Estimado Papá Noel


Por Pía Pacheco

Espero que aún siendo grupo de riesgo y viviendo en tierras con transmisión comunitaria de este virus pandémico te encuentres bien.

Reconozco que mi último contacto fue hace bastante. Espero sepas entender los desafíos que impone la adultez y lo complicado de sostener ciertos vínculos. Igualmente estás en mis pensamientos de manera periódica; claramente cada diciembre te trae a mi mente. También te recuerdo con cariño cada vez que veo proyectada en la tele la mejor película navideña de la historia (Duro de Matar, obviamente).

En esta ocasión te contacto para tratar de retomar aquella práctica que solíamos desarrollar tiempo atrás. Sí, esa en la que yo te transmito vía epistolar mis deseos, vos los ignorás y me traés lo que te resulta más apropiado y/o conveniente. ¡Y ojo que no digo esto de mala manera! Me has enviado cosas que me sorprendieron gratamente y que no sabía que disfrutaría tanto.

Puntualmente este año tengo en mente un pedido que creo no haber manifestado aún. Este año, quería pedirte que me traigas mis deseos. O sea, deseo que me digas que deseo. Elfos, renos y tu taller mágico me indican claramente que para vos, el cielo es el límite. Así que te desafío a que te desafíes a encontrar mis deseos y me los traigas. Honestamente, yo no los puedo terminar de dilucidar.

Este año me confundió, me sacó de lugar, me movió y revolvió. En ese mar tormentoso de eventos sorpresivos; de alegrías propias y compartidas; de tristezas mías, de conocidos y extraños que no termino de procesar, la brújula se trastocó y los deseos no termino de ubicarlos..

Pero bueno, si la crisis te alcanzó a vos también, me conformo con una cafetera nueva que la que tenía dejó de andar. Definitivamente no podría seguir en la búsqueda de mis deseos sin café.

Atentamente,

Yo

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