La trampa más oscura. Cómo la CIA vendió los secretos de Argentina durante la Guerra de Malvinas


Entre la posible Tercera Guerra Mundial, las olas del verano, el coronavirus y los Oscar, este verano hubo una noticia bastante importante que apenas ocupó los titulares de los diarios y que tiene a Argentina como uno de sus protagonistas. No por algo bueno, sino por algo muy malo.

Aunque es una historia un poco vieja, deja una vez más al descubierto el gran teatro de operaciones en el que a nuestro país siempre le toca representar el peor papel.

 

Primer acto: década del 70 en América Latina

En plena Guerra Fría, militares de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia instalan o consolidan dictaduras sumamente sangrientas en sus países. Bajo la tutela de Estados Unidos, todos los países coordinan acciones en conjunto y se dan apoyo mutuo en lo que se conoce como Plan Cóndor. Esto implica, entre otras cosas, la vigilancia, secuestro, tortura, violación, desaparición y asesinato de cualquier persona sospechada como contraria a sus ideales.

En un momento de tanta tensión, las dictaduras militares de todos esos países le compran a Crypto AG, una empresa suiza, máquinas para enviar mensajes encriptados (es decir, imposibles de leer si no se conoce un código secreto) con información “delicada”. 

Aunque en muchos casos actúan en forma coordinada, cada país maneja información confidencial que no quiere que el resto se entere y por eso estas máquinas les son muy útiles. 

Una máquina de encriptación hecha por Crypto en 1967.
Una máquina de encriptación hecha por Crypto en 1967.

 

Segundo acto: abril-junio de 1982

La dictadura militar argentina le declara la guerra a Gran Bretaña por las Islas Malvinas. A lo largo de todo el conflicto usa las máquinas de Crypto AG para mandar mensajes secretos con información muy sensible sobre posibles ataques, puntos débiles del ejército argentino y todo eso que se dicen en forma encriptada los militares cuando están en guerra.

El 14 de junio la dictadura argentina pierde la guerra. Se calcula que murieron 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños.

 

Tercer acto: febrero del 2020

Una investigación del  diario estadounidense The Washington Post, la emisora alemana ZDF y la cadena radiotelevisiva suiza SRF publica documentos secretos de la CIA de las décadas del 70 y 80 que muestran que la empresa Crypto AG no era realmente suiza. Sus dueños en la sombra eran dos importantes agencias de inteligencia: la CIA y la BND (Alemania), que en ese momento estaba bajo el ala norteamericana. 

Revelan que en 1970 ambas agencias compraron en secreto la empresa por USD 5,75 millones. Estos dueños encubiertos hackearon las máquinas antes de venderlas para tener acceso a todos los mensajes encriptados que se mandaron a través de ellas. Obviamente, ninguno de sus compradores lo sospechó. 

¡Hermoso! Se llenaron de guita vendiendo las máquinas, que costaban millones de dólares, y encima se enteraron antes que nadie de cada acción que los milicos hacían. 

Los documentos secretos muestran que durante toda la Guerra de Malvinas la CIA sabía cada movimiento que la dictadura argentina pensaba hacer y se los buchoneaba a su histórico aliado, Gran Bretaña.

Es importante destacar que Estados Unidos se había declarado imparcial en la guerra ya que se trataba de dos amigos, es decir que no iba a tomar partido por ninguno de los dos contendientes. ¡LOL! 

Al terminar la guerra los milicos argentinos sospecharon que su máquina Crypto pudiera estar intervenida. Un agente de la empresa viajó a Buenos Aires y los convenció de que no.

“La mentira sirvió. A los argentinos les costó tragársela pero creyeron y nos siguieron comprando equipos” dijo en su momento este agente a la CIA.

Uno de los documentos de la CIA desclasificados que muestran el engaño durante la Guerra de Malvinas.

 

 

¿Cómo se llama la obra?

No me animo a ponerle nombre.

La mayoría de los diarios de nuestro país levantaron la noticia, pero sin hacer mucho escándalo. En momentos en los que tenemos que negociar con Estados Unidos nuestra multimillonaria deuda, no parece muy conveniente hacernos los enojados con la CIA.

Lamentablemente, una vez más, nos tenemos que resignar a hacer el papel del boludo que siempre cagan pero nunca se enoja. Un Pepe Argento eterno, un tarado más que cae en la jodita para Marcelo, un buen tipo que queda colgado dos horas en el contestador del 0 800.

Si fuera como en estos casos donde apenas quedamos como unos idiotas, escribiría esta nota con una media sonrisa dibujada en la cara. Pero, lamentablemente, la filtración de estos mensajes secretos colaboró a que cientos de personas murieran en una guerra estúpida y no impidió que otros miles mueran en todo el continente a manos de gobiernos dictatoriales. 

Por supuesto que no fuimos los únicos que cayeron en la trampa. Alrededor de 120 países compraron y usaron estas máquinas. Muchos con gobiernos que persiguieron a la disidencia en sus países y que violaron todo tipo de derecho humano. Se calcula que durante varios períodos, incluída la década del 80, el 40% de las comunicaciones diplomáticas se hicieron a través de Crypto. 

Entonces, uno podría confirmar algo que siempre sospechamos: la CIA supo de ante mano sobre matanzas, campañas de limpieza étnica, atentados, persecuciones y encarcelamientos arbitrarios, entre tantas otras cosas y no hizo nada para impedirlo. Ni siquiera lo denunciaron o lo expusieron ante la ONU o cualquier organismo internacional. 

Los medios que revelaron esta información entrevistaron a Bobby Ray Inman, director de la Agencia de Seguridad Nacional  (NSA) y director adjunto de la CIA durante los 70s y 80s, y le preguntaron si se arrepentía de algo o si sentía algún escrúpulo. La respuesta fue un rotundo “NO”. 

También entrevistaron a ex empleados de Cysco que dijeron sentirse usados ya que ninguno sabía la verdad sobre la empresa. Ellos se la pasaban visitando clientes por el mundo asegurándoles que sus comunicaciones estaban protegidas cuando en realidad no.

Los mismos reportes de la CIA de esa época se vanagloriaban  llamando a la operación como “el golpe de inteligencia del siglo”.

 

Así funcionan las máquinas encriptadoras de esa época (está en inglés).

 

A principios de los 90, Alemania le vendió a la CIA su participación en la empresa por miedo a que todo saliera a la luz. Recién en el 2018 Estados Unidos vendió la totalidad de la empresa. La identidad de los nuevos accionistas es desconocida ya que está radicada en Liechtenstein, un pequeño país europeo que sirve de paraíso fiscal. 

Los documentos desclasificados de la CIA que prueban esta operación están disponibles en la página del National Security Archive (no confundir con la NSA).

Según el Washington Post, “el alcance y la duración de esta trampa, permiten explicar como los Estados Unidos desarrollaron un apetito insaciable por la vigilancia global que fue expuesta por Edward Snowden”.

En el 2013, Snowden, un ex técnico informático de la CIA, reveló una serie de documentos que prueban que el gobierno de Estados Unidos interviene todas las comunicaciones que se realizan a través de Hotmail, Gmail, Facebook, Apple, Google y cualquier plataforma online de ese país.

¡Cambian los métodos, pero no cambian las mañanas!

Lamentablemente, sabemos que nos están espiando y no podemos hacer nada.

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