¿Por qué Buenos Aires se llama Buenos Aires?


Por Matías Blanco

Al habitante promedio de las grandes ciudades, mucha información le es presentada frente a sus ojos todos los días. Cosas básicas, que son banalizadas la mayoría de las veces por el carácter dinámico y ágil de las grandes urbes. A esta información se la pasa por alto, tal vez, porque como escribió Fito Paéz “siempre se hace tarde en la ciudad” y nunca hay tiempo para detenerse a pensar. Pero ¿será que alguna vez alguien se tomó la molestia de averiguar quién será ese que le da nombre a una calle, a una plaza o a un club?

Este espacio se propone revelar estas cuestiones. Traer a la luz esos nombres y fechas para entender cómo y por qué están allí puestos. Trataremos temas relacionados a la historia en general, esa que a todos nos suena un poco, pero lo interesante será descubrir que muchos no estamos familiarizados con la mayoría de esos nombres que hoy nos nombran y, al nombrarnos, nos definen de alguna manera.

Nací y fui criado en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Belgrano, muy cerca de las Barrancas. Naturalmente me pregunté más de una vez por el nombre de mi barrio y del resto que componen a esta ciudad, pero claro, antes de llegar a ese razonamiento pasé -parada obligada- por indagar por qué se llama Buenos Aires. Al menos en mi caso tardé un buen tiempo en averiguarlo. ¿Cómo es que siendo porteño uno no conoce el motivo que llevó a darle ese nombre a su ciudad natal? Cuando uno es turista, ya sea en otro país o provincia, siente curiosidad por conocer estos datos pero muchas veces se hace caso omiso de lo que está frente a nuestros ojos, a lo propio, lo que está al alcance de la mano.

Los primeros habitantes de la zona en donde hoy se encuentra la Ciudad de Buenos Aires fueron los originarios, claro está. Entre ellos los Querandíes y los Tehuelches pero no hay un registro claro de cómo denominaban a la región.

Haciendo un rápido flashback podremos recordar que en la escuela nos enseñaron que Buenos Aires tuvo dos fundaciones, la primera por Pedro de Mendoza, en 1536. Allí se fundó el asentamiento conocido bajo el nombre de Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire, en el mes de febrero. El nombre proviene de la Virgen del Buenaire, castellanización de la italiana Virgen del Bonaire, que era la patrona de los navegantes españoles e italianos. Cuenta la leyenda (sí, siempre hay leyendas en este tipo de cuestiones) que a unos marinos provenientes de Cerdeña lo único que les quedó luego de un naufragio fue una caja que contenía la imagen de esta Virgen, de allí que entre los marineros -entre los cuales estaba Pedro de Mendoza-  se le empezó a rendir culto. No por nada hoy en día en la Plaza Cerdeña, frente a la Dirección Nacional de Migraciones, hay una estatua de la Virgen del Buen Aire.

Pero en realidad, el nombre de la ciudad tiene su germen 24 años después de la llegada de Don Pedro, cuando Juan de Garay desembarcó en donde antes se había alzado el asentamiento, que para ese entonces ya no existía. Es lo que en la escuela enseñan como la “segunda fundación”. En realidad, no hubo nunca una primera porque lo que se fundó dos décadas antes fue un asentamiento, no una ciudad. No había allí ni plazas ni planificación de calles ni edificios.  Según cuenta la versión oficial, los navegantes españoles llegaron el 11 de junio de 1580, día de la festividad cristiana de la Santísima Trinidad. Eso fue lo que llevó a darle el nombre de Ciudad de La Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Ayres. Por razones que van más allá de la historia, y de la lógica, se terminó adoptando el nombre de Buenos Aires. La ciudad fue federalizada en 1880 y en la reforma constitucional de 1994 se la convirtió en Ciudad Autónoma.

Así que, lector porteño, sepa que el nombre de su ciudad tiene un origen que está íntegramente ligado al culto cristiano y lleva consigo más de 430 años de antigüedad, casi nada, ¿no?

 

 

 

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