Falso rayo de sol


Falso rayo de sol

Vi una mancha de sol y me tiré de cabeza al patio. Para ser más preciso, agarré un par de almohadones, un libro y me senté en una silla naranja hecha de elásticos que te dejan la espalda llena de líneas rojas. Uno de esos asientos que te tatúan. Es primero de mayo, pero la sensación del feriado es difusa en este encierro. Además es viernes y eso lo hace un poco más triste. Un fin de semana largo de otoño y yo mendigando un rayo de sol, como quien mendiga unos minutos extra de recreo. Ni siquiera el libro es gran cosa y el mate está lavado y tibio.

Me saco el buzo que vengo usando hace dos extensiones de cuarentena. Pretendo que me baña un calor que no existe. Cierro los ojos buscándolo, a ver si capaz en el recuerdo calienta un poco más. Nada. No hay sol. Miro para arriba y no está. Me choco de frente con un rayo que me deja ciego un instante. No encuentro ningún recuerdo en la ceguera, entonces me hago visera y vuelvo a mirar. Es un reflejo. Como cuando éramos chicos y molestábamos al profesor con el reloj apuntándole a la cara para hacerlo parpadear. Es el rebote de un rayo. Ni siquiera da calor. Jode, encandila, pero no calienta.

Es como este feriado, que está ahí, pero no es un feriado de verdad. O como esta cuarentena que nos regala un montón de tiempo que no sabemos usar. Se me viene a la cabeza el mito de la caverna, ese que intentaba explicar el maestro mientras nosotros lo encandilábamos. Si hubiera estado un poco más atento, ahora lo entendería, pero estoy confundido. Me vuelvo a poner el buzo que huele a perro viejo que ya no sale a  pasear.  Me abriga más el olor que la tela. Me hago una bolita entre los almohadones y los hilos naranjas. Me tapo con el codo, porque así nos enseñaron y busco tanteando el libro. Lo agarró con las dos manos y lo abro frente a mi cara. Me tapo del falso rayo, pero en realidad no quiero que ningún vecino me vea llorando. Se humedece la página y entonces pienso que quizás, haya en estas hojas una historia para contar, como ese mito que tanto quiero y no entiendo. Y es este el cuento, que es falso como el rayo y el feriado, pero que por alguna razón, acá está.

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