Detenidos


-Uh, me quedé dormido- murmura Pedro mientras se estira en el sillón de un cuerpo y se refriega los ojos. Pasea la mirada desconcertado, como si se hubiese olvidado de donde está. Luz blanca y cables por todos lados, aparatos que emiten sonidos agudos y monótonos. Ojalá no se acordase.

Mira la hora y se inclina sobre el apoyabrazos para arrimarse a Lola.

– Bueno mi amor, hoy es 24. Seguro que ya sabías. No te dije antes porque no me dejan quedarme.  El horario de visitas es hasta las diez, faltan veinte minutos más o menos. Hablé con los médicos, el director del hospital, todo. Dicen que no pueden hacer excepciones.-

Encoje un poco el cuello y susurrando le dice, mientras le acaricia el brazo: – incluso le ofrecí unos pesos a Andrea, aunque sabía que no podía aceptar. Es demasiado buena. Me dio vergüenza, pero tenía que intentarlo. Eso sí… me prometió que me llamaba si te despertás. Voy a estar acá, a un par de cuadras en lo de Claudia y Horacio.-

Pedro se para, da la vuelta a la cama y se queda del otro lado, donde puede agarrarle la mano. Los ojos de Lola lo siguen. Los médicos dicen que es un reflejo.

-¿Qué locura no? Si hace un par de meses nos decían que ibas a tener que pasarlo sola no lo hubiésemos creído. Pensar que los años anteriores no sabíamos donde juntarnos para que entren todos. Seis hijos, seis hermanos, once nietos, más de veinte sobrinos y yo. No puedo entender que vayas a estar sola en este cuarto. Vas a extrañar los gritos y las  discusiones… jaja…cualquier cosa antes que escuchar el pitido de todas estas máquinas.-

-Bueno… bueno… tenés razón… hablemos de otra cosa.- dice mientras le limpia con una servilleta la saliva que le escurre del labio.-

-¡Te traje unos regalos! – Levanta un bolso y lo apoya en la silla. Mientras revuelve dice: – Va, los compramos entre todos. Mirá, este se le ocurrió a Carolina.  Es un difusor. Ella no pensó en que no estás respirando por la nariz, así que capaz no huelas tanto, pero no se lo quise decir… estaba muy contenta. Además, aunque sea un poco, tenés que sentir, ¿no? olé… mmmmhhh… es de “lemon grass”, no sé qué es eso pero es muy rico. Lo dejo por acá.- Lo apoya en la mesita y sigue buscando en el bolso: – a ver… a ver… que más… bueno, esta la compró Julián por Mercado Libre, es una radio. Se nos ocurrió que te podíamos dejar escuchando algún programa ahora cuando me tenga que ir. Uno que pasen canciones de Navidad y hablen un poco, así no te sentís tan sola. Además, tenés que escuchar las noticias, si no te vas a levantar de repente un día y no vas a entender nada. Yo estoy anotando las cosas que te tengo que contar en un cuaderno, pero bueno… algunas se me escapan. Es nueva eh… hasta tiene bluetooth, pero es “retro”, jajaja… parece más antigua que la que tenía cuando salíamos. La dejo acá al lado del difusor. Voy a sintonizar algo, ¿querés?-

Pedro gira la perilla y busca por las frecuencias:

Sigue la tensión en Medio Oriente. Estados Unidos e Irán podrían desatar la Tercer Guerra Mundial.”

-Era hora, ¿no?… alguien tenía que hacer algo… Si no vamos a vivir siempre asustados-

Sigue girando.

-A ver… un poco de música…-

“Yo soy la aventuraaaaa…. Tu la realidad, tu la ternuraaaaa….”

-Uhh mirá… otro que está como vos…- dice meneando la cabeza y haciendo un chasquido con la boca. -…Y otro que podría estar despierto si lo hubiésemos cuidado mejor… Bueno, ¿lo dejamos?… cualquier cosa después lo cambio. Bueno y te falta mi regalo…  esperá que lo busco.- Agarra un paquete y lo esconde atrás de su espalda. – ¿Estás lista?… ¿si?… mirá, es un gorrito, ¿te gusta?… te lo voy a poner para que te tape la cicatriz. A ver… ahí está… ¡que bien que te queda!… voy a buscar un espejo.-

Pedro va al baño, descuelga el cristal sin marco y lo lleva a la habitación. Se para enfrente de la cama y lo sostiene en su pecho. – ¿Ahí ves?… estás hermosa… te combina con los ojos… ¡me encanta!.-

Se escuchan dos golpes en la puerta y entra la enfermera.

-¡Andrea! ¿Cómo estás?-

-Hola Pedro, ¿Bien y vos? –

– Bien, bien. Saqué el espejo del baño, ahora lo devuelvo. Le quería mostrar a Lola el gorrito que le regalé, ¿te gusta?-

-Me encanta, está muy linda. Debe estar re contenta.-

Pedro va al baño y cuelga el espejo. Desde el baño se escucha su voz preguntando:- ¿Ya es la hora, no?-

-Sí, sí, son las diez, ¿ya están listos? ¿o necesitan un rato más?-

-No, ya estamos, no te quiero meter en líos. Podemos dejar la radio prendida, ¿no?-

-Sí, sí, no hay problema.-

– Quedamos que me avisabas si se despertaba, ¿no?… Yo ahora me voy a lo de mi hermana, acá a un par de cuadras, pero a las doce vuelvo y me quedo acá en el café del hospital, así estamos cerquita.-

-Sí, Pedro, te aviso. Quedate tranquilo. No creo que se despierte justo hoy, después de tanto tiempo, pero nunca se sabe… Capaz que no se quiere perder Navidad.-

-Sí, ya sé, sería un milagro…-

Andrea le apoya la mano derecha en la espalda con un gesto cariñoso y con la izquierda abre la puerta del cuarto.

-Bueno, en este hospital hemos visto muchos milagros, así que arriba la cabeza… a la madrugada bajo al café, si estás ahí brindamos… –

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