Paren de matarnos


Por Noelia Sánchez

No me importa como sean sus nombres. Ya no quiero saber si se llaman Camila, Guadalupe o Úrsula. Ya no quiero ver a sus hermanas, (mis hermanas), contando el raid psicológico y violento de la víctima, antes de terminar agredida, muerta, acuchillada o prendida fuego.

No quiero verle la cara al fiscal de turno, enumerando con voz fría la cantidad de denuncias que realizó la víctima, ni esgrimiendo escusas de por qué no funcionó el botón antipánico o bajo que circunstancias se violó la perimetral.

No quiero escuchar los audios enviados por ellas, minutos antes de su trágico final a sus amigas, (mis amigas), adivinando el miedo que dejaba entrever su voz temblante y entrecortada; ni mucho menos el terror que nos imprimen con solo oírlos.

Me da lo mismo saber si era estudiante ejemplar, prostituta, empleada de un call center o una actriz de reparto.

No quiero ya saber lo que hace años sabemos: que también son víctimas de la inacción, la inoperancia y la burocracia o que directamente y sin preámbulos, la mató la policía (la policía y sus carencias, la justicia y su falta de recursos, o lo que es aún peor: de empatía).

No deseo más ver sus caras de nenas jóvenes, de madres que dejarán a sus niños huérfanos, de “señoras bien” que no se animaron a denunciar al poder.

No quiero oír el discurso cínico de ningún presidente declamar que con ellos “se acabó el patriarcado” (ja!)

No quiero más marchas. Ya son suficientes las flores. Ya son demasiadas las cruces…

Quiero ver bien grande y en pancartas, en cadena nacional, en la tapa de todos los diarios, las caras de los asesinos, de los violadores y del sistema político-judicial que los encubre.

Quiero justicia y quiero, sobre todo quiero, QUE PAREN DE MATARNOS.

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