¿Por qué el país se incendia?


“Nuestra casa está en llamas

Greta Thunberg

Seguro que en los últimos días vistes imágenes de campos en llamas, casas incendiadas y animales escapando hacia alguna fuente de agua. Probablemente seas parte de la gran mayoría a la que estas escenas le generó preocupación. Y quizás, seas como yo que, aunque esto te indigna no sabés bien que hacer. 

Más de 200 mil hectáreas del territorio argentino están bajo fuego y sin freno. Aunque los focos más grandes están en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, también se registraron incendios en Buenos Aires, Catamarca, Formosa, Chaco, Corrientes, Salta, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero.

En Córdoba hablan del peor incendio registrado desde 2013 y en el Delta del Paraná (Santa Fe y Entre Ríos) registran la mayor cantidad de focos de los últimos nueve años: 18 mil en lo que va del 2020. 

¿Por qué Argentina se incendia?

Aunque no hay una única causa, el 90% de los incendios tienen un origen común: el ser humano. 

Para hacer esta nota hablé con varios especialistas en economía, medio ambiente y sustentabilidad. Todos coincidieron en lo mismo, lo que está pasando en Argentina, y en otros lugares de América Latina, es producto de la combinación de dos terribles factores: el cambio climático y los negocios inescrupulosos.

Una vez más, la codicia le está ganando al sentido común. 

Primer factor: el cambio climático

Argentina está padeciendo algunos de los peores efectos del cambio climático. En el Delta del Paraná, por ejemplo, se registró la peor sequía en 10 años y una bajante del río nunca vista en 60 años. Por su parte, en Córdoba hace 3 meses que no llueve. Estas condiciones hicieron que las plantas de esos lugares se sequen por completo y los terrenos se vuelvan altamente combustibles.

Una mínima chispita en lugares como estos puede desatar incendios incontrolables como los que estamos viendo.

Pero, una chispita no aparece por arte de magia, alguien la tiene que generar. 

En algunos portales leí declaraciones de “especialistas” que, entre las causas de los incendios, hablaban de rayos, brasas sin apagar de un asado o colillas de cigarrillo.

¿Cuántos rayos tienen que caer para quemar 100 mil hectáreas? ¿Cuántos puchos hay que tirar para producir este desastre?

Para que te des una idea: 200 mil hectáreas es el equivalente a diez veces la Capital Federal o más de 560 mil canchas de River.

Segundo factor: los intereses económicos

La gran mayoría de los incendios que estamos viendo son intencionales. 

Marcelo Corti, Director Ejecutivo del Centro de Desarrollo Sustentable en Económicas de la UBA, lo dice claro: “detrás de los incendios hay intereses económicos. Los productores interesados en esas tierras las queman para limpiarlas y dejarlas aptas para fines productivos como la siembra, la ganadería o los desarrollos inmobiliarios”. 

No es el primer año en que se registran incendios. “Limpirar” tierras a través del fuego es una costumbre vieja, el problema es que esta vez está fuera de control. 

Para Eyal Weintraub, fundador de Jóvenes por el clima, la extensión de la frontera agroindustrial (nuevas tierras para cultivos y ganados) hay que enmarcarla en el contexto que vive nuestro país. “En Argentina se está buscando favorecer a los sectores agroindustriales porque se cree que van a poder traer las divisas que se necesitan para enfrentar la crisis económica que estamos viviendo.”

En ese sentido, Juan Esteche, coordinador de la Alianza por el clima, sostiene que “muchas de estas acciones se hacen en complicidad con las autoridades gubernamentales de turno que les otorgan esos permisos violando el derecho a la vida humana y de los ecosistemas.”

El avance sobre las tierras tiene un impacto directo sobre la biodiversidad de esos lugares. Algunos animales mueren incinerados y los que logran huir terminan en espacios reducidos compitiendo entre ellos por los mismos recursos. Otros, directamente corren peligro de extinguirse como el ciervo de los pantanos del Delta que está viendo como su hábitat natural desaparece. 

Puede ser que a muchos no les importe la suerte de un ciervo que ni saben que existe. Pero los animales y las plantas no son los únicos afectados.

Según estudios de la Universidad Nacional de Rosario, la ciudad santafesina soportó durante varios días niveles de contaminación en el aire hasta cinco veces por encima de lo permitido. Lo mismo pasó en San Nicolás y San Lorenzo.

