El desafío del trabajo formal para trans, travestis y no binaries


Por Loló Fernández Bravo

Casi llegamos al primer cuarto del siglo XXI, estamos cerca de que el mundo sea manejado por máquinas, si es que todavía no llegamos a eso y todavía hoy existen personas que  son expulsadas de sus hogares por no cumplir con la heteronorma, al mismo tiempo se les niega su verdadera identidad y se las excluye tanto del sistema estudiantil como, en consecuencia, del laboral. Me refiero a las personas travestis, trans y no binaries. 

Elles sí que saben de luchar por el respeto de sus derechos fundamentales, así como también de que sean vulnerados. Vicky, Pol, Tatiana y Manu nos contaron un poco sus historias y en ellas encontramos discriminación en edad escolar, expulsión de sus hogares y miradas estigmatizantes en los espacios de trabajo, sin embargo hay un denominador común en cada una, la fuerza para seguir adelante, luchando y construyendo sus vidas trans, travestis y no binarias en un lugar de respeto, dignidad, alteridad y cuidado

 

La escolaridad y la academia

Vicky tiene 44 años, es de zona sur y se identifica como travesti. En el jardín ya tenía las cosas muy claras, sabía lo que le gustaba y lo que no, acorde a lo que plantea la psicología, que entre los dos y los tres años les niñes desarrollan su identidad de género. Pero a medida que iba creciendo y con ella sus pares, el mundo de les bajites perdía su sencillez, ya no se trataba solo de jugar con las nenas en vez de con los nenes o jugar con muñecas en vez de con autitos. 

“En la primaria la pasé muy mal, recibía mucha violencia verbal y física y no tenía el apoyo de las maestras, como no tenían una base de perspectiva de género se hacía mucho más difícil”, recordó Vicky.

Como por suerte la vida es un subibaja su paso por la secundaria tuvo otro color, “había más empatía de ambas partes tanto de hombres como de mujeres”, afirmó. Sin embargo, entre faltas y cansancio para cuarto año Vicky había dejado sus estudios en stand by y ante la histórica dicotomía: estudiás o  trabajás, eligió la última. Pero no bajó los brazos, después de trabajar un tiempo volvió al ruedo con el plan FinEs para terminar el último tramo de sus estudios. Aunque otra vez la violencia de sus compañeres y su actitud de no bancarse ni un chiste homofóbico más la hizo salir de ese lugar que nuevamente se había convertido en tóxico.

Algún tiempo después, en otro lugar Pol de 27 años, masculinidad trans del conurbano bonaerense que se identifica con los pronombres masculinos, terminó el secundario y hoy cursa la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Cuando terminó el colegio, como muches, no sabía que quería hacer así que comenzó animando fiestas infantiles, un trabajo informal y mal pago. 

Por su parte, Manu Mireles de 42 años, es una persona trans no binaria que usa el pronombre ella y se describe como “una marica migrante que nació y creció en Venezuela y vive en Argentina hace 13 años”. Tiene un currículum digno de leerse detalladamente, estudio Ciencias de la Educación, Políticas Públicas, es Doctora en Estudios y Políticas de Género de la UNTREF y docente en la misma casa de estudios y en la UBA, secretaria académica y socia fundadora del bachillerato popular travesti trans Mocha Celis y cómo si todo eso fuera poco, es capacitadora nacional en Educación Sexual Integral con perspectiva de diversidad sexual. ¿Escucharon la frase: “tomá pa’ vo’?

 

 

Esto es el Mocha Celis

 

Foto Mocha Célis

“La Mocha” como la llaman quienes la conocen, es una escuela secundaria gratuita que busca la inclusión de personas trans y travestis en la educación formal para subsanar la discriminación estructural que enfrentan sistemáticamente. Este lugar llegó a la vida de Vicky para que pudiera terminar sus estudios, “fui un martes y me dijeron que el miércoles podía empezar. En el 2019 egresé, fui abanderada y delegada de mi curso. Mi paso por el bachi fue algo maravilloso, te dan ganas de seguir yendo y no te querés ir más”. Esta luchadora a capa y espada no se contentó con eso y además comenzó la Licenciatura de Trabajo Social en el Instituto Universitarios Madres de Plaza de Mayo, en la cual continúa cursando actualmente.

