Que rápido nos acostumbramos a esto


Lunes 4 de mayo

Estoy en el ascensor con mi viejo bajando tres bolsas de tierra y un árbol que había en el balcón. Es el día 46 de esta cuarentena y a él, que ya no sabe que hacer, se le dio por ordenar.

Aunque estamos encerrados en un cuadrado de metal, con ramas que se cruzan entre nosotros y unos bichos bolita que se asoman de una bolsa, esto no es lo más raro de la escena.

Los dos tenemos puesto un tapabocas. El mío es un pañuelo rojo que mi vieja nunca usó y el de él es uno blanco comprado en Farmacity, parecido al que usan los médicos. Lo llevamos como si fuera normal, como si toda la vida hubiéramos respirado y hablado a través de esa tela. 

Qué rápido nos acostumbramos a ser parte del elenco de esta película de bajo presupuesto que combina acción zombie con Grey´s Anatomy.

 

Sábado 25 de abril

Ayer me llamó Gucho, un amigo que vive en San Telmo. Me dijo que el sábado pensaba ir a lo de sus viejos a llevarles comida. Como ellos viven a dos cuadras de mi casa, me propuso vernos.

Le dije de ir juntos al Coto que queda sobre Junín. Desde que se decretó el aislamiento obligatorio, se arma una fila que da la vuelta a la manzana. Hasta que entrás al supermercado tenés por lo menos 30 minutos, tiempo suficiente para hablar.

Me dijo que le parecía una estupidez, que quería venir a mi casa.

Siempre que va a lo de sus viejos pasa a visitarme, fumamos uno y nos quedamos tomando birra hasta las tres de la mañana, no importa si es día de semana.

Me sentí un idiota, pero le dije que no.

Puse la excusa de que estoy viviendo con mi papá y no quiero exponerlo.

En realidad soy yo el que tiene miedo.

¿Miedo a qué? No sé.

¿El virus? ¿Qué la policía nos descubra? ¿Qué mis vecinos nos denuncien? ¿Qué me escrachen en el noticiero?

Juntarme con un amigo a hacer lo que siempre hicimos me da miedo.

 

Viernes 27 de marzo

Prendo la tele y veo una publicidad de la AFA que compara al Diego del 86 con todo esto. Te juro que hago un esfuerzo y no logro encontrar la similitud. ¿Maradona son los médicos? ¿El virus son los ingleses? ¿Quién es Grondona?

 

 Miércoles 15 de abril

Me llega un mensaje de Marcos diciendo que quiere coger. Yo también, pero vamos a tener que esperar mucho tiempo, le contesto.

La última vez que nos vimos fue para su cumpleaños, después él se fue de viaje, después me fui yo y después nos agarró la pandemia.

Ni siquiera me gasto en decirle que nos veamos cuando termine todo esto. No intento hacerme el sexy, no tiro comentarios picantes y mucho menos le pido una foto.

No quiero tentarme con algo que en este momento está prohibido. Bah, al menos está imposible para mí.

Marcos vive en Ranelagh y yo en Capital. Debería disfrazarme de médico, truchar un permiso y viajar dos horas en bondi para tener sexo. Por el momento, no es el plan.

 

 Domingo 26 de abril

La última vez que compré porro no pude prever que se venía una cuarentena. Al día 20 se acabó. En una situación normal no fumo tanto, pero la tensión exagerada que exige la pandemia sumado a estar en casa al pedo, no son una buena combinación.

Por suerte, Sebas consiguió el número de un transa que te lleva el porro a domicilio. Aunque te caga con el precio, brinda un servicio espectacular. Le mandás un mensaje de texto diciéndole cuánto querés y en el mismo día llega a tu casa vestido de Rappi.

¡El delivery es un servicio esencial!

¿Para cuándo el aplauso para estos héroes?

 

 Jueves 30 de abril

Si hace dos meses me preguntabas cuál era la tarea del hogar que más odiaba, te hubiera contestado pasear a la perra. Hoy es mi actividad preferida.

Todas las mañanas la llevo a la plaza que está atrás de la Facultad de Medicina. Sé que está mal, los perros solamente deberían salir a mear y a cagar, pero por mi salud mental necesito, aunque sea diez minutos, tocar el pasto.

 

 Lunes 4 de mayo

Mi viejo abre el ascensor con el pulgar y el índice, intenta no tocar de más. Yo llevo las bolsas con la tierra y el árbol.

Para abrir la puerta del edificio con dos dedos no alcanza, asique esta vez usa cuatro.

Caminamos hasta el contenedor negro que está a mitad de cuadra. Mi pañuelo-barbijo se afloja y me deja descubierta la nariz. Como no tengo las manos libres para acomodarlo, mi viejo me lo sube y lo ajusta de las puntas.

De la cuadra de enfrente, una mujer que siempre camina por el barrio con bolsas de Garbarino llenas de ropa nos grita: para que se cuidan tanto si se van a morir igual.

1 Commentario

  1. Avatar
    Emiliano Moncada
    Responder

    Excelente como siempre, acá en el segundo cordón nos tomamos las cosas más light, al principio me agarraba la cabeza y luego agradecí que acá, la idiosincracia por suerte nos permite romper con cada cosa establecida, a veces es buena la lumpeada, o al menos en este caso, yo no les creo ni una palabra a ninguno, es otro virus mata viejos y pobres, que son los que les sobra a estos burgueses, si les importamos tanto, que hacen con el dengue? Tuberculosis leishmaniansis y sarampion? si les damos bola terminamos como los chinos, aplastados.
    Un abrazo y un gusto leerte

Dejar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *