Ningún payaso


Siempre pensé que mi humor era demasiado moderno y sofisticado para reírme de un señor haciendo “clown”. Por eso creía que las películas de Chaplin solo podían gustarle a mayores de 60 criados en otra época. Como tantas veces, estaba equivocado.

Ahora converso, como buen pastor de la iglesia chaplineana estoy decidido a difundir la palabra para purgar mis pecados. Por eso voy a escribir un breve comentario sobre las tres pelis de este mostro que más me gustan. Como no puedo ordenarlas por preferencia voy hacerlo según las fui conociendo.

Ya había revuelto el cajón entero de pelis de mi hermana (Estudiante de diseño de imagen y sonido) y las había visto casi todas. “Apocalypse Now”, “Taxi driver”, “Blue Velvet”; ufff, no fallaba, cualquier cosa que sacara era increíble. Pero se me estaban acabando. Por un clásico prejuicio juvenil esquivaba aquellas que fueran en blanco y negro, porque pensaba que tanto tiempo atrás todo era demasiado diferente y las obras viejas no iban interesarme.

En eso, encuentro una caja plástica conteniendo “Monsieur Verdoux” (1947). De entrada me sorprendieron las imágenes del estuche. En las escenas carlitos no estaba haciendo de payaso rídiculo o huyendo de una masa de gente en cámara rápida, sino que aparecía en una foto seduciendo a una mujer, en otra preparando una pócima y así. Leí la sinopsis. Un cincuentón que se casaba con señoras millonarias y las envenenaba para quedarse con sus fortunas. Luego, viajaba, cambiaba de vida y volvía a empezar.  Miralo al viejito piola, pensé, le voy a dar una oportunidad…

Y no me arrepentí para nada, es un peliculón. No hay prácticamente “clown”, todo lo contrario, interpreta un personaje frívolo y egoísta cuyo único interés es el dinero. Convence de punta a punta y hasta le imprime un toque de gracia que le da cierto morbo. Ahora entrados en el texto quiero aclarar que no tengo nada contra este arte, cuando le agarre el gustito me empezó a encantar.

Inmediatamente seguí con otras que encontré en ese manantial de la alegría que era para mí el cajón de mi hermana. La siguiente fue “Candilejas” (1952), la historia de un payaso que pasa de moda. Imagínate si no era consciente Chaplin de que sus artes podían volverse anticuadas y obsoletas con el paso del tiempo. Otra vez, la profundidad de las sensaciones en las que logra sumergirte con el pasar de la escenas y las actuaciones, me emocionan mientras escribo. Cuando hay una buena historia, todo lo demás son adornos, esta fue una enseñanza invaluable. Me impactó en serio, no tiene nada que envidiarle a las películas a color en HD y llenas de estímulos visuales. Me sorprende como un hombre sólo pudo lograr que un joven  más de 50 años más tarde lagrimee en el sillón de su casa. Digo “sólo” porque para el que no sabía Chaplin era actor, director, guionista, productor, tiracables, cadete, cocinero, demás.

La tercera que me gustaría mencionar es “El Gran Dictador” (1940). Esta, al ser un poco más antigua que las otras dos, sí mezcla interpretación y drama con algo de “clown”. Pero para ese entonces ya era un fanático subjetivo. En esta, cuenta la historia de un soldado judío, barbero de oficio, cuyo avión cae escapando de la primera guerra mundial. Pierde el conocimiento y permanece internado por largo tiempo, hasta que lo recobra y vuelve a su vieja barbería en Tomania (parodia de la Alemania nazi) para continuar con su vida. Pero los tiempos han cambiado y los judíos viven soportando los abusos de los militares de la dictadura, lo cual hace que el barbero se enfrente con ellos en reiteradas ocasiones.

barbero-judio

Chaplin también interpreta al dictador Adenoid Hynkel que tiene un gran parecido con el barbero judío. En una de las escenas estos personajes son confundidos y el judío es llevado por sus subordinados a un importante acto. Sin entender nada lo que sucede, el barbero se encuentra ante una multitud fervorosa, y ansiosa por escuchar su discurso.

De repente en esa escena Chaplin se para frente a un atril y expone a viva voz, reflexiones sobre la humanidad verdaderamente conmovedoras, que podrían encajar perfectamente en el mundo de hoy y en nuestro contexto actual. Recordemos que la peli es del 40´ y la segunda guerra mundial recién se desataba. Luego siguieron infinitas producciones de hollywood para dejarnos bien en claro que los nazis fueron lo peor que de la historia, pero en ese momento era toda una novedad. Todavía mucha gente (Aún hoy en día sucede) estaba convencida de que no todos somos iguales.

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En el trascurso de la peli hay miles de escenas impresionantes. En una que me quedó grabada, el gran dictador saltaba y bailaba muy armonioso  mientras impulsaba hacia arriba un globo terráqueo inflable que subía y bajaba al ritmo de la música. Ver a Hynkel jugar de esa manera con el mundo me pareció una combinación de belleza y sátira que jamás volví a ver (o al menos no lo recuerdo). En otra muy divertida, recibe a Benzino Napaloni (Benito Mussolini interpretado por Jack Oakie) en su oficina, pero el egocentrismo de sus personalidades impide que su reunión se desarrolle como esperaban.

Al no disponer de las herramientas que hay en la actualidad, las películas tenían que tener tramas sustanciosas, con muchas capas y personajes profundos. A mi por lo menos, hoy en día, solo me produce sensaciones parecidas el buen teatro.

Charles spencer Chaplin, a lo largo de su vida, ganó miles de premios y reconocimientos. Su nombre esta en el muro de la fama de Hollywood desde 1970, ganó el Oscar honorífico en 1928 e  incluso fue candidato al premio Nobel de la paz en 1948.  Pero no hay mejor recuerdo de este artista que sus innumerables obras inmortales. Y lo mejor es que están ahí, en el fondo de un cajón o plataforma virtual, esperando a que vos te decidas y las veas.

 

Diseño de imagen de portada por Pablo Vio.

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