Los 8 discos que me cambiaron la vida


No son los 8 que considero mejores, algunos ya ni los escucho. Son los 8 que de alguna u otra forma ayudaron a moldear un poco lo que hoy soy. Acá están, estos son, los 8 discos que me cambiaron la vida.

The Beatles 1962-1966
-El disco de mi vieja-

Lo escuché por primera vez a los 8 años y hoy todavía sigue ocupando un lugar destacado en mi batea . Lo compró mi vieja en un viaje para asegurarse buena música en la ruta. Es un disco doble, que compila lo “mejor” que Los Beatles grabaron entre el 62 y el 66, es decir su época más pop. Quizás para muchos, su peor época. Sin embargo, para mí, es un disco que tiene un significado muy especial.

Mi vieja siempre fue un faro para mí. La persona más abierta, comprensiva y sensible que conozco. Ella fue la que me abrió las puertas a casi todo. Mi pasión por la música es herencia suya. Y a este disco, lo siento como su primer legado musical.

De más grande conocí Revolver, Abbey Road y todo el resto. Sin dudas son discos musicalmente mejores pero ninguno tiene el privilegio de estar asociado tan directamente a mi persona favorita del mundo .

 

Oktubre
Los Redondos

-El disco del despertar-

De vuelta aparece mi vieja, aunque esta vez por un pedido mío.

-¿Qué disco querés para tu cumpleaños?-

-Oktubre, ma-

Y así fue como para mi decimosegundo cumpleaños recibí el disco que me terminó convirtiendo en devoto de la secta más fisura, culta, oscura, simpática, dureta y romántica de este país.

Las bombas del principio, la alegría del final, las letras encriptadas, las alusiones políticas y el erotismo de las guitarras. De chico, me costaba entender todo ese combo de información que Oktubre me daba. Eso me volvía más sediento y despierto.

“¿Qué dice este hombre?  Necesito saber, necesito entender”.

Me hizo empezar a leer sobre la Revolución Rusa (de donde el albúm obtiene su nombre) y los quilombos políticos argentinos de los 70s. Conocer la existencia de algunas drogas y sus posibles efectos. Entender que, a diferencia de lo que me habían explicado en el colegio, el sexo puede ser un fin y no un camino. Aprender el significado de palabras hasta entonces desconocidas como “efímero” y “estandarte”.

Con el tiempo Los Redondos, y obviamente este disco, terminaron por convertirse en una marca de agua que atravesó a todo mi grupo de amigos. Es sin dudas una parte fundamental de nuestro soundtrack. Veranos, fernet, arroz por el aire, carpas en Tandil, duritos debajo de un colchón, el Indio en Mendoza.

Por haber sido una puerta de entrada a un mundo desconocido este disco no puede faltar en mi lista.

Ziggy Stardust and The Spiders from Mars
David Bowie

-El disco que me enseñó a ser hombre-

Me acuerdo cuando con mis 13 años abrí por primera vez el librito que acompaña al disco. Sentí pudor. Me daba vergüenza que mis viejos lo vieran. Todo lo que los curas en el colegio me habían enseñado sobre lo que debía ser un hombre con Bowie perdía sentido.  Sus poses maricas, su ropa galáctica y el exceso de delineador invadían cada foto. Había una imagen en particular que era la que más me impactaba: David simulando hacerle un pete a su guitarrista Mick Ronson. Lo único que interrumpe el acto, es la guitarra que se interpone entre los dos.

A partir de este disco me volví fanático de Bowie. Cada vez que veo un libro, película, disco o revista que lo tiene a él en la tapa, pasa a ser mío. Su muerte en enero me pegó fuerte. Fue la primera vez que lloré por alguien que nunca había visto. Mi sueño más grande quedó trunco: verlo tocar en vivo.

Gracias a Bowie, empecé a cuestionarme mucho de lo que tenía aprendido. También, me ayudó a animarme más. De pendejo, en muchas ocasiones, me preguntaba: ¿Qué haría David en mi lugar? La respuesta siempre era la misma, “se animaría”.

The dark side of the moon
Pink Floyd

-El disco que me abrió la imaginación-

Este disco ya son mis 17-18 años. No me acuerdo cómo me llegó, creo que lo compré después de haber escuchado The Wall.

Lo que si me acuerdo, es que me encerraba en mi cuarto con las luces apagadas a escucharlo. Mi papá entraba y me decía: “Prendé la luz, ¿qué estás? ¿deprimido?”.

“No pá, para nada, estoy flasheando”. No contestaba eso, solo lo pensaba.

Es que The dark side me hacía pensar, imaginar, crear. Es un disco sumamente creativo que no usa solo instrumentos, usa sonidos que están con nosotros día a día y eso es lo que lo hace tan genial.

Trapos
Attaque 77

-El disco de la pubertad-

2001, año en el que me tocó entrar a la adolescencia. La frente con granos, brackets en los dientes y unos pelitos corajudos arriba del labio. “Hacelo por mí”, rotaba continuamente en MTV y Much Music. Para muchos pendejitos, Trapos terminó siendo la banda sonora de ese año. Era un disco que te hermanaba con tus amigos, te rehermanaba con tus hermanos y te hacía hermano de pibes de tu misma edad que no conocías. Muchas de las letras hablaban de cosas que nunca había hecho pero que me desesperaba por hacer de una puta vez.

