Orgullosos de estos héroes


Hoy en todo el mundo se celebra el Día del orgullo. Para la comunidad LGBT el 28 de junio es una especie de 25 de mayo,un día patrio sin patria pero con banderas, desfiles, arcoiris y muchas muestras de amor.

Ese día, en 1969, un grupo de gays, lesbianas y travestis se reveló por primera vez contra los abusos policiales en Nueva York y dio inicio a los movimientos de liberación en Estados Unidos. Rápidamente, estos acontecimientos tuvieron repercusiones en otras ciudades y países. 

Como las opresiones a la comunidad LGBT eran (o son) de carácter mundial, este hito se lo toma como un símbolo que no distingue fronteras. Sin embargo, cada país tiene su propia historia y sus propios protagonistas.

Argentina y América Latina tienen una infinidad de personas que en épocas muy oscuras se animaron a vivir su vida sin prejuicios y a combatir sociedades que perseguían al que era un poco distinto.

A diferencia de lo que pasó en Estados Unidos, nuestros héroes no tienen reconocimiento global. Por eso, en Wacho queremos aprovechar este día para homenajear a algunos de ellos.

Gracias a su valentía, hoy vivimos en un mundo mucho más libre. 

 

Carlos Jáuregui 

“En el origen de nuestras luchas, está el deseo de todas las libertades”

Con solo 27 años y en un país que recién conocía la democracia, Carlos Jáuregui fundó en 1984 la Comunidad Homosexual Argentina, asociación que presidió hasta 1987. Él sostenía que mientras persistiera la discriminación y la represión a las minorías la democracia no era plena. Por eso, decidió dejar su carrera como profesor de historia y se dedicó por completo a militar por los derechos de las personas LGBT. 

Junto a su pareja, fue el primer gay en asumir su orientación sexual en un medio masivo de comunicación. Aunque hoy parezca una boludez, en ese momento fue un acto revolucionario.

En 1988 quedó viudo y por no estar casado, algo que estaba prohibido para las parejas homosexuales, no pudo heredar la casa donde vivía.. Esto lo motivó a impulsar el primer proyecto para legalizar la unión civil de personas del mismo sexo en la Ciudad de Buenos Aires. 

En 1991, fundó la asociación Gays por los Derechos Civiles y en 1992, cuando la identidad sexual seguía siendo un gran tabú, encabezó la primera marcha del Orgullo Gay. Hoy esta marcha es un clásico, pero en ese momento fue hiper rupturista. Eran alrededor de 300 personas, la mayoría usaba máscaras por miedo a que los reconozcan y perdieran su trabajo. Se habían reunido en la Plaza de Mayo y marcharon hasta el Congreso. Aunque había colores, baile y un clima festivo, el objetivo era decirle al Poder Ejecutivo: existimos, y al Legislativo: necesitamos leyes que nos protejan. 

En 1994, el cardenal y arzobispo de Buenos Aires Antonio Quarracino (que en ese momento era un tipo con mucho poder e influencia) dijo que los homosexuales deberían ser “encerrados en un ghetto” y que “son una sucia mancha en el rostro de la Nación”. Jáuregui se animó a presentar una querella, pero no tuvo éxito ya que la orientación sexual no estaba incluida en la ley anti-discriminatoria. 

Una vez más, los palos le sirvieron como motor. Buscó incluir la prohibición de la discriminación por orientación sexual en la nueva Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. 

En 1996, después de años de batallar contra el sida, falleció. Aunque no pudo ver muchos de sus objetivos realizados, otros valientes siguieron su lucha. Días después de su muerte y por unanimidad, la Legislatura de Buenos Aires convirtió a la ciudad en la primera de Latinoamérica en condenar la discriminación por motivos de orientación sexual y en 2003 en la primera en autorizar las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Hoy, una estación de subte de la Línea H en Buenos Aires lleva su nombre. Pequeño homenaje para un gran héroe.

 

Lohana Berkins

“En un mundo de gusanos capitalistas, hay que tener mucho coraje para ser una mariposa”

Si ser gay es duro, ser travesti ni te cuento. 

Lohana vivió en su ciudad natal, Pocitos en Salta, hasta que a los 13 se años su papá la echó de su casa por no ser lo suficientemente varón. En plena dictadura militar llegó a Buenos Aires donde tuvo que dedicarse a la prostitución, única posibilidad para una travesti. 

Por su condición de travesti, sufrió decenas de edictos policiales. En ese momento en el país los códigos de falta condenaban con prisión a las personas que se vistieran con ropa del sexo opuesto.  

Junto a Carlos Jauregui.

Consciente de que la única forma de ponerle freno a los abusos era a través de la lucha organizada, en 1994, fundó la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT). Este espacio de construcción política, fue saboteado desde el Estado que, a través de la Inspección General de Justicia, se negaba a registrarlo por considerar que su objeto era “contrario al bien común”.  

