El fútbol, mi relación más tóxica


No sabía lo que te iba a extrañar y mucho menos lo que te terminé extrañando. Pero falta poco, en unas horas por fin vuelvo a verte. Y no sabés la alegría que me genera. Pensé que iba a ser mucho menos tiempo y hasta mi inconsciente jugó con esa sensación de “un tiempito sin vos no va a estar nada mal”, pero hoy te digo con total sinceridad que te necesito para vivir. Por lo menos, para vivir feliz. 

Tengo ansiedad por verte de nuevo. Esa que me hace comerme los pellejos de todos los dedos de la mano. La que hace que no quede ni uno vivo y que hasta por momentos vea brotar unos hilitos de sangre que me generan ardor en el cuerpo. Una electricidad que gusta y molesta al mismo tiempo. Pero no me importa nada, el simple hecho de imaginarme gritando un gol desaforado en el living de mi casa es suficiente para anestesiar ese dolor insurgente y pensar con tranquilidad en la cerveza fría que me voy a tomar en un rato. Esa que compré especialmente para hoy, para brindar con vos. Por nuestro reencuentro y para que no nos volvamos a separar así nunca.  

¿Cuántos meses pasaron? ¿Cinco? ¿Seis? ¡Una eternidad! Te confieso que te fui un poco infiel y vi varios partidos de la liga inglesa y española. Y hasta en algún momento casi te olvido entre tardes de Champions y UEFA, pero la verdad que no hay nadie como vos. Puedo gritar un gol de Messi en un último minuto o ilusionarme con una gambeta de Neymar, pero cuando te veo a vos esos jugadores me aburren. Son un embole. No se comparan ni ahora, ni nunca. 

Ahí me doy cuenta de este amor medio tóxico y adictivo que tenemos. Por fin entiendo lo que es un mundo sin vos y me doy cuenta de lo importante que sos en mi vida. Quizás no lo sepas, o probablemente te hagas el boludo, pero deposito en vos muchas de mis frustraciones. Te grito una puteada porque si se lo hago a mi jefe me echa a la mierda y te lloro una copa perdida porque si lo hago por amor creo que no me darían los días para secarme los ojos. Te sueño porque mi inconsciente quiere ser feliz igual que el día que ganamos el torneo local y te canto sin vergüenza porque no necesito afinar para demostrarte lo que siento. Sos ese saco de boxeador que recibe piña tras piña y aguanta. Te bancás que me haga el técnico aunque los dos muy bien sabemos que no paso de un 4-4-2, y soportás que me rebaje a una chicana de un amigo cuando sabés que odio entrar en ese ida y vuelta. Pero por vos, lo hago. 

Quiero mentirte también y decirte que el covid, la cuarentena, el parate y la falta de entrenamientos son excusas perfectas para bancarme como un rey un gol en contra o un partido perdido. Pero la verdad es que fue tan larga la espera que algo así me amargaría mucho. Posta. 

Pero no te preocupes. Me preparé mentalmente para esta seguidilla larga que se nos viene. Me preparé como los osos pardos que hibernan en invierno para llegar al verano con todo o como esas víboras que se esconden semanas para poder cambiar su piel sin que se las coma algún wacho. Me preparé porque no quiero volver a pasar más meses sin vos y porque ahora entiendo que esta relación es para toda la vida. 

Ya está, por hoy no te molesto más. Dejo el sentimentalismo un poco de lado. No quiero emociones fuertes antes de por fin ver rodar la pelota. Tengo todo listo para maridar nuestras noches con unas birras bien frías o un fernet muy empalagoso. Como sé que a vos te gusta. Así que, ahora sí, te tiro la pelota a vos y te espero ansioso con un abrazo de gol.

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