Juan Ingaramo: el pop me significa libertad musical


Por Lautaro Kermen
IG @lautarokermen

A las corridas por una reciente mudanza y de un lado para el otro por el lanzamiento de su último disco, así es como describe Juan Ingaramo un viernes de su vida actual. A poco tiempo de la salida de La Batalla, el cantante cordobés reafirma su elección por la Ciudad de Buenos de Aires, donde vive junto a su novia Violeta y su hija Lila.

Aunque parezca mentira, al momento de la entrevista, Juan está sentado en el asiento de su auto estacionado, vaya uno a saber dónde. Pero esa imagen ya la vimos antes, en el video completo de Best Seller y también de La Batalla, donde se lo pudo ver manejando y cantando sus discos completos. En fin, con la simpatía y la simpleza que lo caracteriza, el cordobés saluda, se acomoda y empezamos.

Venís de una familia musical por tu viejo y tu abuelo pero quizá no tan cuartetera ¿de dónde salió el cariño por ese ritmo musical?

-Nací en un barrio de Córdoba que se llama San Vicente, en el cual queda el Monumental Sargento Cabral, que es como si te dijera el Wembley o el Madison Square Garden de la Mona Jiménez. Eso quedaba a diez cuadras de donde vivía, entonces más allá de que en mi casa se escuchaba otra cosa, cuando me cruzaba a jugar al fútbol con los pibes sonaba el cuarteto.  Cuando iba al club, a la matiné y a los cumpleaños también sonaba el cuarteto, como que era algo que estaba en el aire de Córdoba, entonces no tuve que hacer ningún esfuerzo, fue como una ósmosis directa. Y una vez que dejé la provincia se transformó, de alguna manera, en la conexión espiritual con mi ciudad, con el recuerdo y con mis amigos.

Y tu faceta showman o la picardía que tenés para hacer las cosas ¿de dónde viene?

-Habría que preguntarle a mi vieja ja ja. No lo sé, tengo videos de pendejito haciendo cosas con un micrófono y cantando, me gustaba. También pasa que tuve contacto con los escenarios desde muy chico por mi viejo y siempre las luces me llamaron la atención. Era bastante extrovertido. Fui a un secundario que era muy grande y de algún modo disfrutaba también de la popularidad que tenía, entonces le agarré un gustito a la cuestión. Igualmente tengo que confesar que nunca planeé esto de ser cantante, fue como un devenir de la intuición y del corazón que me llevaron a hacer lo que amo y me gusta.

¿Qué tanto de realidad tiene el Juan Ingaramo que mostrás por las redes? ¿Se acerca al verdadero o es simplemente un personaje?

-Creo que en las redes soy bastante sincero, pero sobre todo lo soy en mi música. Ahí puedo jugar más que en las redes. Pero lo que ven es lo que soy ja ja. Me divierte mucho registrar lo que pasa, y si todo está respaldado por la obra o tiene que ver con la música, me encanta, lo disfruto, me sale genuinamente. Me gusta andar con la camarita y registrar los procesos y las diferentes situaciones. Tengo filmadas horas y horas de cosas de hace tres o cuatro años, porque me gusta mucho poder volver a ver eso y recordar cómo habían sido esos momentos. Hace poco subí unos videos de cuando fuimos a grabar La batalla a Santa fe y fue como reconectar con eso, re lindo. Siempre me gustó esa cosa del archivo.

En 2016 declaraste en una entrevista que “vos hacías pop y que lo tuyo era una militancia”. Hoy, 2021, después del lanzamiento de La Batalla, ¿mantenés esa postura o hubo algo que cambió?

-La mantengo bastante, porque esa militancia se trata de una libertad musical que me permite hacer lo que se me canta sin tener que rendirle cuentas estilísticas ni estéticas a nadie. En estos años tuve la posibilidad de hacer toda la música que quise y pude, quizá si hubiera estado bajo otra bandera hubiese sido más complicado. Por ahí son mochilas que carga uno y nada que ver, pero siento que el pop me significa libertad musical. Me parece que con los géneros más rígidos es un poco más complicado moverse. Si un rockero sale mañana con un reggeaton, por ejemplo, hay que ver cómo lo toma su público. Ojo, quizá estoy hablando boludeces pero es lo que me imagino por mi trabajo de campo.

¿Y el nuevo disco de que va?

-Es re contra pop, tiene la influencia de otros géneros pero ninguno aparece de una manera pura o apropiada. Al contrario, siento que las canciones son como ejercicios musicales hechos bajo mi visión creativa y con mi identidad, por eso responde a esa lógica de libertad musical. No es que dije “loco vamos a hacer un disco de cumbia pura o de salsa”, no, agarré elementos de otros géneros y me los traje para mi laboratorio, y de ahí armé una gran mezcla de sabores.

Hay gente que quizá no conoce Tunga Tunga porque no está en Spotify, si tuvieras que explicarlo o contar qué significó para vos ¿qué dirías?

-Fue una manera de conectarme espiritualmente con Córdoba. En ese momento (2015) me acuerdo que viajaba poco y estaba solo, medio barrilete y de algún modo me sirvió para recordar mis raíces y mi ciudad estando lejos. Son cuatro versiones propias que hice de canciones cuarteteras. Sin embargo, es un camino que empezó y no termina de andarse, es parte de mí el cuarteto y seguramente es un género que voy a seguir teniendo adentro. Así que al que no le guste, un besito ja ja.

¿Qué fue lo más loco que hiciste por la música o que te pasó dentro del mundo de la música?

