Soñar como Perrxs


Soñar como Perrx

“¿Por qué el perro se mueve mientras duerme?

La respuesta es muy sencilla: el perro se mueve porque está soñando y su organismo intenta recrear lo que está sucediendo en el sueño.”

– Expertoanimal.com

 

Estoy encerrada en mi casa como un tercio de la población mundial. Ya no cuento los días así que no sé cuantos voy, cuántos vamos; ni en Buenos Aires, ni en Roma, ni en Lanús. Estamos todos habitando una dimensión temporal trastocada, como a la que se ingresa en la sala de espera de un médico, o antes de una entrevista laboral. Rara. 

No tengo mucha idea de qué les pasa a los demás. Me llegaron videos de gente cantando en los balcones en algún país europeo. Yo no tengo balcón y la cuarentena me pegó solitaria y silenciosa. No tengo ganas de hacer ocho videollamadas por día ni de ganar el desafío del papel higiénico. No quiero leer la última investigación de la universidad de Michigan ni me interesa en este momento probar algo nuevo por Instagram: yoga, cocina, meditación.

Estoy acovachada; pensando en mi vida, esperando mi cumpleaños número 30 y rociando la almohada con esencia de lavanda todas las noches. No podría decir que estoy orgullosa, pero así estoy aceptando esta pandemia: un poco irritada con el ruido y necesitando silencio, distancia antisocial.

Tengo ganas de mirar por la ventana mucho tiempo, de escuchar a los pajaritos, de faltar a clases virtuales, de dormir siesta en horario laboral y ratearme de reuniones que eran al pedo en persona y son más al pedo aún en formato virtual. Estoy atrapada en una espiral de la que no puedo salir, como cuando de chica me agarraba un remolino en el mar de Mdq y mi papá me sacaba a tirones del brazo. Mi espiral consiste en armar un mate para abandonarlo a los tres sorbos porque me cuelgo, y volver a armarlo porque ese ritual me cura un poquito el alma. Mi espiral tiene también aspectos menos dulces, en forma de mensajes innecesarios e ingestas tóxicas compulsivas. Mi papá ahora no está para salvarme.

Tengo ganas de leer poesía e intentar escribir algo mío. Lo llamo a mi tío que tiene mil años y vive solo. Le compro a negocios chicos, aunque compre dos mangos porque vivo sola. Hablo con mi amiga cuando sé que está más del orto que yo. Aprovecho para estar con mi perro y darle amor extra. Esa es mi esfera de influencia, mi potrero que nunca será Bombonera. Ese es mi proyecto para salvar a la humanidad durante esta pandemia. También comparto cosas que me hacen reír, disparo mensajes que no esperan nada a cambio, respondo con liviandad a las respuestas tardías, total todos clavamos el visto en cuarentena. Como fruta. No me quejo (tanto). Pienso en los que están con la vida en llamas; sin un mango, con miedo, con despedidas. Hablo con mi tía que es médica. Me duermo tarde como toda mi vida; soy la que te ataja el mensaje de madrugada, a vos, que sos nuevx en esto del insomnio y que lo sentís como un hueco en el pecho. 

Para ser honesta, pensé que iba a hacer cosas más nobles durante una emergencia global-internacional-planetaria. Imaginé que iba a darle ánimo a más gente, ser empática, seguir adelante con mis proyectos. Brindar tranquilidad. No sé cuál fue el planeta de mi carta astral que me hizo flashear superheroína, pero parece que no iba por ahí. Capaz para la próxima pandemia, o capaz tampoco, este virus me robó las certezas. 

Pero hablando de héroes, son las once de la noche y me llama un amigo con video y todo. Me pregunta cómo estoy y se ríe antes de que le conteste porque sabe la que se viene. Del orto, amigo. Después, yo le pregunto a él y me reza su rosario. Hablamos una hora y media con muchos silencios en el medio, los dos tenemos un tedio estructural. Llegamos a la conclusión, como si fuéramos socióloga y psicólogo, de que en este momento todo lo que somos nos irrita. Todas y cada una de nuestras características personales nos resultan inaguantables e insuficientes. Estamos siendo malos con nosotros mismos en plena pandemia, desobedeciendo como dos niñes caprichosos lo que dictan los dioses de la liberación personal en cada posteo: querete, cuidate, tenete paciencia, está bien no hacer nada. Sabemos, en el fondo, que esos gurús están más cerca de la verdad que nosotros, pero solo nos sale patalear y esa sabiduría nos queda lejos.

Es la última interacción social del día y casi la única. Corto porque tengo que hacer cosas que intenté hacer toda la tarde y no logré. A esta hora de la madrugada siempre hay silencio pero con la cuarentena es directamente un vacío total. Miro a mi perro que tiene una paja astronómica y se duerme de a ratos cediendo los párpados. Me da paz saber que lo tengo de compañero; es su primera pandemia pero él no tiene ni idea. Lo miro soñar y mover las piernas como si estuviera corriendo en alguna plaza enorme con el pasto muy verde, o en alguna pradera de película europea. Lo miro soñar y me doy cuenta de que esta pandemia nos dejó a todos un poco como a él, moviendo las patas en el aire para correr en una pradera que de repente ya no existe más. 

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