DMT, la psicodelia de cada día


Siempre que pensamos en hacer una nota sobre una droga buscamos abordarla con una mirada libre de la hipocresía que pueda tener en otros medios e intentando plantear los riesgos y beneficios que conlleva su utilización. Partiendo de la base de que si uno no se siente acosado por la curiosidad, siempre es preferible colocarse con una dosis de empatía y un buen vaso de agua. Esta vez vamos a hablar de la Dimetiltriptamina (DMT), compuesto psicoactivo utilizado por muchas culturas tradicionales.

Podemos encontrar la DMT en dos presentaciones: como un brebaje —entre los cuales el más popular es el ayahuasca— y en forma de polvo cristalino, que en su estado puro debería ser blanco, pero esto rara vez sucede y suele tener un color amarronado o salmón (lo cual indica que comenzó a degradarse). La droga en forma de polvo se obtiene de las mismas plantas que se utilizan para el ayahuasca y que mencionaré recién en el próximo párrafo para no repetir tantos nombres raros. Para que estos cristales tengan algún efecto hay que evitar la vía oral, o sea que se pueden fumar, esnifar o inyectar —pero yo elegiría la primera, para no sentirme tan drogadicto y de paso reducir el riesgo de lastimarme cuando lo hago.  En las células del intestino tenemos una proporción muy alta de una enzima llamada monoaminooxidasa (MAO), que destruye rápidamente la DMT, con lo cual, si se la ingiere por la boca, ni siquiera llega al sistema nervioso. Cuando usamos alguna de las otras vías, esquivamos estas enzimas, logrando sueños lúcidos de entre 5 y 30 minutos ­—con lúcidos me refiero a que los podemos recordar, no es que uno esté muy consciente que digamos. El uso recreativo de esta variante se ha popularizado en los últimos años, antes era impensado que alguien use DMT en el sillón de su living.  Siempre estuvo relacionado a experiencias esotéricas con guías, al abrigo de la naturaleza. 

El brebaje conocido como ayahuasca sí se puede tomar, porque además del componente psicoactivo, tiene un inhibidor de la enzima MAO, que evita que esta degrade la DMT, permitiéndole circular por la sangre durante varias horas y llegar al cerebro. ¿Cómo puede ser? Evidentemente los chamanes amazónicos conocían esta sinergia entre los dos compuestos, mucho antes de que nosotros les pongamos los nombres que vengo mencionando. En la decocción que preparan, mezclan una liana llamada caapi (Banisteriopsis caapi) que aporta la enzima inhibidora de la MAO y hojas de chacruna (Psychotria viridis) que aporta la DMT. También se puede encontrar a la vedette de esta nota en otras plantas similares como la mimosa (Mimosas Hostilis), pero lo que se conoce como ayahuasca, suele prepararse con la chacruna. ¿Cómo lo sabían los chamanes? Fácil, la planta se los dijo.

La particularidad de la dimetiltriptamina (DMT) es que, a diferencia de cualquier otra sustancia que pueda ser usada con fines recreativos (o esotéricos), nuestro cuerpo la genera, así que no podés hacerte el careta y decir que no sabés de qué estamos hablando. Este neurotransmisor aumenta su concentración en el cerebro cuando dormimos y cumple un papel clave en las alucinaciones oníricas visuales en las que nuestro inconsciente se expresa. Muchas veces tu cabecita loca te lleva a ese universo surrealista con paisajes delirantes en el que no hay espacio ni tiempo, aunque la mayoría de las veces no lo recuerdes. 

Para entender mejor cómo funciona esta sustancia en nuestro cuerpo, me parece importante hablar un poco sobre la glándula pineal o epífisis, que es donde se produce. Esta estructura, en el humano, comienza a formarse en la séptima semana de gestación del feto —en la que el sistema neurológico emprende su desarrollo y el sexo se define— y tiene un pico de actividad en el momento previo a la muerte, generando las famosas visiones que tan presentes están en los trágicos finales de nuestros héroes de las películas. Entonces, ¿para qué querríamos reproducir estos viajes de DMT?… ¿Para soñar despiertos?… ¿Para volver un rato a la panza de mamá?… ¿O para espiar el patio de la Parca?  