En 1998, Lohana hace historia, se convierte en la primera travesti en tener un empleo estatal. Empezó a asesorar al legislador porteño Patricio Echegaray, a quién conoció a través de la militancia.

En el año 2002, volvió a marcar un precedente. Quiso anotarse con su nombre de mujer en la Escuela Normal N° 3 para estudiar la carrera de maestra, pero las autoridades se lo prohibieron. Frente a esto, presentó una denuncia en la Defensoría del Pueblo porteña, que en un fallo pionero obligó a que las autoridades de la escuela aceptaran su identidad. Esto impulsó dos nuevos decretos para que este derecho se extendiera a todos los estudiantes y pacientes de los sistemas educativo y de salud de la Ciudad.

En 2010 conformó el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género, que impulsó la sanción a nivel nacional de una ley que garantice la adecuación de todos los documentos personales a la identidad de género vivida y al nombre elegido por las personas además del acceso a tratamientos médicos de quienes soliciten intervenciones sobre su cuerpo. 

Dos años después, la ley fue aprobada por el Congreso argentino, convirtiéndose en la más avanzada del mundo. 

En 2016 falleció y como homenaje sus restos fueron velados en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. 

Además de su lucha, dejó dos legados que son imprescindibles para entender el padecimiento de las personas trans: el libro Cumbia, copeteo y lágrimas y la Cooperativa Textil Nadia Echazú, que capacita y emplea a mujeres trans para ayudarlas a salir de la prostitución.

 

Néstor Perlongher

“Me llaman el padre (del movimiento gay) cuando todos saben que soy la tía”

Hablando de valientes y referentes, es imposible no incluir el nombre de Néstor Perlongher. Como estudiante de Letras y Sociología en la década del 60, incursionó en política dentro del Partido Obrero hasta que fue expulsado por ser homosexual.

En 1971, durante el gobierno dictatorial de Lanusse, empezó a militar en el Frente de Liberación Homosexual, la primera asociación por los derechos de los homosexuales de Latinoamérica. Por su experiencia política, rápidamente se convirtió en uno de sus principales referentes, promoviendo que el Frente se manifestara de forma activa en la sociedad.

A instancias de Perlongher, sus miembros salían a la calle a repartir volantes y pegar carteles visibilizando su lucha. También, crearon Somos, la primera revista gay de América Latina. Ahí, publicaba artículos que daban cuenta de la opresión que no solo vivían los gays sino también las mujeres. Era un militante de la libertad sexual y social. 

Hoy en día, capaz que esto te parece una boludez, pero acordate que estamos hablando de la década del 70 y que el país vivía bajo un régimen militar y además no existían las redes sociales ni Internet. 

En enero de 1976, a dos meses del Golpe de Estado, lo detuvieron, lo enjuiciaron y lo procesaron penalmente. Ya con Videla en el gobierno, el FLH se disolvió, sus militantes pasaron a la clandestinidad y Perlongher se exilió en Brasil.

Desde ahí, mantuvo su carrera como escritor sin nunca descuidar su activismo. Sus textos, de denuncia política, siempre reivindicaban al marica como la verdadera respuesta contracultural al machismo reinante. Por eso, se ganó el apodo de “arengador anarco queer”.

Falleció en 1992, pero dejó una gran obra literaria que todavía sigue siendo revolucionaria.

 

Ilse Fuskova

“Tenemos que ser visibles para ser libres e iguales”

Si hoy te la cruzás por la calle, podés llegar a pensar que es una viejita indefensa. Pero detrás de sus canas y sus 91 años, hay una persona que tiene demasiado coraje.

Quizás siempre sea recordada por ser la primera mujer en declararse lesbiana frente a las cámaras de la televisión. Fue en 1991 durante un almuerzo con Mirtha Legrand. Sin embargo, fue mucho más que eso.

En los 80 ya había empezado su militancia dentro del feminismo. Fue en un congreso en Brasil donde conoció a mujeres que se asumían sin vergüenza como lesbianas. Eso le abrió la cabeza y a su vuelta en Argentina empezó a militar por los derechos homosexuales.

En 1987, junto a Adriana Carrasco, editó los Cuadernos de Existencia Lesbiana, la primera publicación lésbica argentina con carácter feminista. El primer número salió el 8 de marzo, día de la mujer, y fue distribuido durante un acto público frente al Congreso. Fue la primera vez que un grupo de lesbianas se manifestaba tan visiblemente. 

En 1992, junto a Carlos Jáuregui, promovió la primera marcha del orgullo en Buenos Aires y en el 94 publicó junto a su pareja el libro “Amor de mujeres. El lesbianismo en la Argentina, hoy”. 

Como fotógrafa participó de varias exposiciones alrededor del mundo. Una de las más famosas fue Mitómanas II que mostraba en cinco fotografías a una pareja de lesbianas pintando su cuerpo con sangre menstrual. Aunque iba a exhibirse en el Centro Cultural Recoleta, por las presiones conservadoras nunca vio la luz.

