Desempleo 2.0: 365 días sin laburo y van…


En lo que va del día revisé el mail en el celular unas diez o doce veces. Y no es que use el Gmail para algo laboral o que me llueven mensajes esperadísimos todo el día. Ni cerca; ese es el problema. Hace una semana que espero un mail. Un solo mail y no llega. Si hacemos la cuenta -y eso que nunca se me dio muy bien la matemática-, esta semana habré entrado a mi casilla con esperanzas de encontrarlo casi cien veces. Básicamente, un sinfín de desilusiones. 

El mail en cuestión es por un posible laburo al que apliqué hace como un mes. Pasé por un proceso de tres entrevistas virtuales y quedaron en que esta semana me avisaban por mail cuál era el resultado. Te imaginarás que siendo casi las 18 hs. del viernes mis esperanzas y mi ánimo están por el piso. ¿Quién iba a decir que iba a ser tan difícil encontrar laburo? ¿Cuántas veces me imaginé casi un año desempleado y sin mucho futuro? ¿No era que si estudiaba, iba a la universidad y me recibía, el camino quedaba bastante allanado? ¿Será el momento de patear el tablero y cambiar un poco el rumbo?

La cosa es que el otro día volviendo del super en una de esas salidas esporádicas en época de cuarentena, me percaté de que ya llevaba un año en Argentina y, por ende, un año sin trabajo. ¡Un año! ¿Sabés todo lo que pasa en un año de vida? En mi caso, horas y horas de sillón, series y películas. La computadora, única aliada en un proceso tortuoso de enviar, enviar y enviar curriculums. Noches de insomnio, días cansado por stress y un constante mal humor. Así fueron estos casi 365 días.

Al principio no te voy a negar que me puse algo quisquilloso. Los primeros meses buscaba esos laburos que supuestamente eran “perfectos” para mí. Esos que cuando lees la descripción, eso que buscan y lo que necesitan, parece estar dedicado exclusivamente a vos. Mandé y desfilé por algunas entrevistas donde después de dos o tres visitas terminaban desapareciendo sin mucho aviso. Salvo dos veces que me mandaron un mail para avisarme que no había quedado, el resto ni se inmutó. Lo más loco, es que en varias de ellas no solo creí que me había ido muy bien, sino que también ellos mismos me lo dijeron. Y hasta por un conocido de un conocido me llegaron buenos comentarios. Pero la cosa no prosperó…

Después de esos meses decidí ir por todo. Ampliar un poco el espectro, hacerme la cabeza de que el trabajo es trabajo, y caer en la cuenta de que mis ahorros se estaban acabando. De nuevo, con computadora en mano tiré el CV hasta en rubros que ni sabía que existían. Le dediqué horas y horas de mi vida al teclado, al currículum, las cartas de presentación y a esos injustos tests de evaluación que muchas empresas usan como filtro. Le dí duro hasta que mi autoestima quedó como un trapo de piso que fue rescatado inesperadamente  por la pandemia. Parece irónico y hasta un poco cínico pensarlo, pero podría decir que el coronavirus fue mi salvavidas. Si no fuera por el virus y la obligación de encerrarme en mi casa sin mucha opción, seguramente hubiese terminado sumido en una gran depresión.

¿Qué pasó? ¿Qué me falta? ¿Qué hice mal? ¿Qué hago bien? ¿Hay trabajo? ¿Estoy buscando bien? ¿Soy muy exigente? ¿Me falta confianza? ¿Es mi culpa? ¿Me confundí de carrera? ¿Cuánto más falta? ¿Hay algún truco? ¿Estaré esperando mucho?

Así está mi cabeza todo el día, dando vueltas.Esperanzado por un mail que no llega y una autopromesa de que todo va a estar bien. Que ya va a aparecer algo. Que tengo que estar agradecido de que por lo menos no me falta -casi- nada. Que en plena pandemia y sin laburo, tengo todo. 

Me maté pensando posibles soluciones. Algunas mejores que otras. Pero la gran mayoría, fantasiosas. Ninguna lograba, o logra, arreglar el problema de fondo: no tengo laburo, se me acaba la plata y el “tiempo libre” pasó a ser un martirio. Mientras le sigo dando al F5 con ganas y espero que el próximo remitente traiga algo más que un inservible descuento en Farmacity.

2 Commentarios

  1. Avatar
    Gabriela Gianoli
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    Des empleo
    Des esperación,
    Des dicha
    Des cubrir afuera y adentro, describir este contexto con un texto tan real que la catarsis en primera persona genera empatía en los terceros.

  2. Avatar
    Santiago
    Responder

    Exelente crónica. Me gustaría entrecistarte en mi programa de radio. Escribime.

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