Ser mujer en la India


Por Sofia Cash
A la última luna llena tuve la suerte de verla en un campamento perdido en el desierto de Thar, una extensión de miles de kilómetros de arena en la frontera entre India y Pakistán. Fue esa, la súper luna, la que parecía que si te acercabas llegabas a tocarla. Me subí a una duna y ahí me quedé, hipnotizada. No se bien cuanto tiempo después, al silencio de la inmensidad lo interrumpió la voz de Lucky, nuestro guía, preguntándome si me podía acompañar. Con unos té de chai de por medio y en un inglés con mucha mímica empezamos a contarnos un poco sobre nuestras vidas.
En un curso intensivo de cultura india, y entre otras cosas, me contó sobre el sistema de castas que rige a la sociedad desde hace miles de años. Es extremadamente complejo. Pero para resumir, sería como una pirámide social estratificada según, no sólo cuestiones económicas, sino culturales, sociales e incluso políticas. Son hereditarias y de la más alta a la más baja, nacés en una casta y vas a morir en la misma. A progresar, a la próxima vida. Lucky, por ejemplo, no conoce otro escenario fuera de las inmediaciones del desierto.
Entre castas “está todo bien” contaba mientras con la mano derecha tiraba un haka, pero que, por ejemplo, él jamás aceptaría comida preparada por alguien de una casta menor (como un constructor).
¿Pero, por qué?
No sé, sólo no se hace
¿Y si te gusta una chica de otra casta?
¿Estás loca?” (en realidad me preguntó si me había drogado con “scooby cookies”, los funny brownies del desierto). Así que no. Ni pensarlo. Acá la de “el amor sobre
toda diferencia social” no se canta.
Su familia ya le había elegido una chica de la misma casta. Como Lucky sabe inglés, sus padres tienen puntos extra a la hora de “negociar”. Me la mostró en una foto, una chica linda de mirada seria con el pelo tan negro que rozaba lo azulado. Alabé la belleza de su futura mujer, pero no le interesó en lo más mínimo.
Las mujeres de acá son todas aburridas, no hacen nada, se quejan mucho y no hablan de nada interesante” me dijo.
Ahí ya me empezó a hervir un poco la sangre. Fue empeorando cuando entramos en tema familia y Lucky tomó el papel de entrevistador. Me hizo las dos preguntas preferidas de todo indio: cuantos hermanos varones tenía, y de qué trabajaba mi papá.
-¿Entonces, no tenés hermanos varones?
-No, somos mi hermana Clara y yo.
-Uh, lo siento por tu padre. Qué difícil para tu familia.
¿Cómo? ¿Por qué ? le pregunté ya indignada pero sin entender demasiado.
Y cuanto más preguntaba menos quería seguir escuchando, pero tampoco quería dejar de preguntar. Al rato creo que lo aburrí con mis cuestionamientos. Me dijo algo como que mi cabeza era muy occidentalmente libre y se fue a dormir, pero yo no pude. La conversación me quedó dando vueltas en la cabeza durante todo el viaje. A medida que fueron pasando los días tristemente fui entendiendo el por qué de las palabras del chico del desierto.
“Me darás mil hijos”
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India es un país fascinante, difícil de calificar, hay que vivirlo. Es linda, caótica, colorida e intensa como la mirada de su gente. Pasaron poco más de 70 años desde que obtuvo su independencia y fijó el objetivo de convertirse en una potencia moderna. Por detrás, milenios de historia que incluyen conquistas, asimilación, adaptación y una arraigadísima tradición. India vive en un constante debate entre tradición y modernidad lo que lo hace un país colmado de paradojas, siendo la figura de la mujer la que más me impactó.
Por un lado, en las castas medias altas, cada vez son más las chicas que estudian, viajan al exterior y trabajan a la par de los hombres. India es uno de los países con récord de cantidad lmujeres en el poder. Lo son, la líder del partido de gobierno, la jefa de la cámara baja del parlamento y varias ministras. También, gran número de íconos del espectáculo, el deporte y los negocios.
