Droga adulterada, prohibicionismo, placer y otras yerbas


Para millones de personas las drogas sirven hoy, como las religiones y la alta cultura ayer, para aplacar las dudas y perplejidades sobre la condición humana, la vida, la muerte, el más allá, el sentido o sinsentido de la existencia.” 

MARIO VARGAS LLOSA

A propósito de las muertes por droga adulterada la semana pasada….

Se habla mucho en la Argentina cuando pasan estas cosas. Mucho. Se habla, se debate, se estigmatiza, se buscan excusas, se tapa y se vuelve a guardar debajo de la alfombra. La historia de siempre en diarios y noticieros, pero sobre nuevas medidas de prevención o reducción de daños, bien gracias. 

La semana pasada murieron 24 personas. Podrían haber sido más, pero no fue – ni será- la única vez que en Argentina la droga y su prohibición se carguen víctimas. Time Warp sigue estando en nuestro inconsciente colectivo bastante presente, pero desde 2016 salvo prohibir lugares y perseguir el consumo personal, no se hizo ni se tomó ninguna medida que favorezca a la reducción de daños. La gente que consume – y es mucha, muchísima- no solo lo hace desde un punto de vista adictivo o propiamente nocivo, existe el consumo recreativo y responsable. El del placer, el que vos que estás leyendo esto seguramente en algún momento lo hiciste o hacés. Pero entonces la pregunta que se abre, es: ¿Por qué no hacer de ese un consumo más cuidado para todos? 

Existen un montón de aspectos a tener en cuenta cuando se habla de drogas. Pero vamos a ir por parte y de a poco. Lo primero tiene que ver con el nacimiento del prohibicionismo (que si bien existía desde antes, no había una persecución tan fuerte a los consumidores hasta su llegada) con la llamada “War on Drugs” planteada por Nixon en el ‘72 y que se extendió en todo el mundo.  A partir de ahí, el consumo placentero de cualquier estupefaciente considerado como “droga” por esta guerra fue prohibido y condenado. 

Con algunos cambios en el medio y permisos que hasta hoy se siguen discutiendo, esta guerra se jactó de definir qué está bien y qué está mal que consumamos en nuestra intimidad. Sí, porque no solo condenó el narcotráfico (párrafo aparte para debatir, hablar y buscar una solución) sino que también lo hizo con los consumidores que lo hacían de forma recreativa, y en ningún momento se cuidó a aquellas personas adictas. Solo se persiguió, juzgó y a otra cosa mariposa. 

La llegada de asociaciones que promueven la reducción de daños y luchan por un consumo libre y responsable, se extendió en el último tiempo desde Europa a países como Argentina. ¿El objetivo? Lograr que quienes consuman drogas, sean o no sean ilegales, puedan saber lo que están ingiriendo y su calidad. Porque sí, si vas a drogarte, por lo menos hacelo de la mejor forma. 

Pero de nuevo, siempre el mismo dedo juzgador sobre el posible placer que puede o no dar una droga tomada de forma recreativa. Acá sí, paro un segundo y separo ese tipo de consumo con el de una adicción. Una adicción es una enfermedad, un consumo recreativo no. Entonces, porqué estigmatizar tanto a quien es adicto así como al usuario de algo que puede ser un escape de un momento, un divertimento más o simplemente un relajo mental. Porqué tener que señalar al que cuando llega el fin de semana, después de días de no parar de trabajar, elige salir con amigos y tomar una pastilla de éxtasis, un dedito de md o una puntita de una pepa. ¿Es realmente una mala persona? ¿Está dañando al mundo por hacerlo? ¿Es un delincuente que debería estar encerrado toda la vida? Bueno, imagino que respondiste a estas preguntas en tu cabeza sin tener que esperar la mía. 

Pensar en leyes que cuiden y protejan al enfermo es un primer paso. El adicto no elige consumir, está pegado a una tendencia química cerebral que no le permite salir. Así como a algunos les pasa con el cigarrillo, el alcohol, el trabajo o el sexo. Sí, hay adicciones para todos los gustos y habría que pensar medidas que los ayuden, no que los estigmaticen. 

Pero en el caso del que consume de forma recreativa -y sí, también es importante dejar de usar siempre la palabra drogarse o drogadicto ya que el término negativo y despectivo que le dimos influye en cómo vemos a esas personas- debería tener un marco legal que lo apoye y lo respete. Más allá del chamuyo fácil de que nuestra Constitución avala cualquier acción personal y privada que no perjudique a terceros, la realidad es que hoy por hoy seguimos señalando con el dedo y en voz alta, pero nos damos vuelta y nos metemos en Telegram buscando el dealer más rápido y más barato. 

La nueva realidad del consumo, gracias a que nuevas tecnologías permiten testear, controlar, acceder e informarse de otra manera, hacen que tengamos que repensar todo lo relacionado al mundo ilegal de las drogas. De ahí, empezaríamos a ver cambios no solo en la reducción de daños y la precaución, sino también en el narcotráfico y la venta ilegal de drogas en todos lados. Prohibir, no es una solución sino un problema. El resto, queda en la decisión libre de cada uno. 

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