 

Foto de Vicky el día de la graduación

Por ahí dicen que el saber no ocupa lugar y elles lo sabían. Tatiana usa pronombres femeninos, se considera travesti “en el único sentido de la palabra, el de no encajar en la norma” aclara, tiene 30 años y nació en la provincia de Córdoba. Terminó el secundario, estudió una carrera de composición coreográfica en métodos contemporáneos, cursó hasta tercer año de educación física e hizo dos años de cine y televisión en la Universidad Nacional de Córdoba, hasta que desistió del estudio porque no le generaba rédito. 

Les cuatro encontraron un lugar en los libros, una meta que podían cumplir, un título que les reconocía, ahí sí les reconocían.

 

Trabajo Travesti Trans

El Decreto 721/2020 “establece que las personas travestis, transexuales y transgénero, que reúnan las condiciones de idoneidad, deberán ocupar cargos en el sector público nacional en una proporción no inferior al 1% del total de los cargos” pero ¿Qué pasa con las personas que tienen otras aspiraciones y no quieren trabajar en el Estado? ¿Y con las que buscaban trabajo antes del 2020? 

El primer trabajo de Vicky se lo consiguió su papá en una empresa de limpieza, la jornada era de 12 horas e incluía los sábados. Pero como su historia no se trata de bajar los brazos, enseguida empezó a estudiar peluquería, se recibió y pudo dejar el trabajo de limpieza para comenzar con el de estilista. Y la historia sigue, a poco de terminar en la Mocha la llamaron de un trabajo. 

“Me llamó el que hoy es mi jefe y me dijo que mis compañeros, compañeras y compañeres me iban a ayudar a aprender. Empecé a laburar y tuve su apoyo pero igual fue difícil porque la imagen que la mayoría de la sociedad tiene sobre nosotras es paradas en una esquina laburando de prostitutas, entonces ver a una travesti trabajando en una oficina a muchos les descolocó el cerebro”, explicó Vicky. 

Hoy desarrolla sus tareas en el área de Recursos Humanos y como es parte del colectivo LGBTIQ+, tiene perspectiva de género y estudia en el Instituto de Madres de Plaza de Mayo donde decidieron que era la persona indicada para guiar a sus compañeres en temas como identidades, cuerpos trans, ley de identidad de género y cupo laboral, entre otros.

Pol también pasó por el ojo acusador. En el trabajo anterior al actual comenzó su transición, primero se autopercibió cómo persona no-binaria y luego como masculinidad trans. Fue un proceso incómodo porque estaba expuesto en un espacio hostil por lo cual no podía ni siquiera imaginar plantearlo en el trabajo. En ese momento era recepcionista en una escuela especial a la cual entró por una persona conocida. El tiempo corrió y a través del grupo de la Asamblea Trans Travesti No Binaria que lucha por el acceso a la salud integral, circuló una búsqueda laboral que le interesó y lo convirtió en la primera persona trans en ingresar a la oficina de la Dirección General de Infracciones y Faltas del Gobierno de la Ciudad. 

Pero como los derechos que se pueden vulnerar son varios, las personas trans y travestis están expuestas a esto a altos niveles. Para dimensionarlo, desde la Mocha nos afirmaron que, la edad promedio de las compañeras cuando las expulsan de sus casas es de 13 años, esa es la realidad del 90% y de ese total el 70% declara no querer ejercer el trabajo sexual pero es su única opción porque históricamente nadie contrata a una trava y las oportunidades si no tenés educación se limitan un montón”. Sin contar que el 65% de las travestis y trans viven alquilando habitaciones o pensiones y el 3,6% está en situación de calle.

