Esclavos 2.0: cuando los presos hacen más ricos a los millonarios


El otro día disfrutando de un viejo -pero nuevo para mí por su inclusión en Netflix- documental de Michael Moore me encontré con una nueva forma de “esclavización” de la cual no tenía idea hasta ese momento. Sí, quizás un poco por ingenuidad y otro poco por desinformación, pero no fue hasta que vi Where to Invade Next que conocí a estos “Esclavos 2.0” de los que apenas se habla en la película pero dejan mucha tela para cortar…

¿A qué me refiero con “Esclavos 2.0”, te estarás preguntando? Simple, diabólico y un gran negoción para unos pocos conocidos -como siempre suele ser-. Las cárceles son el lugar en el que muchos presos buscan “reformarse”, “arrepentirse” y la chance de una “nueva oportunidad”. Pero como su costo es muy elevado para que un país y su población lo costee sin ningún tipo de objeción, los políticos y los empresarios más importantes del mundo encontraron una solución: devolverle a la sociedad a base de trabajo lo que “invierte” en ellos. ¿El problema? De nuevo, beneficio sólo de pocos: empresas multinacionales como Wal-Mart, Victoria Secrets, Microsoft y Nike -entre muchísimas otras- los usan pagando sueldos ridículos por hora de empleo.

Obviamente la película hace referencia a los presos de la gran potencia de nuestro mundo: Estados Unidos. Si tenemos en cuenta que según varios informes presentados en dicho país -como lo es el de la prestigiosa consultora Vera que depende del Departamento de Justicia- el precio de cada preso por año varía entre los 20 mil y 40 mil dólares -teniendo picos de 60 mil en ciudades como Nueva York- es entendible que sus “sponsors” quieran recibir algo a cambio.

Es por eso que dentro de un plan perfecto y bastante perverso inventaron esta nueva forma de esclavización y precarización laboral que afecta a todas las cárceles de Estados Unidos -y seguramente de muchísimos países más. Si bien la esclavitud se abolió con la 13° enmienda en 1865, la imaginación y creatividad de aquellos que mandaban a los negros a los campos de algodón dio con una gran solución para “volver todo a la normalidad”.

El Departamente de Trabajo de Estados Unidos creó en 1996 la llamada WOTC -Work Opportunity Tax Credit- que permite a las empresas que realicen trabajos con presos deducir impuestos, logrando así descuentos millonarios. Pero aunque a primera impresión no parezca algo malo ni raro -¿quién podría estar en desacuerdo en ayudar a un recluso a reinsertarse en la sociedad a través del trabajo?- el mayor inconveniente sale a la luz cuando uno conoce el verdadero precio de esa fuerza de trabajo: la hora es pagada entre 25 centavos de dólar y 1.15 dólares, casi seis veces más bajo de lo que el gobierno establece como tarifa mínima.

Mother Jones, la prestigiosa revista independiente californiana dedicada al periodismo de investigación, publicó hace unos años un informe donde se revelaban qué tareas realizaban algunos de los presos en las cárceles de San Francisco y Los Angeles luego de varias entrevistas y visitas a los diferentes predios. Entre ellas, los reclusos debían procesar carne para empresas de comida rápida, empaquetar café para Starbucks y atender teléfonos de call-centers de AT&T ¿El resultado? Mayores condenas y reclusión en celdas solitarias. En ese mismo informe se reveló que por ejemplo la marca de lencería Victoria Secrets le pagaba a mujeres que estaban en una prisión de California por reemplazar etiquetas que decían “Hecho en Honduras” por otras en las que se leyera “Hecho en Estados Unidos”.

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Pero hay más… Aunque parezca difícil de creer los uniformes que utilizan los empleados de McDonalds en los Estados Unidos están hechos por reclusos que ganan mucho menos por hora de lo que lo hacen quienes los usan detrás del mostrador. Obviamente como este ejemplo hay millones y son los que conviven en esta nueva forma esclavitud del Siglo XXI.

Para unificar esto y darle un marco legal, en 1934 el gobierno de los Estados Unidos creó en las cárceles el programa UNICORN que engloba todos los trabajos realizados por reclusos con el fin de lograr “entrenamiento vocacional”. Aunque esta práctica podría ser bien vista por la mayoría de las personas, hay ciertos puntos que esta empresa gubernamental no tiene en cuenta. Por ejemplo, el higiene y salud en los lugares de trabajo, el buen desempeño y su aprendizaje, así también como la protección en el marco laboral.

Aunque más de 150 años pasaron desde el día que Estados Unidos decidió abolir la esclavitud, está claro que esa no fue más que una forma de esconder un verdadero negocio del que no piensan desprenderse: esclavos, mano de obra barata, grandes corporaciones y millones en manos de unos pocos…

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