-Creo que lo más loco y lo que todavía no puedo creer es cómo hice para venirme de Córdoba a los 20 años a una ciudad que no conocía tanto y donde no conocía gente, literalmente. Nos vinimos con dos amigos impulsados por una intuición totalmente inexplicable. Hoy en día sí tiene un poco más de sentido, pero dejar la casa de mis viejos y alejarme de todo fue la principal locura. Después también hubo consecuencias de mi música o de mi trabajo que me sorprendieron o parecieron muy locas. Viajar por ejemplo, conocí Europa con la música. Estar tocando en Madrid, en Barcelona o en Berlín y decir “que locura”. Berlín fue hermoso, ahí nos dimos cuenta de la universalidad del lenguaje musical, porque había gente de Alemania conectando con la música y bailando. Ahí entendí todo eso, que no es poco, la música es una lengua que se habla en todo el mundo.

De chico escuchabas mucho Miranda y Babasónicos y terminaste trabajando con ellos. ¿Qué artista escuchás ahora que te gustaría que trabaje con vos en el futuro?

-Me gustaría en algún momento hacer una colaboración con una cantante femenina argentina. No sé todavía quién sería pero tengo la fantasía de hacer un dúo de alguna canción linda con alguna cantante, puede ser desde la Sole hasta Tini, todavía no lo he identificado. Igualmente va a depender mucho de la canción, pero eso me gustaría. También me copa seguir colaborando entre colegas cercanos, me atrae más la idea de laburar con esa gente que la de hacer un featuring con alguien que no tenga un sustento artístico para mí. A veces las compañías o las editoriales te tiran la de hacer algún feat o un remix pero el artista no tiene nada que ver conmigo, entonces prefiero no hacerlo.

Si en este momento te suena el teléfono y cuando atendés es Bizarrap invitándote a hacer una sesión con él ¿Qué le decís?

-¡Más vale! Un Cuarterrap sería ja ja. No me lo he imaginado pero si me lo propone re voy, a mí hacer música me genera, en todas las circunstancias, posibilidades. Y si es con Biza que la rompe toda, ni hablar. Todos los temas que salen de sus sesiones me encantan y estoy re contra apto para tirar unas líneas ahí, así que qué venga nomás.

¿Qué es lo que más te flasheó hasta ahora de ser padre?

-Uf, todo, es mucho y muy fuerte. Siento que lo principal fue la necesidad que me genera la paternidad de ser mejor persona, mejor hombre, mejor padre, todo. Me ayuda a centrarme en las cosas que realmente importan, me corre del ego malo y me ha sacado un par de mochilas, aunque me puso otras, pero me sacó mochilas de egos y boludeces de las cuales ya no me preocupo. Y después es como que te metan por la jeta una molotov de amor, porque no podés creer los sentimientos que te genera una persona tan chiquitita, es increíble.

¿Te acordás cuando tomaste tu primer fernet?

-Me acuerdo la época. En San Vicente había unos corsos cuando era chico y bajaban todos los barrios de por ahí: Altamira, Barrio Sarmiento, Maipú, Parque San Vicente, Yapeyú, todos, y se armaba una. Había tres plazas por la avenida principal separadas por seis cuadras entre sí y todo eso era corso. Con los pibes andábamos súper indios y en esa fue que probé el fernet. Tenía 12 o 13 años y estaban los de 15, 16 que te la re agitaban ja ja. Todo con la pubertad apareció, los primeros granos y los primeros chupis. En su momento no me gustó porque estaba acostumbrado a tomar solo gaseosa, pero al tiempo se convirtió en un gusto adquirido y ahora es de mis favoritos.

¿Sos de responder los comentarios que te hacen en las redes?

-A los haters aprendí a no responderles más. Los primeros discos me la pasaba contestando por YouTube y todo, pero después aprendí que no tiene ningún sentido. A veces te dicen cosas que te joden más que otras, pero el odio por odiar o el bardeo me chupa un huevo. Al comentario cariñoso trato de responderlo pero a veces se complica, no quiero estar todo el día con el teléfono porque si no es mucho tiempo, pero me re llega el cariño de la gente y ese es el moño que cierra todo esto de la música.


Las 9 de Wacho

– Recomendanos un disco que te emocione, una peli que te haga reír y un libro que le regalarías a un amigo

– The melody at night, with you de Keith Jarrett, Ciudadano Ilustre y un libro, depende el amigo ja ja, pero me quedo con El origen de la tristeza de Pablo Ramos.

– ¿Una banda o músico que estés escuchando bastante?

– Axel Fiks, tiene una frescura que me gusta y me interesa.

– Si pudieras armar un festival mundial con solo tres bandas ¿a quiénes pondrías?

– La Rosalía, a Catriel, puede ser con Paco, y a mí, olvidate.

– Si pudieras comprar un talento/habilidad sin tener que aprenderlo o practicarlo ¿cuál comprás?

– Uf, es tan lindo aprender y practicar porque el camino también te hace, pero me gustaría ser muy bueno jugando al tenis, porque al fútbol ya soy ja ja.

– Si te dan un pasaje para el lugar del mundo que elijas ¿dónde vas y por qué?

– Sin Covid quizá Japón, pero ahora me iría al veranito europeo con mi novia y mi hija.

– ¿Cuál era tu juego preferido de chico?

– Me gustaba mucho callejear, pero recuerdo también el TEG o el Clue, con ese flasheaba detective.

– ¿Cuál es la mentira que más veces dijiste en tu vida?

– Muy bueno eso bro.

– ¿Piedra, papel o tijera?

Papel.

– Tu dibujo animado favorito ¿cuál es?

– Toy Story.

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