El universo es un oasis


La primera que vez que escuché hablar de una cosa así, fue hace varios años en una clase de saxo. Mi profesor — que es un personaje muy particular —me contó que en uno de sus “lunes de ciencia” —noches que destina a ver documentales de este tipo —quedó revolucionado con la idea de que el universo es una simulación. Me lo dijo porque yo le conté que acababa de empezar a dar clases de física en la facultad y habrá pensado que tenía un freak con quien compartir estas cosas, pero en aquel entonces yo no tenía idea de lo que hablaba, así que le puse la cara que estás poniendo vos ahora.

Lo loco es que este concepto que nos parece tan vanguardista como increíble, es algo de lo que se viene hablando desde hace más de 2500 años. Ya Parménides, en el siglo VI a.C., desconfió de la realidad diciendo que con nuestros sentidos no podemos obtener nada que valga la pena, porque son demasiado rudimentarios. ¿Y Platón? ¿Se acuerdan del mito de la caverna? Plantea que lo que percibimos son sombras proyectadas del entorno real y la única manera de trascender a este “mundo sensible” es a través de la razón. Pirrón, que fue el fundador del escepticismo filosófico, dudaba incluso de las conclusiones que se pueden alcanzar a través de la deducción y cuestionó todo lo alcanzado por el gigantesco Aristóteles. También Descartes con su frase “pienso, luego existo” o la hipótesis del genio maligno —del Dios que nos engaña— y así podríamos seguir con distintas variantes que se van aggiornando hasta la actualidad.

El filósofo contemporáneo sueco Nick Bostrom plantea, en su hipótesis de la simulación del 2003, que es muy probable que nosotros no seamos la primera civilización tecnológicamente avanzada y que antes debió haber existido otra con sistemas de computación muy desarrollados que generó el holograma en el que vivimos. Si nosotros mismos usamos simulaciones en computadora para predecir fenómenos como el calentamiento global o las características de la próxima pandemia, ¿por qué no podríamos estar programados para investigar, por ejemplo, el impacto de la inteligencia artificial en una civilización? O simplemente para vivir mejor que en el planeta anterior que ya arruinamos…

Si pensamos en el poco tiempo que pasó desde que se inventó la computadora y la calidad de la realidad virtual que conseguimos, esto no suena tan disparatado, ¿cuánto puede faltar para que lleguemos a reproducir sensaciones como la de estar sosteniendo, viendo y escuchando el aparato que estás usando para leer esta boludez? ¿10? ¿20? ¿50 años? Tranquilamente podríamos ser un cerebro conectado a cables dentro de una pecera que recibe información del exterior o un Neo que atraviesa los universos al mejor estilo Matrix.

Vos me dirás, ¿cómo está tan seguro este tipo de que la nuestra no es la primera civilización con tecnología tan avanzada? Bueno, pensemos que La Tierra tiene 4500 millones de años y el universo, según la teoría actual, 14000 millones de años. Cada estrella que vemos en el firmamento corresponde a un sistema solar con planetas girando alrededor suyo. Desde acá, apenas vemos las que pertenecen a nuestra galaxia, la Vía Láctea, pero sabemos que hay infinitas de ellas. Y ahora te pregunto yo a vos, ¿Cuál es la probabilidad de que seamos la primera especie con sistemas de computación desarrollados?

El problema para Bostrom viene a la hora de desafiar su hipótesis, ¿cómo demostrar que vivimos una mentira si la realidad nos engaña?  ¿porqué le creeríamos? Y suponiendo que hubiese pruebas fehacientes… ¿cómo reaccionaríamos como sociedad si llegásemos a esta conclusión?… ¿y el antecesor que nos inventó?… ¿si se calienta y nos desconecta?… Aunque parezca una estupidez, este es el principal argumento de los detractores de la teoría: si hubiese un ser superior que creó esta proyección para nosotros, no dejaría evidencias y mucho menos permitiría que nosotros las descubramos. En ese caso, nuestro objetivo como civilización programada llegaría a su fin. Al margen, si esto sucediera y mi cerebro flotador no muriera en el transcurso, creo que se sentiría muy orgulloso, ya que, por primera vez, le hubiésemos ganado al sistema. Así de mediocre soy.

Esta hipótesis tiene su correlato físico en el principio del universo holográfico, más complejo y fundamentado con experimentos, pero que no arriesga pronósticos sobre el generador de la ilusión. Lo que plantea es que la imagen en tres dimensiones que nosotros percibimos, es una representación de un código binario grabado en el horizonte cosmológico que se produce a bajas energías y escalas macroscópicas, es decir en el contexto de la superficie de nuestro planeta. Este concepto se construyó con el correr del siglo XX a partir de fenómenos como el desarrollo de la mecánica cuántica, la interpretación de Copenhague y el principio de la incertidumbre de Heinsenberg, que establecen que un objeto no tiene una ubicación determinada en el espacio-tiempo, sino una probabilidad de aparecer en ese lugar, que solo se materializa cuando nosotros lo detectamos. Simplificando muchísimo, quiere decir que para que las cosas existan tenemos que estar nosotros para mirarlas o como explican Moledo y Olszevicki en su libro Historia de las ideas científicas: “Nada es real salvo que sea observado, y cesa de ser real en cuanto se detiene la observación”.

Sé que todo esto es un delirio y en el caso de que sea cierto, también es tremendamente angustiante, pero ¿Cómo te creés que se sintieron nuestros antepasados cuando les dijeron que la Tierra gira alrededor del Sol y que el universo no fue creado para ellos?… ¿O que somos primos lejanos de una bacteria?… ¿O que nuestra existencia es el resultado fortuito de un accidente geológico?…

De lo único que podemos estar seguros es que nuestros sentimientos y pensamientos son reales. Todo lo demás no importa. Por eso te recomiendo que beses a tu pareja, acaricies a tu mascota, subas la música y te pongas a bailar en tu cuarto, porque si esto sigue así, nos apagan la compu en cualquier momento.

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