Aunque ya había sido descripta por médicos emblemáticos de la historia como Galeno y Vesalio —que le pusieron el nombre por la forma de cono de pino— el primer occidental en arriesgar una función para la epífisis fue René Descartes. El filósofo francés, que se caracterizaba por flashearla un toque de más —y ahora con el tiempo también sabemos que la pifiaba bastante— propuso que la glándula pineal era nada más y nada menos que “el asiento del alma” o puente por el que se conecta la “sustancia pensante” exclusiva de los humanos (espíritu o alma), con la “sustancia extensa” que tienen todos los animales (cuerpo).

La única evidencia que tenía para sostener este postulado —que le venía perfecto para redondear sus teorías filosóficas— es la ubicación de la glándula en la cabeza, justo en el centro en el que se conectan los dos ventrículos del cerebro. Sospecho —aunque no lo encontré en ningún lado­— que además conocía las milenarias corrientes hinduistas que teorizan sobre el Sexto Chakra, Ajna, o Tercer Ojo (como él mismo la llamó), ya que estas lo ubican en el centro de la frente, apenas por encima de las cejas, a la altura en la que está la glándula. Para ellos es el Chakra de la intuición, una especie de sexto sentido que se estimula vibrando en la frecuencia de los sentimientos adecuados, como por ejemplo el amor. Más cerca en el tiempo, los teosofístas, con Helena Blavatsky a la cabeza, plantearon que la epífisis directamente es el tercer ojo, ya sabiendo que ciertos ex parientes evolutivos nuestros, como los anfibios, también la tienen y la utilizan como fotorreceptor.

La glándula pineal regula también la producción de melatonina, censando la cantidad de luz del medioambiente. Cuando el día termina y se pone oscuro, promueve la liberación de esta hormona que favorece el sueño, actúa como antioxidante natural que ayuda a combatir el estrés y estimula el sistema inmune. Por eso dormir bien es tan importante. Muchas corrientes científicas modernas están investigando estos tipos de hormonas, ya que creen que es mucho más efectivo combatir el envejecimiento que buscar curas para las enfermedades que se originen una vez que ya somos viejos. Se cree que la DMT se produciría a partir de la melatonina.

Actualmente hay muchos métodos que promueven ejercicios de activación de la glándula pineal (meditaciones, yoga, ejercicios visuales, cantos, etc.) como por ejemplo Cyclopea, impulsado por la periodista chilena Fresia Castro a partir de sus años de experiencias en comunidades indígenas del desierto de Atacama o Conexión Pineal, a cargo del popular coach Federico Caivano. 

Hasta el momento, pareciera que la ciencia occidental no está tan interesada en esta glándula —o la DMT— como otras culturas orientales o los chamanes americanos, y es una lástima porque es muchísimo lo que nos falta conocer. Aparte del aporte del científico finlandés Callaway a fines de la década del 80, el único “occidental” en estudiar seriamente esta molécula fue el psiquiatra norteamericano Rick Strassman, que entre el 90 y el 95 postuló gran parte de las cosas que vengo mencionando. Esto se debe a que, como todos los psicodélicos, esta sustancia es ilegal. Cosa que paradójicamente nos convierte a todos nosotros en narcotraficantes, ya que la llevamos puesta en cualquier viaje, hemos conseguido violar los controles aeroportuarios más estrictos y hasta tenemos la osadía de usarla a bordo algunas veces, cuando nos clavamos una siestita.

Rick recorrió toda la información existente sobre la aplicación del uso de psicodélicos en psiquiatría y se convenció de que el potencial que tienen para modular la percepción de la realidad y por lo tanto moldear nuestra relación con el medio, constituye un poder invaluable. Siendo profesor de psiquiatría en la Universidad de Nuevo México (Albuquerque), consiguió la autorización de la FDA y la DEA de Estados Unidos para investigar los efectos del DMT en voluntarios sanos. Strassman creía que muchos de los efectos psicodélicos que se consiguen con esta molécula, también se producen en nuestro cuerpo en ciertas circunstancias como los sueños, el nacimiento, el momento previo a la muerte, ciertas patologías psiquiátricas como la esquizofrenia e incluso —esto lo agrega cuando va viendo los resultados— en la gente que asegura haber sido abducida por extraterrestres.