¡Soy dueño de mi vida, papá! Bueno, no tanto.

Cuando presentaron el disco en Obras lo fui a ver. Fue el primer recital que vi en mi vida. Mi viejo no me dejaba ir solo así que me acompañó. Rebeldía tutelada. Nos llevó a mí, a mi hermano y a cuatro amigos. Al recital llevaron infinidad de bandas amigas: El Otro Yo, Cadena Perpetua, Bulldog y varias más. Todas bandas que no conocía y que descubrí ese día.

Hoy es un disco que ya no escucho, pero tiene el valor de estar asociado a mi lado más púber.

The College Dropout
Kanye West

-El disco que me regaló nueva música-

Este disco me introdujo en un género que hasta entonces tenía relegado y que hoy es uno de mis preferidos, el hip-hop. Obvio que de pendejo había escuchado Eminem, 50Cent, Dr. Dre y todo eso que MTV me mostraba; pero nunca les había prestado demasiada atención.

A este disco me lo compré de curioso, porque la verdad es que hasta ese momento no sabía casi nada de Kanye. Fue un disco que lo compré, lo escuché, lo dejé y lo retomé tiempo después.

Me parece perfecto. Lleno de vientos, cuerdas, armonías y voces femeninas que acompañan cada uno de los versos de Kanye.

Todas las canciones están entrelazadas como si fueran una sola. Las letras en su mayoría son de protesta e invitan a la reflexión. Críticas al sistema educativo, el exitismo, la violencia racial, la opresión de clases y las caretas que portamos todos los días.

Creo que Kanye debería volver a escucharlo.

El festival del Beso
Pablo Malaurie

-El disco del amor-

Las canciones del disco son excelentes y además es sumamente original: su caja es de cartón corrugado, sus canciones usan pocos instrumentos, la voz de Pablo parece una ballena y una tarjeta postal firmada por él acompaña el disco.

Pero aparte de todo esto, El festival me transporta automáticamente a una etapa de puro descubrimiento personal.

A los 22 años me fui a vivir solo. Me mudé a dos cuadras de Mercurio, una disquería que solo vende discos de artistas nacionales independientes. La disquería, que todavía existe, queda adentro de una galería. Mis tardes de aburrimiento las pasaba ahí.

A Mercurio, cada día la atendía un vendedor distinto. Me llevaba bien con todos, pero había uno en particular que me había obnubilado, Lolo. El atendía jueves y sábados, así que cada jueves y cada sábado, me instalaba en Mercurio para hablar con él. Lolo me abría mundos. Me hizo conocer y entender la música electrónica, artistas plásticos, diseñadores, actores, escritores, poetas, directores, todos argentinos y todos sub 35. En ese momento para mí eran casi señores.

Un día de primavera, Lolo me escribió y me dijo: “Hoy la galería abre hasta las 23 y a eso de las 22:30 en uno de los locales toca Pablo Malaurie, venite”. No sabía quien era Pablo, pero obviamente no dudé en ir. Salí del laburo y me fui hasta Mercurio. Lolo tenía que atender, por lo menos hasta las 22. Me quedé con él vendiendo discos, pocos discos, no entró mucha gente. Con esa excusa, cerramos la disquería, subimos al ático, nos fumamos un porro y nos quedamos escuchando El festival. Después bajamos para ver el recital, había tanta gente que no nos dio ganas, así que nos fuimos.

Desde ese día, El festival del Beso no paró de sonar en mi casa. Cada día, cada hora. Un disco precioso, que al mismo tiempo me acompañó en una época preciosa.

In Colours
Jamie XX

-El disco del viaje-

Un disco que escuché muchísimas veces, pero que cobró un significado muy especial hace no tanto. En marzo me fui a Europa con dos de mis mejores amigos. Fue casi una luna de miel. En cada trayecto, entre ciudad y ciudad, escuchaba este disco. Esto solo ya le podría dar un lugar especial en mi vida, pero no fue por eso que este disco está en la lista.

Entre tantas ciudades hermosas, el itinerario del viaje incluyó Amsterdam. Obviamente, hicimos casi todo lo que la ciudad ofrece, como por ejemplo probar un Hongo.

*Aclaración para los despistados: son de venta libre y crecen en la tierra*

Cuestión que para comer el hongo nos fuimos a dar una vuelta por un parque gigante que hay en la ciudad. Fue una experiencia increíble, además de que ves colores muy vivos y texturas muy intensas, el efecto del hongo te lleva automáticamente a la introspección. Y qué mejor que acompañar ese “descubrir personal” con buena música.

En mi caso esa buena música fue In Colours, un disco de house que a través de sonidos y voces te va llevando por distintos estados y situaciones, es decir, ideal para musicalizar un viaje de hongos.

¡Ojo! No estoy haciendo apología de nada. Pero la realidad es que el hongo te induce a pensar y, de vez en cuando, hacer este ejercicio acompañado de buena música no viene nada mal.

 

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