El Peso Muerto


Me desperté cuando sonó su despertador a las siete de la mañana. Yo todavía tenía un par de horas para seguir durmiendo, pero me costó volver a encontrar el sueño. No supe bien por qué. Venía de un domingo libre, me tocaba un lunes de trabajar una hora menos y además se me venía el martes también libre. Así y todo tardé en dejarme llevar por la ensoñación que cuando por fin llegó fue como un balazo de cañón. Me dejó tirado de costado sobre mi lado derecho como un cuerpo inerte y pesado. El famoso peso muerto.

A eso de las nueve y pico sonó mi alarma. Más de la mitad de mi persona pudo levantarse con esfuerzo, pero cuando quise mover el brazo, una fuerza gravitatoria despiadada lo dejó pegado al colchón y doblado como si fuera el cuerpo de un cisne moribundo. 

Salté de la cama y empecé a tratar de despertarlo a las piñas, pero nada. Debe ser un ACV, pensé. La pierna derecha la tenía un poco atontada pero pudo mantener mis noventa kilos en pie mientras yo seguí golpeando el miembro sedado, ahora contra la pared cada vez más fuerte.

Al cabo de unos minutos salió del letargo. Sentí la sangre tímida salir del piquete. Fue un alivio a medias. Un aviso. Todo puede morir en cualquier momento y todo también, puede estar muerto hace tiempo. 

Ahora es de noche otra vez y estoy tirado en la cama y me cuesta dormirme. El insomnio es un sentimiento puramente vanidoso. Mientras más lo pensás, más se queda. Mañana tengo el día libre. Eso ya lo sabía desde antes. El problema es que ahora también voy a tener libre el miércoles, el jueves y el resto de la semana. En ese lapso entre la mañana del brazo muerto y esta noche donde mi cuerpo yace sin poder morirse sobre el colchón, mi jefa pasó a ser mi ex jefa. 

Aprovecho el silencio y la oscuridad para intentar meterme lo más profundo dentro mío. Todavía hay algo de olor a vivo, pero sé que si no hago nada, de a poco el brazo se va a empezar a pudrir otra vez. ¿Pero qué hago? Quizás rezar, meterme en el lisérgico mundo de la religión. No puedo. A la mitad de la señal de la cruz me rasco la panza. El catolicismo no es lo mío. Mirá que mis viejos lo intentaron, vaya si lo hicieron, pero nunca me autopercibí cristiano. ¿Judaísmo? Qué sé yo, trabajé un par de años en un colegio de la colectividad, algunas cosas aprendí. No, no puedo, tienen demasiadas restricciones. No conozco muchas otras religiones mainstream. Para rezarle a Alá hay que ponerse de frente a La Meca y no tengo idea para donde es. Además estoy preso del prejuicio sobre el que nos educa a diario Netflix sobre los musulmanes. ¿Por qué no pruebo el budismo? Está bien visto, es cool, es zen. Vení acá ¿A dónde te pensás que vas? ¿Quién creés que está hablando acá? Soy yo, tu ansiedad. El único Nirvana que conocés es el que te ponía tu hermano para no dormir en los noventa. ¿Por qué de paso no te hacés amigo de la astrología a ver qué pasa? Era un chiste, che. No vayas a echarle la culpa a la Luna de tus problemas existenciales, no seas tan vago. Ni a tu signo, que encima cada vez que lo nombrás todos te miran cómo si te llevaras el mundo por delante cuando hace rato venís corriendo como Indiana Jones para que no te aplaste el planeta, la vuelta al sol y el Mercurio retrógrado. 

¿Qué hora es? Deben ser como las dos de la mañana. Cómo tira la gravedad, seguro hay luna llena, algo así me explicaron hace un par de noches. Filosofía de bar. Algo que ver con las mareas. Pero yo no tengo ni luna ni signo, solo este peso muerto tirado sobre el colchón. Depende de vos. Un miembro a la vez. Primero la pata izquierda porque vos elegiste ese lado de la cama y empezar cada día con ese pie. Después el derecho y a caminar. Hacé silencio, buscá la ropa, ponete las zapatillas y a ver si empezás a correr que ningún dios ni el poder de los astros te van a empujar. Dale, aprovechá que la noche está fresca y se siente el viento en la espalda.

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.