Aunque aún teniendo tantas mujeres al frente de la democracia más grande del mundo, ese ideal no se refleja en la totalidad de la sociedad. Las variables de zona y estirpe social son definitorias. En las castas más bajas, especialmente en las partes rurales, algunas mujeres siguen siendo presas de tradiciones y formas de pensar de antaño. El castigo por ser mujer empieza desde la concepción con los abortos selectivos por sexo. A pesar de que las pruebas prenatales están prohibidas desde el año 1994, se siguen haciendo y son la causa de que exista una brecha de 42 millones de mujeres menos que hombres (hablamos de un país de 1.252 mil millones de habitantes).
¿Por qué ?
Una parte de la sociedad las considera escasamente productivas. Cuestan caras. El varón siempre estará por delante de una mujer, en cuestiones de educación, salud y hasta a la hora de repartir la comida.
Solo para empezar a contar, al nacer, la mujer no es considerada parte de su propia familia ya que al casarse pasará a ser parte de la familia de su esposo. Los padres de la novia están obligados a pagarles a su familia política un “dote” (un pago por los futuros gastos que implicará mantenerla), para lo cual ahorran toda su vida. Los “dotes” pueden ser terrenos, animales, dinero o hasta joyas. Si en algún momento de la vida del matrimonio, la familia del esposo considera que el dote dado no fue suficiente, puede que hasta lleguen a quemarlas vivas alegando un suicidio. Parece un cuento de brujas y hogueras del siglo XIII, como si un pedazo de la sociedad se hubiera detenido en el tiempo.
En 2012 una protesta muy grande se hizo escuchar y llamó la atención del mundo. Jyoti Singh, una estudiante de medicina de 23 años falleció a causa de las heridas sufridas durante una violación por seis hombres que la atacaron en un colectivo cuando volvía con un amigo a su casa después de la facultad. Del interés por el caso, se filmó el documental “India s Daughter” en el cual la directora inglesa Leslee Uswin, presenta la historia y entrevista a la familia de Jyoti, a los violadores y a los policías a cargo del caso. En uno de los intercambios, un condenado por el asesinato sin que le tiemble el pulso le dice a la entrevistadora que la culpa de todo fue de la joven, que andaba sola de noche con un hombre que no era su esposo. Por eso había que darle una lección y que ella no se tendría que haber resistido.
Aterrador.
Lejísimos de justificarlos, la directora confiesa que siente mucha pena, no por ellos, sino por ese mundo que los educa así, ese programa que aprenden de chicos y les permite hacer lo que hacen.
Es cultural, es cultural” dicen por acá, pero no me convencen ni un poco. Me es imposible siquiera empezar a entender cómo hay mujeres viviendo así. Este tipo de cosas y otras cuantas más pasan hoy y seguramente más de la mitad del mundo no tenga idea. Yo por ejemplo no lo sabía, como tampoco nunca había visto una mujer cubierta por un burka negro que solo se le veían los ojos por agujeritos en Malasia, o cómo en Indonesia una amiga me contaba que no podía salir sola de su casa sin un hombre después del atardecer.
¿Cómo el azar de una coordenada geográfica puede definir la libertad o no de una persona?
India está frente a una tarea odiseica de intentar romper con costumbres arraigadas y avaladas por milenios, especialmente en un país donde la tradicion es sinónimo de orgullo y pertenencia. Muy de a poco, las cosas están mejorando y las nuevas generaciones se están haciendo escuchar. En las grandes ciudades continuamente se organizan protestas y movilizaciones y son cada vez más las campañas de organismos locales e internacionales. Nos están compartiendo sus reflexiones críticas, es momento de cambios.
 “La India puede hacerlo, tenemos que poder hacerlo” las escucho decir, y ellas sí me convencen.

1 Commentario

  1. Avatar
    Esteban
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    Muy bueno e interesante. Me quedé con la misma sensación cuando fui: India es inclasificable desde nuestra cosmovisión.

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