No hay mirada que me silencie tanto como la tuya


Por Macarena Marañon

No hay mirada que me silencie tanto como la tuya. Como la propia. No, no es propia, sos parte de mi, pero no sos yo, ni yo soy vos. En el reflejo encuentro ojos marrones mirándome, juzgándome, callándome. Si tuviera que elegir un color para describirte no podría, sos la ausencia de todo. Sos la marea nocturna que te arrastra y te ahoga. La inmensidad del espacio que te sofoca con tan solo pensarla. 

De chica pensaba que crecer era dejar de creer en monstruos, de grande aprendí que significaba convivir con ellos. Los vampiros dejaron sus capas en el castillo, y las sustituyeron por las capas de la corte, por los abrigos de piel y los uniformes. Transformar la diversidad en la norma sustituyó la sangre que tanto añoraban. Y como resultado, luego de años de succión, llegas vos.

Cada intento para salir de la caja, para escapar, te trae a la superficie. “¿Llamo usted?” dirías en las sátiras entre humo y risas, una burda imitación de lo real. Sos la mirada del otro metida tan profundo en mi como un parasito, insaciable e incesante, codependiente y mutilante.  Como buen Cerbero me llevas de regreso a mi caja de complacencia y me metes en el molde que tan poco costó construir. 

No lo hagas. Ni lo pienses. Si te lo pones van a decir que lo buscaste. No intentes ser graciosa. No destaques. Sonreí. Calla. Agradecé. De vuelta al molde. Si salís sola a estas horas ¿Qué van a pensar? Así no habla una dama. No es si y si también es si, no sabes lo que querés. Sonreí. Calla. Agradecé. De vuelta al molde. 

Por desgracia – y por suerte- , no estoy sola, y antes de mi tuviste más huéspedes para tus colmillos parasitarios. Marcaron el camino y ocultaron estacas en los pasillos, ramillos de ajo para poco a poco desarmarte. 

En el reflejo encuentro unos ojos marrones mirándome, juzgándome, callándome. Me encantaría poder decir que soy capaz de empalarte, de hundir la estaca en lo más profundo de tu corazón y hacer que desaparezcas. Pero no puedo. No sos yo, ni yo soy vos, pero sos parte de mi. Pelo un diente de ajo y lo como a diario, silenciándote cada día un poco más.


Este texto surgió del Taller de escritura creativa de Wacho.

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