Porque pese a todo, el mundo es hermoso


Por Clementina

En los años sesenta, Estados Unidos (y el mundo) transitaba una traumática etapa de su historia: la absurda realización de la guerra en Vietnam, el asesinato de Kennedy y una venenosa guerra racial, se perfilaban para postularse como las bases de la fraternidad humanas. 

Entonces, aparecieron como brotes verdes luego de un incendio, Bob Thiele, George Weiss y Louis Armstrong, para recordar mediante una simple canción que podíamos elegir otra cosa. Un Mundo Maravilloso fue creada como una oda a la vida; con evidentes tintes optimistas, recuerda en medio de un mundo caótico y crudo, la hermosura de las cosas básicas, tan básicas, que el tema no fue aceptado por el presidente de ABC Records, Larry Newton. ¿Vamos a hablar de amistad, naturaleza y lo sagrado que es cada día? ¡Pavadas!

Pero Armstrong estaba convencido, y no hay nada más difícil que detener una convicción verdadera. Escondido en un estudio en Las Vegas, acompañado por Thiele, Louis inmortalizaba frente a un micrófono lo que más adelante se convertiría en un himno: la canción Un Mundo Maravilloso (What a Wonderful World). Al enterarse, Newton intentó frenar la grabación, pero se cuenta que Thiele cerró la puerta con llave, dejándolo fuera del estudio. Fue entonces que a modo de venganza, el presidente de la ABC evitó a toda costa promocionar la canción, defendiendo, de alguna manera, la idea de que el mundo era un lugar gris, triste y sin sentido. Quizás Newton no entendía que lo que realmente vale la pena, tarde o temprano cobra su lugar: el tema fue número 1 en el Reino Unido, un gran éxito en toda Europa y la canción más vendida en la carrera del trompetista que ya había cumplido los 66 años de vida y los 44 en la industria musical. En el año 2014, además, ganó el premio “Towering Song Award”, una mención otorgada a aquellos temas que contribuyen a cambiar la consciencia de la sociedad.

Hace cinco meses nació mi primer sobrino. Es, como lo son casi todos los bebés, extremadamente curioso: naturalmente amante de la vida, él, Felipe, investiga, mira, toca, se asombra, sonríe, ríe, observa. Mi hermana, su madre, menciona el hecho de que Felipe puede estar horas en su sillita simplemente mirando todo a su alrededor. Él todavía no ha conceptualizado el mundo: no lo ha nombrado, no ha dicho “esto es difícil”, “esto es muy complejo”, “esto no vale la pena”; no hay aún juicios, rigideces ni obstrucciones en su mirar; hay simplemente el asombro de apreciar lo simple. Y es de esto mismo que habla Un Mundo Maravilloso: las flores, el cielo, los arcoiris y las personas que se saludan entre sí. 

Quizás se trate de recuperar esa mirada que tienen aquellos que recién llegan al planeta, recordar que depende de nosotros que se trate de un lugar hermoso. El mundo, de por sí, ya lo es.

En 1970, un año antes de su muerte, Armstrong re-grabó la canción, incluyendo, como para dejar aún más claro el mensaje, una introducción hablada que dice lo siguiente:

Algunos de ustedes jóvenes me vienen diciendo: 

“ey, viejo, ¿qué querés decir con qué mundo maravilloso?,

¿qué hay de todas las guerras por todos lados?, ¿te parecen maravillosas?

¿y qué del hambre y la polución? Eso no es muy maravilloso tampoco.”

Bueno, qué tal si escuchamos al viejo un momento. Me parece a mi, que no es el mundo el que es tan malo, sino lo que nosotros le estamos haciendo a él. Lo único que estoy diciendo es, qué mundo maravilloso podría ser si solamente le diéramos la oportunidad. Amor, amor. Ese es el secreto. Si nos amaramos más entre nosotros, resolveríamos muchos problemas. Y entonces este mundo sería increíble.

Creo que esta introducción habla más que las palabras que yo pueda agregar: se trata simplemente de elegir y recordar nuestro rol, de tenerlo presente, y de saber que, pese a todo, el mundo es maravilloso.

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