El mejor ladrón del mundo.


Un día como hoy de  1889 Thomas Alva Edison proyectaba en su “fábrica de inventos”, como le gustaba llamarle, la primera película. Hacen ya 127 años, tiempo suficiente para que nos maravillemos, nos enamoremos y nos aburramos. Imagino cómo se relajó y deleitó esos escasos segundos al ver su kinetoscopio reproduciendo imágenes.Y como rápidamente volvió al trabajo.

El genio consiste en uno por ciento de inspiración y noventa y nueve por ciento de sudor

Creo que eso es lo mejor que nos dejó. Lamento confesarles que el título de este artículo es solo para llamar la atención, de ninguna manera busco alimentar a los viles detractores de este inmenso soñador, a pesar de que mi religión no me permita contradecir a Los Simpsons.

Para no terminar en otra aburrida biografía voy a destacar los aspectos de la vida de Thomas que más me gustan.

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Como tantos otros genios Edison fue despreciado en la escuela, a la que asistió solo durante 3 meses a los siete años, tiempo que le tomó a su maestro para juzgar que no servía. Su educación la completaron su madre, una de esas heroínas encubiertas que tienen las historias, y su voraz curiosidad que no lo abandonó nunca. A los ochenta y tres años Thomas obtuvo su patente número 1093, la última.

Decir  “tantos otros genios” sin dar ejemplos, no es justo. El científico Michael Faraday, que sin terminar la escuela desarrolló el primer motor eléctrico de la historia e hizo grandes avances en el campo de la electricidad. Como a tantos otros, inspiró más que nadie al joven Edison. El libro “Experimental Researches in Electricity”, que compró con el fruto de su trabajo a los 21 años,fue su biblia. Sobre todo porque le sirvió para entender que no requería de fuertes bases académicas para ser una de las personalidades más trascendentes de la historia.

También a los 21 años Thomas desarrolla su primer invento, un contador de votos. Una maquina con dos botones, que registraba las veces que se pulsaba cada uno. No hay dudas de que debió ser un ingenioso artefacto, pero no fue suficiente para los miembros del Congreso al que se lo ofreció, ya que no brindaba muchas ventajas respecto del antiguo sistema. Edison aprendió algo que lo marcaría para siempre: ante todo un invento tiene que ser útil.

En mi humilde opinión esta reflexión le jugó tanto a favor como en contra. Siempre persiguió inventos de gran practicidad y con excelente salida comercial que le permitieron hacerse rico y famoso para continuar su carrera.  Pero también abandonó muchos otros que hubiesen sido revolucionarios por no verles futuro en el mercado. También, hay que ser justos, por no tener una base académica que le permitiese visualizar su impacto.  Un buen ejemplo es el Kinetoscopio, que abandonó siendo una caja que, a cambio de una moneda, reproducía imágenes durante pocos segundos. Los hermanos Lumiere completaron su camino, desarrollando un cine más parecido al que conocemos hoy en día.

¿Quién es el ladrón entonces?

Se lo acusa de ladrón de inventos por su obra más famosa, la lámpara incandescente. Esta idea, concebida por Joseph Swan, consistía en hacer pasar electricidad por un filamento metálico, generando luz y calor. Swan no pudo llevar su lámpara a la fase comercial porque los materiales que probó como filamento se fundían en menos de un minuto. ¿Saben que hizo Edison?… se sentó pacientemente a probar distintos materiales. A medida que pasaban sus pruebas se daba cuenta que dar con aquel que condujera la electricidad sin fundirse por el calor iba a llevar mucho más tiempo del que pensaba. Incluso mandó colaboradores a Sudamérica, Japón y Sumatra a buscar fibras que puedan servir para su lámpara. Y despacito y con saliva…. Edison descubrió que el bambú carbonatado duraba más de 40 hs antes de descomponerse por calor, llegando así a la primera bombita que alumbró dos días.

Lo que lo llevó a Edison a hacer este gran esfuerzo fue que entendía  más que nadie que si daba con ese material iba a cambiar para siempre la historia de la humanidad… y mostrarle a su viejo maestro que estuvo a punto de desanimar al más grande inventor de todos los tiempos. Así lo hizo.

Entre los tantos otros trabajos de Edison se pueden destacar sus aportes para mejorar el teléfono de Graham Bell, también el fonógrafo que ayudó al cine a dejar de ser mudo y el micrófono de carbono. Mucho más que estos obsoletos inventos me gustan sus ingeniosas frases, así que me voy yendo con otra.  Una de la cual los argentinos deberíamos aprender, ya que nos encanta utilizar esta dañina palabra:

“No he fracasado. Solo me he topado con 10000 maneras que no funcionan”

Creo que la única moraleja aquí es entender que si uno quiere ser algo, lo es. Tiene toda su vida para demostrarlo.

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