Nanday


Por Florencia Pensa

Estás sobre Avenida Mitre, la más transitada y conocida de San Miguel. Hace treinta años pasabas lentos y recibías gente con pantalones anchos y melenas desaforadas. Tenes historias de bailes, besos, peleas y vómitos. Hay amistades que se formaron adentro tuyo. Parejas que se enamoraron. Parejas que terminaron. La música disco retumbaba en las paredes y los vasos de alcohol se desparramaban por el piso. Eras el mejor boliche de la zona, recibías personas de todos lados. Desde Morón hasta Capital Federal. Hoy, después de tantos años, paso caminando por tu puerta y solo veo basura y hojas secas. Tus paredes tienen un color gris medio sucio. Nadie sabe tu nombre. 

Ya no sos más Nanday, el mejor boliche de San Miguel. Ya no pasas más música. No tenes mas encuentros ni peleas. Estas vacío. Ahora sos solo un edificio gris abandonado donde mis viejos solían ir a bailar. Me paro en tu puerta y comienzo a imaginarte prendido fuego. Un fuego que empiece desde las raíces del pasto que tenes en el fondo y que se extienda hasta tu terraza. Solo quiero que queden cenizas y ese olor a algo que fue y ya no puede volver a ser.

Espero que nunca más vuelvas a abrir y que arriba tuyo construyan un local que venda velas aromáticas o una iglesia evangélica, me da igual. No quiero pasar mañana de nuevo y verte ahí. Solo deseo que venga Bombita y te haga explotar, o tal vez sea yo la que te prenda fuego y no deje el más mínimo rastro de esas paredes mugrientas y ese olor a mierda que imanas. Puede ser, eh. Mañana antes de ir al laburo tal vez me tomo diez minutos para tirar un poco de kerosene por acá.

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