Tenés que escuchar a Charles Bradley


Nunca había escuchado hablar de Charles Bradley hasta la semana pasada. Mi hermano me pasó una lista de la discográfica inglesa Rough Trade con los “mejores discos del año”.

El listado mostraba 100 tapas, de casi todos artistas desconocidos para mí, sin especificar más que el nombre del álbum. Entre tanto disco por descubrir, hubo uno solo que me llamó realmente la atención. Sobre un fondo amarillo, un señor entrado en edad miraba para un costado como si ignorara al fotógrafo. La sencillez me cautivó.

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Lo busqué en Spotify: Charles Bradley, “Changes”. Lo escuché, lo agregué a favoritos y lo seguí escuchando los siguientes cinco días. Es un disco de soul, que como bien exige el género, tiene el alma del cantante bien puesta y expuesta en cada canción.

Bradley es un cantante de 68 años, con una vida de esas que a Hollywood le encanta contar. A los ocho meses fue abandonado por su mamá quien lo dejó al cuidado de su abuela. Cuando él cumplió ocho años, su mamá lo volvió a buscar y se lo llevó a vivir con ella a Nueva York. Fue en esa ciudad dónde vio por primera vez a James Brown. Bradley quedó fascinado y empezó a imitarlo, no solo en la forma de cantar, sino también en las poses y las expresiones. Sus amigos de esa época dicen que lo hacía muy bien.

Desde ese recital pasaron muchos años y muchas vivencias. A los catorce se escapó de su casa, formó una banda, sus miembros fueron enviados a la Guerra de Vietnam lo que hizo que la banda se disolviera. Bradley empezó a trabajar como cocinero y a viajar por todo el país, hasta que en 1996 con 48 años recibió un llamado de su mamá quién le pedía que volviera con ella a Nueva York. El señor accedió. Fue en esa ciudad dónde desempolvó su talento para imitar a James Brown y empezó a vivir de eso.

Durante años se la pasó de bar en bar imitando a su ídolo bajo el nombre de “Black Velvet” (Terciopelo Negro). Fue en uno de estos shows que un productor del sello Daptone Records lo vio y le propuso firmar un contrato. Así fue como en el 2011, a sus 63 años, Charles Bradley lanzó su primer disco, “No time for dreaming”. A los dos años sacó su segundo disco, “Victim of Love” y en abril de este año con 68 años el tercero, “Changes”.

En cada canción se notan las influencias de un hombre que pagó varias comidas imitando a James Brown y que al mismo tiempo se privó de varias comidas por no tener más recursos que solo imitar a James Brown. Es un disco hecho con el alma, con Bradley dejando todo su dolor, potencia y deseos, en cada canción. Su voz grave, típica de un hombre que pisa los 70s, se recuesta en un colchón de coros femeninos y vientos que se ensamblan con bongós, congas y tambores.

Un dato a tener en cuenta para terminar de entender a este disco. Su nombre proviene de la canción Changes de Black Sabbath, que Bradley reversiona en este disco.

Si todavía te quedan dudas, te invito a escucharlo. Ideal para el auto o tomar whisky, para cocinar o tener sexo. Un disco que se disfruta de múltiples formas.

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