

¿Puede ser que siendo mujer me guste una chica pero no todas las chicas?

¿Hay alguna razón por la que el sexo no me interese para nada?

¿Cuál es la mejor forma de prepararse para el sexo anal?

 

Estas, como tantas otras preguntas que todos los días nos hacemos, se encarga de responder la serie. Lo hace con gracia, con simpatía, con humor y con un lenguaje simple, que no incomoda. 

Lejos de lo que puede pensar uno cuando lee por primera vez el título, viendo Sex Education no te vas a calentar. No es porno suavizado ni sensualidad grasa al estilo Rebelde Way. 

Tampoco es una serie donde lo único bueno es el guión. La estética, las actuaciones, los planos, el vestuario, la escenografía, los decorados y hasta la iluminación son excelentes.

Con solo dos temporadas, ya se convirtió en una de mis series preferidas. Como quiero que vos también le des una oportunidad, te dejo 5 razones para que la veas.

 

No existe lo tabú

La serie se anima a tocar temas complejos como el acoso, la homofobia o la transmisión de enfermedades sexuales y otros que generalmente los medios no abordan como el deseo sexual de las personas con discapacidades físicas.

Durante mi adolescencia ninguno de esos temas se hablaban. En el colegio nunca me explicaron cuáles son las distintas enfermedades que uno se puede contagiar teniendo sexo ni cómo tratarlas. De algunas me enteré un poco tarde en la guardia de un hospital.

Tampoco me hablaron sobre cómo reaccionar ante una situación de acoso hacia mi o a algún amigo, algo que hubiera sido muy útil cuando a mis 16 años un desconocido en el colectivo apoyó durante 10 minutos su pito en mi hombro. Algo similar le pasa a uno de los personajes en la serie, pero ella al menos puede hablarlo con su mejor amiga, quien la contiene y la acompaña a hacer la denuncia a la policía. Quizás, si en su momento yo hubiese visto esto en la tele no me hubiera sentido tan solo. 

Sin necesidad de caer en golpes bajos, cada tema es tratado con la seriedad que necesita pero sin nunca perder el humor. Aunque se te pueda estar rompiendo el corazón vas a terminar con una sonrisa.

 

Los feos también gozamos

El elenco es muy acorde con el mensaje de la serie. Los protagonistas no son modelitos ni bombas, tienen los cuerpos y las caras que te cruzás todos los días en el subte. 

Da felicidad ver a chicos que nunca pisaron un gimnasio disfrutar de su cuerpo. Y a otros que aunque entran en los cánones de belleza se dejan seducir por los que no. Porque el sexo y el placer no lo experimentan solo los lindos. 

Además, las escenas de sexo tienen un componente bastante real. Nadie es una estrella porno cuando coje. Ponemos caras raras cuando acabamos, el cuerpo adopta posiciones bizarras, nos despeinamos y hasta hacemos ruidos irreproducibles. Lo mismo le pasa a los personajes.

 

 

Tus viejos cogen

Otra cosa que me gusta mucho de esta serie, es que aunque se centra en la historia de Otis, un chico de 16 años, y sus compañeros de colegio, también se abordan las dudas que tienen sus papás.

Por ejemplo, la mamá del protagonista es una sexóloga divorciada a la que le gusta alternar sus parejas. Los papás de uno de los chicos llevan años sin coger y por eso la mujer se anima a usar un vibrador. 

Todavía no tengo hijos y me considero joven, pero me cuesta imaginar que algún día desaparezca mi deseo sexual. Supongo que el de todos nuestros viejos y abuelos tampoco.

 

La sexualidad no es estática

No sé si a ustedes les habrá pasado, pero a lo largo de mi vida me llevé muchas sorpresas con mis propios deseos. Cuando creía que ya tenía claro lo que me gustaba, enseguida aparecía algo nuevo que me hacía dudar de todo. 

A muchos de los personajes les pasa lo mismo. Chicos que van descubriendo su sexualidad a medida que la van experimentando y que después de mucho dudar se animan a probar eso que tanto quieren. 

Lo bueno de los guiones es que no muestran esto como algo fácil. Hay muchos miedos y prejuicios que tenemos que derribar para animarnos a experimentar. 

 

La música ilustra cada escena

Cada canción en la serie está pensada con mucha cabeza. Una excelente combinación de clásicos ochentosos con grandes temas del indie actual subrayan con sus letras las emociones de sus personajes. La música es sin dudas un guiño al espectador y además es un complemento fundamental que te ayuda a surfear las emociones que la serie despierta. Es una de esas series para estar con el Shazam prendido.

 

Por todo esto y por mucho más, te recomiendo que no dejes de ver Sex Education

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