En el día del padre, reclamamos presencialidad


Por Loló Fernández Bravo

Actualmente la Ley de Contrato de Trabajo (Ley 20.744), vigente desde 1976, establece solo dos días para que los padres ocupados en el sector privado se tomen licencia cuando llegan sus hijes al mundo, mientras que para las madres la misma norma establece 90 días.

Si bien en el sector público la cantidad de días es menos agresiva, la diferencia es prácticamente la misma, quienes no gestan tienen 15 días pero quienes sí tienen 100 y en la Ciudad Autónoma cambia apenas, 14 días para los padres y 105 para las madres.

Como el problema no es solo argentino, como tampoco la alegría es solo brasilera, en muchos países latinoamericanos pasa lo mismo, o peor, como en Honduras, Costa Rica y Cuba que directamente los progenitores cuentan con CERO días de licencia. Panamá, El Salvador, Bolivia, Guatemala y República Dominica nos hacen el aguante ¿aguante? con dos días cada uno y entre los países que mejor están, con 14 días, se encuentran Paraguay y Venezuela.

Si todavía no sintieron indignación, detalló lo que pasa del otro lado del charco, tanto Finlandia como Suecia comparten la misma cantidad de días entre las dos partes, en el primer caso con 14 meses, si si catorce, y en el segundo con 16. Chau me voy. Pero no solo eso sino que en Suecia se establece de manera obligatoria que tanto la persona que gesta como la que no deben tomarse tres meses cada une. Y podría seguir pero quiero que sigan leyendo.

En este día del padre, reclamen sus DERECHOS

PaternarL es una de las campañas impulsadas por distintos grupos de varones que reclama “ampliar la licencia por paternidad a 30 días con carácter obligatorio y remunerado”. Por su parte, GROW, una organización que trabaja para lograr una sociedad más igualitaria, también comenzó a visibilizar la diferencia que existe entre las licencias y el derecho a cuidar.

¿Cuál es el problema de los dos días? 

Que los padres no tengan ni hayan tenido disponibilidad para ocuparse de las tareas de cuidado produce que a través de los años esta responsabilidad recaiga sobre las madres y otras identidades feminizadas. Lo cual tiene consecuencias en cómo se posicionan en el mundo laboral, ya conocemos la forma de pensar de muchos sectores que prefieren contratar personas que no gestan por el simple hecho de que no se van a ausentar del trabajo ni les van a tener que seguir pagando el sueldo durante esa licencia.

Por otro lado, de esta manera se les niega el derecho a cuidar a las personas no gestantes y el derecho a ser cuidados por ellos, ellas o elles a les hijes. Lo cual afecta fuertemente sus vínculos.

¿Para qué quiero más días?

Cuando el clima en casa se pone hostil, se suele pensar que es mejor estar afuera pero en la etapa de crianza mientras que en casa se quedan los llantos y los pañales sucios también lo hacen muchos momentos que después no vuelven a suceder y perdérselos es el castigo por no haber estado, tan sencillo como eso.

El problema se agrava cuando notamos que las relaciones no son las mismas y es lógico que así suceda, si la primera palabra la dije con mi mamá y del primer pasó le hablaron a mi papá un mes después de que sucedió o si la que siempre me recibía a la vuelta del colegio era la señora del delantal de cocina y el señor del camión o el del maletín o el de la caja de herramientas venía solo los fines de semana o lo veía solo en la cena, entonces es razonable con quién voy a tener más afinidad. Y no es que esté bien o mal porque así estaban digitadas las cosas pero hoy es hora de cambiarlo.

Si hoy nos organizamos podemos lograr que no haya diferencias en quién recibe y da más amor transformado en horas de dedicación. Si hoy nos organizamos podemos lograr que no haya diferencia a la hora de elegir a una persona para que ocupe un puesto de trabajo más que por sus habilidades y conocimientos. Si hoy nos organizamos podemos lograr un sistema de cuidados integral.

Hay luz al final del túnel

En julio del año pasado se conformó la Mesa Interministerial De Políticas De Cuidado y se puso en discusión que la redistribución de las tareas del cuidado es un problema público con el objetivo de implementar políticas integrales que ayuden a reconocer al cuidado como una necesidad, un trabajo y un derecho, -tanto a cuidar como a ser cuidades- en todos los tipos de familia; y a redistribuir las tareas entre varones, mujeres y otras identidades, y entre los hogares, el Estado, las empresas y las comunidades.

Aparentemente el cambio va sucediendo, aunque estamos a la espera de novedades para confirmar que definitivamente vamos avanzando.

Así como las feministas tomamos como bandera la frase “Eso que llaman amor es trabajo no pago” de la filósofa Silvia Federici para reclamar que los cuidados sean repartidos, hoy quienes eligen paternar deciden tomar sus cartas y jugar su juego en pos también de la igualdad de derechos, porque al final es lo que queremos todes.

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