Menos aplausos, más salario


A mi viejo le abrieron el pecho para operarlo del corazón por primera vez en el ‘98. Yo tenía 8, no entendía mucho lo que estaba pasando.

Me acuerdo de haber estado varios días en el hospital viendo entrar y salir gente, amigues de mis viejos pasando a saludar y diciéndonos que todo iba a estar bien. Pero no logramos estar tranquilos hasta que un tipo medio canoso con delantal blanco se nos acercó y nos dijo que la intervención había sido un éxito y que en los próximos días le iban a dar el alta.

Pasaron los años y mi viejo entró y salió del quirófano varias veces. Algunas con mayor gravedad y otras más de rutina. Pero siempre que dejó el hospital lo hizo entero.

Podría hablar de su increíble fuerza para bancarse el bisturí, pero sería en vano sin antes pensar que hubo alguien del otro lado que agarró ese bisturí. Alguien que sin que le temblara el pulso abrió, sacó, cerró y lo dejó como nuevo. Alguien que lo acompañó en esos momentos donde los únicos que se acercaban a mirar eran la muerte y el silencio. Alguien que tuvo los huevos y la inteligencia para poder hacer algo que para mí es más difícil que hablar chino y japonés juntos. Alguien que lo curó.

Hoy en el mundo se celebra el #DiaDelMedico Sería hermoso pensar que un día como hoy podamos celebrar en nuestro país el inmenso aporte que día a día el personal de la salud hace por y para nosotros: las jornadas interminables, las guardias en lugares súper precarios y los años y años de estudios.

Ese aplauso de las 9 no vale si el médico que lo recibe llega a su casa con los ojos llorosos y sin mucho qué comer. No cuenta si después de 12 o 15 horas de trabajo tiene que viajar otras 2 para llegar a su casa y dormir solo 3.

No existe cuando nos relajamos y pensamos que todo lo que se hizo hasta ahora fue al pedo. Y mucho menos se entiende si una vez que son las 9 y un minuto nos olvidamos que en todos los hospitales del país hay médicos y personal de la salud dejando la vida para que mi viejo, el tuyo, vos y yo podamos seguir vivos.

Hoy y más que nunca: menos aplausos y más salario.

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