Si, en medio de una pandemia que afecta el sistema respiratorio, muchas personas tuvieron que respirar aire sumamente contaminado.

Además del humo, el fuego empezó a llegar a campos y chacras de pequeños productores a los que se les quemó su casa y la totalidad de su producción. En Córdoba hubo más de 170 personas evacuadas hasta el momento. 

Para combatir estos incendios el Estado destina fortunas. Solo en el Delta ya lleva gastados $17 millones por día. Esta zona es clave, no solo para el país sino para el planeta, ya que provee de oxígeno y agua potable a millones de personas y ayuda a mitigar los efectos del cambio climático.

Las imágenes apocalípticas desataron varias quejas y reclamos en todo el país. Seguro que escuchaste hablar de la Ley de humedales, un reclamo que gracias a la presión social volvió a estar agenda. Esta ley busca darle una protección legal a zonas como el Delta al reconocerlas como ecosistemas y al delimitar las actividades que se pueden realizar ahí. 

¿La solución es una ley?

“Una ley de humedales por sí sola no podría frenar esto. Debería venir acompañada de presión social y concientización para asegurarnos que se reglamente y se cumpla” asegura Eyal Weintraub.

“En Córdoba se están quemando bosques y tenemos ley de bosques hace muchísimos años, pero está desfinanciada. Necesitamos que además de sancionar leyes, el Poder Ejecutivo financie y proteja este tipo de superficies y destine recursos para que los incendios no sucedan. Por otro lado, el Poder Judicial tiene  que sancionar a los que incumplen. Los tres poderes son fundamentales para solucionar esto” sostiene Marcelo Corti.  

Los detractores de estas leyes argumentan que sus consecuencias son negativas ya que frenan inversiones que generan fuentes de trabajo. Me acuerdo que hace poco un amigo me dijo que entre un oso polar y una fábrica elegía la fábrica.

¿Hay que llegar a ese extremo?

“Se quiere instalar una falsa dicotomía entre ambiente y desarrollo. Pero, sin perspectiva ambiental no hay desarrollo. No solo le estamos robando recursos a las generaciones futuras, sino también a las presentes. Las lógicas que destruyen el ambiente son las que concentran riqueza y fomentan la pobreza. Al incorporar la perspectiva ambiental también se incorpora la justicia social”, dice Eyal.

En esto coincide Juan Cabandié, ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que cree que es necesario “cambiar los métodos productivos. No se puede hacer de la noche a la mañana porque muchas personas dependen de ellos, pero tienen que introducirse en el marco de la sostenibilidad. Si no lo hacemos así no hay plan B”.  

Esteche agrega que no solo hay que pensar el modelo agroindustrial. “Nuestro país tiene enormes ventajas para el desarrollo de energías renovables pero el foco sigue puesto en Vaca Muerta, cuando sabemos que es una fuente agotable y muy contaminante, de la cual tampoco se obtienen beneficios para los trabajadores de ahí o para una cartera verde, sino que va directo al exterior.”

“Explotar los recursos naturales tiene que ser equilibradamente beneficioso. Hoy se socializan los costos de contaminar o masacrar recursos mientras que se individualizan las ganancias. Si un productor tuviese que pagar por contaminar lo pensaría dos veces. Por eso, hay que cambiar la matriz de producción y dejar de premiar este comportamiento. Es un momento para enfocarse en las causas que provocan estos suicidios ecológicos”, concluye Corti.

¿Y mientras tanto?

Haber hablado con estas personas me generó una doble sensación: satisfacción por saber que hay gente capacitada y dedicada a estos temas; y angustia por sentirme un piojo ante un problema de esta dimensión.

Capaz que a vos te pasa algo similar, pero no podemos relajarnos pensando que esto lo soluciona otro o que no tenemos la capacidad para generar un cambio real. 

Hay cosas que todos podemos hacer. La primera es informarse. Mientras más consciente seas de los problemas, más fácil es detectar las soluciones. 

La segunda es reclamarle a las autoridades para que integren la agenda ecológica a sus políticas. Hoy en día con las redes sociales es muy fácil generar presión. 

La tercera es identificar comportamientos propios que tienen un impacto negativo y cambiarlos. Algunos te van a llevar poco tiempo y otros te van a costar más, pero se pueden lograr.

Si entre todos no hacemos algo, tarde o temprano el fuego nos va a llegar.

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