Si supieran lo que es el amor


Si supieran lo que es el amor

“ya sabés qué vas a ser cuando seas grande?
sí, tu amigo”.
Todo piola – Mariano Blatt

 

¿Te acordás cuándo metíamos en la mochila el desodorante, un paquete de chicles, tres buzos y un Camel de 10?

¿Te acordás que nos íbamos con todo bien lejos de mi casa, nos sentábamos abajo del único árbol que en invierno tenía hojas y fumábamos uno, dos, tres, cuatro, cinco cigarrillos seguidos hasta quedar mareados, tirados en el pasto casi inconscientes pero felices de estar haciendo juntos algo prohibido?

¿Y de cuando nos fuimos a Mar del Plata re bacanes, todo pago, a hacer lo que más nos gusta? ¿O el día que en un Burger King no podíamos parar de repetir la palabra “chaket”? ¿Y de la noche de año nuevo en Brasil, cuando casi nos cagan a trompadas tres divisiones de rugby del Champa?

Corrimos con dignidad. Siempre de la mano y volviendo para atrás cada vez que uno se caía.

Sería injusto echarle la culpa al alcohol por nuestras bravuconerías. Nos sentíamos fuertes solo por estar juntos. Nuestra amistad, tan grande que nos hacía olvidar la flacidez de nuestros brazos.

Nos sigue pasando lo mismo.

Quisiera que este texto sirva para decirte lo mucho que te quiero, pero sé que no lo necesitás.

Cada vez que nos giramos una tuca, una bandeja de mollejas, una caja con los restos de una pizza o juntamos nuestros últimos billetes para compartir una última cerveza, salen rayos de colores entre nosotros.

La gente cada vez que nos ve juntos sonríe y vuelve a tener fe en la humanidad.

“Qué gesto de amor tan grande, se fuman juntos hasta el cartón y comparten el culo de esa botella”, dicen las viejas que nos ven desde el balcón.

Sé que van a pasar presidentes, morirán nuestros ídolos y el subte quizás llegue a provincia, pero entre nosotros nada va a cambiar.

Cuándo me dicen: “Hasta que no tengas un hijo no vas a saber lo que es el verdadero amor” me río para adentro.

¡Si supieran lo que es el amor!

Cuándo vos tengas un hijo lo voy a amar tanto como vos vas a amar al mío. Voy a estar ahí para sostenerle el pelo cuando el vino le caiga mal y al otro día, aunque tengamos resaca, vamos a ir a la plaza a fumar uno para que el finde no termine más. Vamos a ir a la cancha, sin importar que me aburra el fútbol, porque vos me enseñaste que no hay nada más lindo que fundirse en un abrazo gritando gol.

Me va a decir que no le importa si me gustan las chicas, que le da igual. Me va a poner el brazo en el hombro y se va a reír. En algún momento me va a preguntar por qué no le dije antes y al segundo va a agregar que no le tengo que contestar.

Y sí algún día me llama por teléfono diciéndome que le falta el aire porque no sabe qué decisión tomar, voy a ir corriendo hasta su casa, le voy a agarrar la mano y cuándo se tranquilice le voy a hacer un chiste y a decir que nada es tan terrible.

Para mi cumpleaños me va a regalar un cuaderno hecho a mano con todas nuestras fotos. Yo voy a arrancar una y la voy a poner en la heladera, al lado del imán de Sevilla. A los tres días voy a arrancar otra, una en la que estemos nosotros y el resto del grupo. Le voy a sacar una foto a la foto, la voy a subir a Instagram y voy a escribir “mis hermanxs”. Después la voy a llevar al laburo, la voy a pegar al lado de la computadora y cuando la mire voy a sonreír. Mi cabeza va a salir de la oficina y voy a revivir cada anécdota con cada uno de mis amigxs. Les voy a mandar a cada unx un mensaje de amor, como si estuviera borracho, pero sin haber tomado una gota de alcohol.

“Ebrio de amor” va a decir mi jefe cuando me vea los ojos rojos. “Vengan a ver este espectáculo”, les va a gritar a mis compañeros.

Todos se van a reunir alrededor mío y cuando les cuente sobre cada unx de ustedes me van a insistir: “dejá de trabajar y ya mismo ponete a escribirle una oda a tus amigxs”.

Y eso mismo voy a hacer.

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