Generación DJ


Por Nicolás LaBestia

Corría el año 2004 y todo empezaba a girar vertiginosamente en la mitad de mi adolescencia. La matinée de Pacha, era un evento sistemático e ineludible si querías estar encima de los temas de conversación en el colegio. Verbos que aparecían con una razón etimológica indescifrable, como “tranzar”, “escabiar” y “apretar” nos hacían entrar en una competencia dialéctica para ver quien era el mas cool de la clase.

Mi vieja no estaba muy de acuerdo con que vaya al boliche. Pero parte del plan era diseñar minuciosamente un relato para que nunca lo supiera. Era como mojar los pies en el mundo de los adultos. Mujeres (mejor dicho niñas), alcohol, cigarros y música mucho mas fuerte de lo que nunca había escuchado.

Sin duda mi tanda preferida era cuando sonaban los hits de D-Mode. El primer sello que incursionó en el mercado del House en un nivel masivo. Títulos de la talla de “Some Velvet Morning”, “Hear My Name”, “Edony”, “Fascination” me hacían pensar que nunca me cansaría de escucharlos y bailar con esos pasos coreográficos.

Sin quererlo ni saberlo, empecé un viaje que se convertiría en el motivo de muchas noches de desvelo, insomnio, excesos y un roll social predeterminado.

Mi mentor fue “El Negro”. Un tipo de unos 45 años y bastante más de cien kilos, a quien abordé sin dejarlo rechazar mi carácter de entusiasta aprendiz. Un viejo conocedor del rubro. Había sido DJ toda su vida. En esos tiempos proveedor de equipamiento en casi todas las discotecas importantes de Buenos Aires y ponía música en las fiestas de un popular club de rugby en Tortuguitas donde cada quince días, íbamos a sentarnos a verlo mezclar y si teníamos suerte nos dejaba poner uno o dos temas.

Recuerdo entrar a su depósito de equipos y pasar horas con las ya obsoletas compacteras DN- 2500. Intentando encajar los temas uno atrás del otro con un orden de manual, mientras se escuchaban los gritos desde el fondo “Zapateá, dale al bend”.

Los años pasaron y con horas de práctica fui evolucionando como DJ. Entendiendo que no solo hacía falta tener buena música o saber mezclar. También hacía falta hacerse de los contactos para que te hicieran un lugar en la cabina. Fue así que en el verano del 2006, tuve por primera vez mi cabina ni más ni menos que en la matinée de KU Pinamar.

Si bien para esta altura yo ya era un experto tiracables y plomo,mi batea de CDs contaba con poco más de 15 discos. Entre ellos algunos hits que había estado descargando del Ares y alguna que otra joyita que había funcionado bien en el casamiento de algún rugbier o en el cumpleaños de la hija del dueño del colegio.

En términos profesionales, fue un verano para el olvido. Mis mezclas eran horribles, mi colección musical muy pobre y mi sueldo miserable. Dejando para rescatar una explicita devoción hacia el oficio, ganas de mejorar y una linda rubia de San Isidro con el libido muy alto.

Los años siguieron pasando, y es muy loco todo lo que uno concluye cuando se sienta y revisa a lo que se dedicó toda su vida. Mi efímero paso por la universidad, no me sirvió para nada más, que para consolidar mi vocación. Para aguantarme la imagen fantasmal que dejó los fines de semana con mis amigos y mi familia. Todo sea por los giggs, todo sea por la música.

Es difícil explicar porque soy DJ. Son un montón de cosas que van de la mano de un interminable recorrido en el que siempre queda lugar para mejorar. Para recibir aplausos, para que te chiflen, para cartearte.

Hoy las cosas son un poco más fáciles. ¿Por que voy a mentir? La música es de accesibilidad casi universal. El equipamiento necesario para ser DJ, puede ser tan solo un celular con el servicio premium de Spotify (o ni siquiera). La barba y los auriculares viejos, lo hacen parecer a uno como adulto, Lo que te da derecho a sacar cagando a los que vienen a la cabina suponiendo saber un montón de música.

La generación DJ, es una generación que nació con la necesidad imperiosa de contar algo. De mostrar que lo que tenemos para decir no se queda en las palabras. Que estamos todos conectados y tratando de galopar a un ritmo absurdo. Todo el camino, todas las espinas en la planta del pie valen la pena, cada vez que te bajás de la cabina, alguno te saluda y vos le contestás “Gracias. Fue un placer.”

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1 Commentario

  1. El DJ tiene una percepción sensorial diferente al resto de la gente, sus gustos plasmados son los que hacen reaccionar al cuerpo, y eso es compartir, gracias por ello!

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