Sin final y sin retorno


Por Camila Lovon

Me di cuenta de que crecí cuando comencé a ver mi realidad diferente. A veces los problemas van apareciendo poco a poco, son como una neblina que se ve a lo lejos, y a medida que pasa el tiempo, a medida que se acerca, uno se da cuenta de que es parte de esa neblina llena de tristezas, enojos y peleas. Tonos grisáceos recorren por el cuerpo. Uno quiere deshacerse de eso, quiere brillar o simplemente quiere ser una persona que irradie color, pero se torna complicado hacer que los problemas desaparezcan.

Una niña piensa que todo tiene una solución, que las cosas se arreglan solas, con el paso del tiempo. A medida que uno crece, le toca aprender a enfrentar situaciones que antes no había enfrentado, le toca enfrentar esa niebla. Hay que revelarse, enojarse, luchar y entender a las personas que nos hicieron mal a lo largo de nuestra vida.

Me di cuenta de lo importante que es crecer para evolucionar y enfrentar la vida, vivirla de una manera que nos guste. Cambiar la perspectiva de mi realidad me permitió restarles importancia a cosas que no la tenían y dárselo a cosas que sí. Cada une verá qué es importante para su vida, depende de uno, pero cuando algo ya no resuena con nosotres, simplemente hay que dejarlo, transitarlo, dejarse ser, experimentar todo tipo de sentimiento, sea bueno o malo, para así, renacer. Y se trata de eso, perspectiva. El crecimiento físico no me importa, mi metro cincuenta no me importa, en cambio el crecimiento personal sí, y cuando me doy cuenta del trabajo que estoy haciendo respecto a eso, me siento fuerte y enorme.

Empezar a disfrutar cada cosa, para mí fue haber crecido y haber evolucionado a un nivel que no sabía ni que existía. Pasaba los niveles y cada vez había más y más. A veces retrocedemos, a veces perdemos, pero sobre todo también están los remontes y subidas, las nuevas oportunidades. No todo es hermoso, el camino de crecer nunca es lineal. Es un camino de ida, sin vuelta y sin fin. Y cuando digo fin es porque nunca termina y porque no siempre es una meta a la cual debemos llegar, hay que aprender a transitarla, aprender a disfrutarla. Las personas, los momentos y recuerdos, son niveles diferentes, cada uno con una dificultad y una enseñanza, son como nuestros maestros.

Sacarme la máscara que tapaba mi verdadero yo hizo que comience a ser yo misma. Esa máscara reflejaba absolutamente todo lo que las demás personas querían ver de mí. Me la saqué y me permití crecer en libertad.

Pero crecer también es darme cuenta de las cosas poco éticas que pude haber hecho en algún pasado, ya sea con alguien o conmigo misma. Absolutamente todas las personas cometemos errores. Se trata de reconectar con ese error y renacer en un nuevo pensamiento, en un nuevo yo.

Lo importante del crecimiento es saber que siempre hay algo más que aprender. Nadie la tiene clara con estas cosas, a veces nos vemos en lo profundo del pozo, pero en otras nos encontramos en lo más alto de la montaña. Es un camino sin final y sin retorno, porque del crecimiento nadie puede volver.


Este texto surgió de los Talleres de escritura creativa de Revista Wacho.

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