En el 2015, por su valentía y trayectoría, fue declarada Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Todavía sigue siendo una activa militante.

Delfina Martínez

“Somos seres humanos igual que el resto”

Del otro lado del Río de la Plata y más cercana en el tiempo, está la lucha de la uruguaya Delfina Martínez. 

A los 21 años, después de asumirse como mujer trans y al no conseguir trabajo formal en su país, se mudó a Buenos Aires donde se dedicó a la prostitución. En ese momento creyó que era lo único que podía hacer siendo travesti. 

Todo cambió cuando en un festival de cine conoció el activismo trans y a sus principales referentes: Lohana Berkins, Diana Sacayán y Naty Menstrual. Luego de este descubrimiento volvió a su país decidida a terminar el colegio y a conseguir un trabajo por fuera de la prostitución. Para eso, sabía que era imprescindible generar un cambio en la mentalidad de su país.

Se unió a la agrupación Unión Trans y empezó una militancia activa para lograr que se sancionara la Ley Integral Trans, que fue aprobada en octubre del 2018.

También, milita en colectivos de mujeres afrodescendientes donde busca concientizar sobre los problemas raciales que existen en su país. 

 

Pedro Lemebel

“Mi hombría es aceptarme diferente”

Desde la literatura y el arte, Pedro Lemebel se animó a cuestionar los valores de la sociedad chilena en momentos de mucha represión. Con genialidad, incomodó a la cultura, la política y la academia y los obligó a cuestionarse prácticamente todo.

Nacido en un barrio humilde de Santiago de Chile, desde chico vivió el rechazo por sus formas amaneradas y su interés por el arte. En los 70s se graduó como profesor de artes plásticas y a principio de los 80 empezó a trabajar en dos colegios de los que fue expulsado por su orientación sexual.

Empezó a militar en grupos de izquierda, pero también fue expulsado por los prejuicios que también existían en esos ámbitos.

En 1987 forma, junto a Francisco Casas, las Yeguas del Apocalipsis que se caracterizó por interrumpir presentaciones culturales y políticas. Su primer irrupción fue en la Feria del Libro de Santiago donde aparecieron vestidos como la esposa de Pinochet y repartieron información sobre el sida. Dos años después hicieron la muestra fotográfica Lo que el sida se llevó en la que personificaban a estrellas de Hollywood con la ropa de travestis muertas por esa enfermedad. 

También en 1989, se colaron en un acto entre intelectuales y el futuro presidente Patricio Aylwin vestidos con tacos y plumas y carteles que decían “Homosexuales por el cambio”. 

En 1995, publicó su primer libro “La esquina es mi corazón” que recopilaba varios textos sobre la homosexualidad, la prostitución y la pobreza. Al año siguiente publica “Loco afán: crónicas del sidario”, novela con la que adquiere proyección internacional y en 2001 “Tengo miedo torero” que se mantuvo en la lista de best sellers de su país por años. 

En 2015, tras luchar contra un cáncer de laringe, falleció. Es considerado uno de los mayores exponentes de la literatura chilena y sin dudas uno de los artistas que mejor supo combinar todas las artes con la denuncia social. En todo el continente le debemos mucho por su valentía.

 

João W. Nery

“Todos nacemos operados”

Según sus palabras, no tuvo una infancia feliz. No entendía porque siempre lo trataban como una mujer y porque no lo alentaban a dedicarse a tareas típicamente masculinas. 

En 1975, a sus 25 años, descubrió en una librería de París un número de la revista Sexualité en el que hablaba sobre intervenciones quirúrgicas a personas transgénero. Como una especie de epifanía, ahí se dio cuenta que su cuerpo se podía adaptar a su identidad.

Devuelta en su país, Brasil, empieza a consultar médicos pero todos le dicen que no pueden operarlos porque la dictadura de ese entonces lo prohibía. De forma clandestina, consigue que un médico en San Pablo lo opere. Así, se convirtió en el primer hombre transexual de su país en someterse a una operación de reasignación de sexo. Tenía 27 años.

João buscó que su experiencia pudiera servir para que otras personas que pasaban por situaciones similares logren acceder a tratamientos legales. Se convirtió en un fuerte defensor de los derechos LGBT. Su historia la volcó en el libro del 2011 Viaje solitario: recuerdos de un transexual 30 años después.

En 2018 , recibió el título de Doctor “Honoris Causa” por su desempeño y militancia, de la Universidad Federal de Mato Grosso, convirtiéndose así en el primer hombre trans en recibir dicho título en todo el mundo. Falleció unos meses después a los 68 años. 

Un proyecto de ley en su país lleva su nombre. El mismo se inspira en la ley argentina para reconocerles a las personas trans su identidad. 

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