Mentime que me gusta


Imagen de Jose Rodolfo Loaiza

Aunque detestás los adoquines porque hacen mierda el auto y te dan asco la ropa vieja porque no sabés quién la usó, hoy, caminando por las calles de San Telmo me acordé de vos.

De tu olor, de tu remera de Los Redondos y tu poca habilidad para pronunciar en inglés.

Del día que comimos un helado mirando el río y, haciéndote el reflexivo, me dijiste que no te sentías igual que ayer. Que no podías asegurarme todo lo que yo quería y necesitaba. Qué antes sí, pero ahora no. Qué habías cambiado. O que, en realidad, siempre fuiste el mismo. Y, para reafirmar eso, tiraste el cucurucho sin morderlo, como hacías antes de conocernos.

 

“La pasta que se arma con la saliba me da arcadas”, dijiste la primera vez que fuimos a Freddo.

“No tenés que comerlo por separado. Mezclá el cucurucho con el helado, vas a ver como cambia el sabor”, dije presumiendo, demostrando que hasta con los helados la tengo clara.

“Tenés razón, que boludo fui”.

 

No sé si dijiste eso para gustarme o por qué realmente te gustó.

Como la vez, que a la salida del cine, dijiste que te había conmovido Birdman. Era obvio que no querías desentonar con mi emoción.

Lo tomé como un gesto de amor.

 

Hoy, mientras cruzaba Defensa y me mezclaba con los feriantes, pensé en todas las veces en las que yo también te mentí, creyendo que así, tal vez, te gustaba un poco más.

Capaz que el amor sea solo eso: un eterno mentime que me gusta. Un prefiero pensar que sos como creo que sos a como realmente sos.

Y ahora, que estoy en casa y que Netflix no me ofrece nada nuevo, enumero las mentiras que nos contamos y que ninguno creyó pero que los dos aceptamos.

También, pienso que me gustaría mandarte un audio de 7 minutos por Whatsapp diciéndote por primera vez la verdad: no me importa que puedas asegurarme lo que quiero y necesito, por qué ni yo sé que es eso. Peor sería empezar de cero con alguien y hacerle creer que sé quien soy y que, además, me creo sus mentiras.

Aunque los dos seamos unos boludos, ya nos conocemos. Por eso, cuando caminaba por San Telmo me acordé de vos.

 

Ojalá que algo te haga acordar a mí.

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