Por qué no te vas de Argentina


“¿Te vas a quedar a vivir en Argentina?”, me preguntó la señora que estaba sentada al lado mío en el bondi.

La miré extrañado, dudando si la pregunta era para mí. Ni siquiera habíamos cruzado miradas en los 10 minutos que compartimos viaje y su forma de empezar una conversación me pareció un poco rara.

No llegué a responderle cuando me hizo una nueva pregunta:

 “¿Qué estudias?”

“No estudio, trabajo”.

“Me da lástima ver a chicos jóvenes como vos perder tiempo con carreras en este país. Mis tres hijos viven en Canadá y yo no aguanto más para irme”.

En mi cerebro ensayé ochenta respuestas posibles, pero solo atiné a hacer una mueca parecida a un esbozo de sonrisa. Fue la mejor forma que encontré para terminar una conversación que no tenía ganas de volver a tener. Y digo volver, porque en el último tiempo varios familiares también me preguntaron ¿Por qué no te vas?

No sé si hay una única respuesta a esa pregunta. Es verdad que Argentina es un país que muchas veces cansa y otras tantas agota. Desde que nací escucho a los mismos problemas repetirse como un loop o un día de la marmota eterno. Sé que hay varios países en los que podría tener mayores seguridades, estabilidad, certezas y hasta mejores ingresos. Pero aún sabiendo esto elijo quedarme.

Es muy fácil decir “andate”, pero es muy difícil irse. El desarraigo tiene un costo que no todos quieren afrontar. Y yo, creo que soy uno de esos.

Soy capaz de soportar que mi sueldo se devalúe mes a mes, que mis ahorros no sirvan para nada o que el sueño de dejar de alquilar sea solo eso. No lo hago por un sentimiento patriótico o porque soy masoquista, lo hago porque es el único lugar al que puedo llamar casa. 

Ojo, no soy un resignado. Creo que nuestros problemas cíclicos tienen que cambiar y que ninguna sociedad es viable con ellos, pero en el mientras tanto sigo pensando que nada puede ser mejor que volver abrazado borracho con mis hermanos después de un recital. 

“Eso es relativo, cuando estés en otro país te hacés amigos fácil, vos hablás con todo el mundo”, me dijeron hace poco.

Hay personas para las cuáles no existe una respuesta válida, pareciera que quieren empujarte a tomar una decisión que ellos no se animaron a tomar. Por qué tengo que dar tanta explicación sobre querer quedarme en un lugar dónde están mi familia y mis amigos, dónde construí una vida y una identidad que quiero mantener. Un lugar que con comodidad me animo a llamar casa. 

Tengo varios amigos, amigas y familiares que tomaron la decisión de irse les fue muy bien. Se enamoraron, consiguieron trabajos increíbles, descubrieron nuevas vocaciones y conocieron lugares soñados. Pero porque ellos lo hayan hecho no quiere decir que lo tenga que hacer yo.

Por eso, esta no es una crítica al que se va. La gran mayoría lo hace porque persigue un sueño o porque realmente su situación en su país de origen no da para más. Cómo se podría juzgar eso.

Esto es una crítica al que no deja vivir en paz. Ya sé que existe la posibilidad de irme, gracias por contármelo, pero si elijo seguir no es porque sea un idiota es porque acá soy feliz. ¿Podría estar mejor? Sin dudas. Pero tampoco estoy tan mal.  

1 Comment

  1. Juana
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    Gracias por esta nota. Yo estoy afuera hace 3 meses y extraño muchísimo Argentina. Qué lástima que la gente romántice tanto el irse afuera, tenemos cosas malas en el país pero también muchas buenas, cosas que no se viven en otro país. Argentina es un país hermoso.

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