Sudoku


Estoy feliz. Hoy es el primer día de mi primer trabajo. Es apenas una pasantía en el área de contabilidad de una empresa, pero me permite ganar unos pesos mientras termino mi carrera y, sobre todo, me da un año y medio más de esa tan solicitada experiencia en las búsquedas laborales. La oficina queda un poco lejos de mi casa, es en Retiro y vivo en Olivos, pero no me importa. Con el tren llego en media hora y si hay algo que me encanta es viajar en este medio de transporte porque creo que es diferente a los demás. Aunque se parece mucho al subte, el tren va sobre la tierra y no solo podés atravesar la ciudad en poco tiempo, sino que también te da la posibilidad de admirarla. Otra cosa que me gusta es que siempre te encontrás con la misma gente. Puede que nunca llegues a saber su nombre, pero de repente empiezan a formar parte de tu vida y cuando no las ves hasta las extrañas.

Me subo en la estación Mitre y soy de los que se sientan en los últimos vagones. Después de la tragedia de Once mi mamá quedó muy paranoica y me traspasó su miedo. Muchos van estudiando y yo debería hacer lo mismo, pero mi Sudoku me parece más entretenido. Una vez leí que este tipo de juegos ayudan a ejercitar el cerebro y previenen el Alzheimer. Además, mientras lo hago puedo mirar todo lo que está sucediendo a mí alrededor.  En Cetrángolo sube la chica pelirroja que no para de escribir. A veces me dan ganas de sacarle el cuaderno de las manos y ver que es lo que anota. Está tan ensimismada en su escritura que no mira el celular ni una vez. Al llegar a la estación Florida, ya logré completar una línea y escucho que empieza a sonar “Desde qué no estás aquí”, interpretado por el Cuarteto Folklórico que todos los días recorre los vagones cantando las mismas tres canciones. Pero después el grupo se desintegra y solo queda el más joven como solista

En Juan B. Justo me acomodo la camisa nueva que todavía siento incómoda. Extraño las remeras y las zapatillas, pero ahora que soy contador recibido y tengo un puesto fijo, no puedo seguir vistiéndome como cuando era un estudiante que no le importaban las reglas. El nene que siempre sube con el padre en esta estación ya usa delantal blanco y viaja acompañado de su hermanita bebé. Hace un par de años que lo veo y siempre me sorprendió que supiera el recorrido entero con la edad que tiene.

En Saavedra, mientras termino de completar un cuadrado entero del Sudoku, el chico que se sube conmigo en Mitre se levanta para recibir a su novia. Después de saludarla con un beso se apoyan en el asiento isquiático y se susurran cosas mientras sonríen. Me quedo mirándolos unos segundos, pero la conversación de dos hombres quejándose sobre el tercer aumento en el pasaje del año me resulta más entretenida. Cuando vuelvo a tomar mi revista para seguir con mi juego veo que ya está completo. El cansancio del trabajo me tiene un poco distraído últimamente. Doy vuelta la página y arranco otro.

Cuando el tren frena en Coghlan pienso que hace mucho que no veo a la colorada. Quizás cambió de trabajo o se mudó. Miro por la ventana y veo que en el andén pusieron televisores que indican cuando llega la próxima formación. Me parece una buena idea y más en este momento que andan con bastante retraso. Mientras suena el pitido de cierre de puertas, un hombre de unos cuarenta años entra corriendo y queda agitado hasta Belgrano R. Esta escena se repite todos los días a lo largo de varios años. Siento que me vibra el celular y cuando abro la mochila para sacarlo me encuentro con el control remoto, que no sé cómo llegó ahí.  El mensaje es de mi novia. Me pregunta que vamos a hacer a la noche. Hoy cumplimos un año y además vamos a celebrar que me ascendieron. Ahora soy coordinador de área.

En Colegiales baja la chica que se encontraba con el novio en Saavedra, pero hace tiempo que no están juntos. Se siguen cruzando en el vagón y, aunque no se saludan y se sientan separados, de vez en cuando se miran sin que el otro se de cuenta. Para mí todavía se quieren y creo que en algún momento van a volver. También se baja el nene que sabía los nombres de las estaciones. Se lo ve contento con su buzo de egresados de séptimo grado. Su papá ya no los acompaña, ahora él lleva a su hermanita de la mano y cuida que no le pase nada. Yo ya logré completar medio Sudoku, pero no lo puedo seguir porque una duda me distrae, ¿habré mandado ese mail tan importante?

Cuando llego a Carranza un pitido me hace sobresaltar, pero me doy cuenta que es del tren y me quedo más tranquilo. Últimamente me siento raro, se ve que los preparativos del casamiento y mi nuevo puesto en la gerencia me tienen un poco estresado. No puedo concentrarme ni para hacer mi Sudoku. Cuando se abren las puertas entra una chica y se me sienta al lado. Se pone a leer un libro y veo en la contratapa una foto de la pelirroja que no paraba de escribir. Me pongo feliz por ella, aunque solo la conocí de vista. Memorizo el nombre del libro para comprarlo luego.

Llegando a 3 de Febrero, un chico, más o menos de la edad de mi hijo mayor, me pregunta si no tengo calor con la campera puesta y noto que todos a mí alrededor llevan ropa de verano. Le contesto rápido para salir del paso, pero la verdad es que no sé por qué estoy tan abrigado. Mientras el tren avanza hasta la estación terminal, entra al vagón un chico de unos dieciocho años y empieza a cantar “Desde que no estás aquí” y al terminar, cuenta que esa canción la cantaba su papá en esta misma línea hace muchos años. El viaje es bastante aburrido sin mi Sudoku, pero lo tuve que abandonar porque un día ya no pude completarlo más y me agarraba tal enojo que empezaba a gritar y la gente me miraba nerviosa.

El tren frena en Retiro y por el parlante anuncian que es la estación terminal. Algunos pasajeros suben antes que los demás empiecen a bajar y ocupan rápidamente los asientos vacíos. Piso el andén y me siento perdido. Una señora me pregunta si estoy bien, pero la verdad es que no sé dónde estoy. No recuerdo cómo llegué ahí ni tampoco cómo me llamo. Solo sé que hay algo en mí que no está bien.

Por: Mica Persuh

 

2 Commentarios

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    Nora
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    Excelente texto…y muy triste. Felicitaciones a la autora.

  2. Avatar
    Pedroga
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    Me gustó, aparte es viernes y termina mi jornada de curro. Buen Finde!

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