Trabajó con alrededor de 60 voluntarios, algunos de los cuales, ya tenían experiencias previas con drogas psicodélicas como LSD, Mezcalina o la propia DMT (dentro del brebaje del ayahuasca) y documentó todo lo que sucedía en las sesiones en el libro DMT The Spirit Molecule —con el que se hizo después un documental con el mismo nombre que hasta hace poco estaba en Netflix. Los efectos que acusan los propios usuarios son los siguientes: visiones psicodélicas con patrones de formas y colores tipo caleidoscopio; charlas íntimas con seres místicos reales o no, incluso con seres queridos que ya no están; presencia de entidades extraterrestres y ciudades futuristas. Con el ayahuasca los efectos son prácticamente los mismos, solo que menos intensos y más extendidos en el tiempo. Es decir, al ser menos potentes, uno se mantiene más consciente y las alucinaciones se entrelazan con la realidad, no como el DMT puro con el que uno abandona su cuerpo y vuelve al rato. 

La dosis que usó el doctor siempre anduvo entre los 20 y 60 miligramos (por vía intravenosa y dependiendo del peso del individuo) y en ningún caso registró un efecto peligroso en los voluntarios. De hecho, no se producen alteraciones fisiológicas, como aumento de temperatura corporal o presión sanguínea. Las principales complicaciones que pueden surgir, están asociadas a malos viajes psicológicos y no son tan comunes con esta variante como con el brebaje. Para quienes quieran probar, les recomiendo que antes lean el libro —que es increíble—, o que por lo menos, vean el documental y consulten páginas como la de Energy Control en la que explican muy bien cómo cuidarse y qué hacer en cada situación. La dosis letal de la DMT para una persona de peso promedio es de más de 5 gramos (5000 mg), con lo cual, es bastante complicado morir de sobredosis, más que nada, por la guita que esto significa.

Además de las conclusiones fundamentadas de las que estuvimos hablando, Rick arriesga en su libro algunas teorías más, que me parece bueno que lean de su propia pluma: “Propongo que la fuerza vital del individuo entra al cuerpo a través de la glándula pineal 49 días después de la concepción y se libera a través de la misma en la muerte. Este período prenatal de siete semanas corresponde al intervalo de tiempo entre la muerte de un individuo y la reencarnación de su alma según el budismo tibetano. Sugiero un modelo metafísico en el que los impulsos biológicos, psicológicos y espirituales, existen en una tensión dinámica con esta glándula espiritual.”

Como sucede con todas las sustancias ilegales, las aplicaciones en clínica son limitadas. La DMT puede utilizarse en el tratamiento del síndrome de abstinencia,  ya que no produce tolerancia ni dependencia (lo cual es logico, porque si el cuerpo lo sintetiza sería una anomalía que las genere) y en el tratamiento de la depresión y la ansiedad, al igual que el inhibidor de la MAO que tiene la liana del ayahuasca. De hecho, un antidepresivo muy conocido como es la fluoexetina también actúa inhibiendo esta enzima. 

Se cree que el mecanismo de producción de la DMT también estaría involucrado en patologías como la ezquizofrenia y el autismo. En los eventos ezquizoides, una concentración elevada de esta hormona podría ser la responsable de las alucinaciones que sufren los pacientes y en el autismo la desregulación de esta función, afectaría la capacidad de los individuos de relacionarse con el entorno.

En la introducción de su libro, Rick Strassman nos adelanta una de sus conclusiones: el DMT por sí solo no tiene efectos beneficiosos para la salud, pero es muy probable que las experiencias psicodélicas los tengan. De hecho, soñar es una de ellas y es fundamental para el desarrollo de algunas habilidades como por ejemplo la creatividad.  El cerebro es una máquina que se abre camino entre las experiencias, dibujando mapas que a veces no puede olvidar. El uso de psicodélicos ayuda a construir atajos que los desbloquean y que no podemos encontrar en pleno estado de consciencia. 

Los chamanes dicen curar todo tipo de enfermedades con el Ayahuasca y hay pacientes que aseguran haber conseguido resultados impresionantes combatiendo afecciones que ni siquiera nombramos acá.

No hay dudas que mantener una glándula pineal estimulada ayuda al funcionamiento armonioso del cuerpo y retrasa el envejecimiento.

Más allá de las conclusiones que cada uno pueda sacar de todo esto, para saber con precisión qué está pasando en nuestro cerebro, tendremos que esperar. Hace varios años que espero nuevas investigaciones sobre este tema, pero los productores tardan mucho en grabar la siguiente temporada. Espero ansioso el próximo capítulo.

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