Dame mi Revolver


Con la llegada de Spotify y las infinitas listas que armo cada vez que estoy aburrido, dejé de escuchar los Beatles por discos. Salvo cuando me junto con el Mecle o el Chocho. 

Intenté revertir un poco la situación y hace unas semanas que pongo Revolver.  Bah, lo pongo a medias. No tengo tiempo para escucharlo entero así que, por mi adicción a las listas, armé una con temas del segundo mejor disco de mis héroes musicales para salir de la cama y arrancar mi día con voluntad y entusiasmo. 

Siempre empiezo con “I’m only sleeping”, jamás lo salto, aunque John me hable de lo hermoso que es seguir durmiendo y soñar. De hecho, se dice que grabó el tema acostado. Es la melodía, la voz y la letra. Se desenvuelve como un tridente alucinante comparable con la MSN del Barcelona (Messi, Suárez y Neymar), la unión del pan con el salame y el queso o la perfección de un fernet con hielo y Coca un sábado de 27 grados a la tarde.

Después suena “For no one”. Un tema cortito y de desamor de Paul. Aunque sus balas siempre me entran, en este caso no me lleva al lugar oscuro que él propone. O si, pero lo absorbo rápidamente y recuerdo ese fracaso amoroso con un optimismo que ninguna otra herramienta me aporta. Tomo sus palabras, entiendo su confusión, su frustración y su incapacidad para aceptar lo sucedido, pero en vez de tirarme abajo consigo darlo vuelta y entender la necesidad de la otra persona de tomarse el palo. No creo que hayan sido tus intenciones Paul, pero gracias por ayudarme a superarla. 

Llega “She said she said”. Respiro profundo y termino de despertarme con el atrevido George. En este caso, lo que más me cautivó siempre fueron las guitarras filosas y casi criminales que se apoderan de mi cerebro. Me obliga a cerrar un poco los ojos y navegar por los sonidos hasta que una frase irrumpe para causarme un seudo escalofrío “Me está haciendo sentir como si nunca hubiese nacido” ¿Entiendo exactamente a lo que se refiere o qué quiso decir? ¡Claro que no!, pero me quedo con la simple sensación de mi piel y esa mínima sonrisa que expresa mi boca mientras canto bajito ese fragmento que cierra una estrofa perfecta. 

A esa altura ya pasaron 7 u 8 minutitos y no abrí Instagram ni WhatsApp, buena cosa, pero tengo que levantarme de la cama, así que, para finalizar mi mini lista recurro a los violines y violonchelos con alas. Suena “Eleonor Rigby” y no le presto mucha atención a la letra, aunque de vez en cuando lo que se pregunta Paul me hace pensar si la gente solitaria baja por el mismo tobogán que los demás o si llega por una catarata revoltosa, pero no estoy listo para contestármelo. Me permito cerrar los ojos por última vez y escuchar esas cuerdas moverse como si estuviesen vivas, gozando y sufriendo al mismo tiempo.

Termina la orquesta. Me siento en la cama  y apoyo los pies en el piso. Miro la lista antes de abrir los mails y me dan ganas de sumarle otro temita. Ahora no tengo tiempo para elegir pero como diría Lennon “mañana nunca se sabe”.

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