En este sentido Tati nos contó que siempre fue artista y que la familia la expulsó de su casa a los 10 años, a partir de ahí hizo su camino en la calle y se hizo la mujer fuerte que es hoy, vivía en una plaza y se la rebuscaba barriendo veredas para poder comer y terminar la primaria. A los 16 volvió a tener la oportunidad de vivir en una casa y nunca dejó la danza, a los 17 comenzó a gestionar sus propios espectáculos, trabajó como vogue dancer en boliches y más que nada bancó la movida nocturna. 

También trabajó en un call center que le permitió realizar su ampliación de mamas y desde ese momento el mercado laboral comenzó a darle la espalda, “de ahí en adelante me quedé sin la oportunidad de acceder a un trabajo formal y como necesitaba dinero lo comencé a autogestionar, empecé a dar clases con lo que estudié de educación física hasta el 2015”.

“Desesperanzada porque no veía posibilidades de crecimiento y con la necesidad de un espacio porque andaba girando de acá para allá, decidí dedicarme al trabajo sexual. Empecé trabajando en Córdoba, a los 6 meses empecé a viajar hasta que vine a Buenos Aires y me instalé porque había una alta demanda de trabajo sexual”.

Foto de Tati (Tatiana)

 

Que sea cupo laboral para todes

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tenemos decreto sobre el cupo laboral pero todavía no tenemos Ley Nacional. De igual manera el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación se anticipó y dio lugar a las inscripciones en el Registro de Anotación Voluntaria de Personas Travestis, Transexuales y/o Transgénero aspirantes a ingresar a trabajar en el Sector Público Nacional. Mientras tanto, al otro lado de la ciudad de la furia, en la provincia hace 5 años se sancionó el Cupo Laboral Diana Sacayán. 

Pero como no todo lo que brilla es oro, sabemos que el porcentaje de personas travestis y trans ocupando puestos en trabajos formales es mínimo y en otro orden de las cosas, podemos decir que ocupar una posición en algún rincón de la gestión estatal no es suficiente y no solo por los límites que eso significa para las ambiciones de las personas sino también porque es necesario educar al contexto. De hecho Vicky nos contó sobre la explosión cerebral que sufrieron sus compañeres de trabajo cuando la vieron desfilar por los pasillos.

Pol también nos transmitió su visión, “no hay una concientización y capacitación de la gente heterosexual y cisgénero sobre  las identidades trans, travestis y no binaries, entonces es complejo pensar la implementación del cupo  en algunos espacios laborales, en mí experiencia siento que todavía falta para que nosotros, nosotras y nosotres podamos habitar de manera plena y cómoda sin que nos resulte hostil el espacio laboral”.

“Se nos niega el amor, el sistema educativo sigue expulsando sistemáticamente a personas trans. Les docentes y personas que trabajan en la gestión no tienen información y se sigue discriminando. Hoy en Argentina existe el decreto de cupo laboral que queremos que sea ley y existe la ley de identidad de género como marco normativo pero sigue haciendo falta una transformación social”, Manu.

En un intento de entender la baja cantidad de puestos ocupados por personas travestis y trans, Vicky argumentó, “no tener un título, la falta de información sobre perspectiva de género en muchos trabajos y estar en un mundo heteronormativo donde solo hay lugar para hombres y mujeres, son algunas de las causas”.

La consecuencia es clara y la única opción es el trabajo informal, en este sentido Vicky detalló, “somos muy pocas dentro del mercado laboral y necesitamos que más compañeras puedan ingresar, seguir estudiando y ver que hay otra realidad, que la calle y la prostitución no son la única opción”.

En la misma línea, Manu afirmó, “la mirada que existe en la sociedad sobre las personas trans es completamente deshumanizada, es una mirada que las exotiza y sexualiza, por eso que haya una ley de cupo es una oportunidad para todas las compañeras, como decía Lohana, de llegar a viejas”.

Mientras tanto la búsqueda de un trabajo formal que les permita acceder a la salud, a una obra social, a un recibo de sueldo, a la educación y a una vivienda digna es incansable. De este barco no nos bajamos hasta que cada une pueda elegir su trabajo y concretar ese deseo.

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