¿Cómo hizo el mago?


Vero, mi amiga del laburo, me dijo que había logrado acreditarnos para ir a la cena de los Martín Fierro en el hotel Hilton. Es un evento hiper cholulo. Hay 20 nominados y 300 decorados. Nosotros íbamos a ser parte de ese segundo grupo, no nos molestaba tanto.

La cena nos servía como excusa para ponernos esa ropa que sólo aplica para una gala, tomar vino, champagne y cerveza, encontrarnos con amigos y jugar a seducir a estrellas. No éramos los únicos.

Nos tocó compartir mesa con Anama Ferreira, un bailarín de Tinelli y el socio de Laurencio Adot. Una mesa de no ternados.

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A medida que APTRA entregaba premios y la mayoría de los nominados pasaban a ser perdedores, dejaba de importar lo que sucedía en el escenario. Vicky Xipolitakis, que llevaba a sus tetas bien envueltas en una red, deambulaba por todo el salón mostrando a su pequeño novio José Ottavis. Un grupo de periodistas registraba con sus celulares el saludo entre Nati Oreiro y Lali Espósito. Nati le acababa de ganar como mejor actriz.

Vero, me pidió que la acompañe a saludar al hijo de un actor que era vecino suyo. Le dije que no fuera cagona, que tenía que ir sola. Siguió mi consejo y fue. Yo aproveché para ir al baño. En el pasillo me encontré con el asistente de una de las dueñas de un canal a quién yo había conocido hace poco en una reunión de trabajo. Sin ningún tipo de pudor, me agarró del moño y me dijo:

-Estás muy lindo vos. El otro día no te lo pude decir.-

-Gracias-. Le contesté.

-Mi mesa es la 43. Pasate después-. Me sonrió y se fue.

Tengo que admitir que aunque me triplica en edad y que de buen mozo no tiene nada, me sentí contento de que alguien haya destacado mi belleza.

Cuando volví al salón, Vero no me dio ni tiempo de contarle este episodio. Excitada me dijo:

Le hablé, me dio su número y me contó que después de la cena hay una fiesta-.

-¿Dónde?- le pregunté

-Creo que en la habitación 455-

Lo que quedaba de la ceremonia se hizo un tanto aburrido. El oro se lo dieron a Lanata. 

Aunque sabíamos que la fiesta era en la 455, no estábamos seguros de cómo llegar. Asumimos que si el número de la habitación empezaba con 4 tenía que quedar en el piso 4. Fuimos hasta el ascensor, se nos paró al lado un actor que en alguna novela hizo de hijo de Julio Chávez.

-¿A dónde van? -nos preguntó.

Haciéndome el lindo le respondí: “A una fiesta en la  455 ¿Vos?”

-A una en la 422-.me contestó.

-¿Nos invitás?- le pregunté.

Puso cara de que la fiesta no era suya. Con Vero nos miramos, sabíamos que la fiesta tenía que ser en la 422 y no en la 455. Nos subimos juntos al ascensor. Los 3 íbamos al piso 4. Lo dejamos salir primero y caminar delante nuestro. Llegó al final del pasillo y se metió en una puerta. La dejó abierta. Nos metimos atrás de él.

Entramos a una habitación gigante, más grande que mi departamento. Estábamos un poco tímidos, no entendíamos la dinámica del lugar. De repente, un rubio de ojos claros a quién Instagram me había recomendado seguir hacía algunos días me dijo: “Vos seguro tenés fuego”. Le dije que si y mostrándome un porro, me preguntó “¿Quéres que te traiga el encendedor en un rato o venís con nosotros?” “Voy con vos” le dije. Y con Vero lo seguimos al rubio por un pasillo hasta llegar a una segunda habitación. Nos pusimos en ronda a fumar. No hablamos, sólo compartimos el porro. Cuándo lo terminamos el rubio se fue, no lo volvimos a ver.

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Le pregunté a una chica de dónde había sacado la cerveza, me dijo que en el baño había. Fuimos hasta ahí. La bañadera estaba repleta de alcohol. En unos vasos de plástico nos servimos champagne. Por el pasillo que iba del baño a la habitación, nos cruzamos con Ernestina Pais que sostenía una botella vacía.

-¿Dónde hay un vaso?- me preguntó. Le contesté que en el baño.

-¿Dónde queda?-

-Te acompaño- le dije.

-De plástico no, conseguime de vidrio. –

Sin estar seguro le contesté: “No hay más” y saqué una botella de champagne de la bañadera.

-¿Te sirvo?-

-Obvio- me contestó.

Cuándo le serví, la espuma rebalsó y volqué todo. “Pará boludo”.

-La espuma te va a dar suerte- le di un beso y me fui.

La habitación se había convertido en un boliche. Vero bailaba en el medio. Me puse a menear con ella la canción del taxi. De repente, todo el mundo miró para el lado de la puerta. Había entrado Lali Espósito. La DJj, rápida de reflejos, puso la canción de Esperanza Mía. Aunque ninguno sabía la letra, todos nos pusimos a cantarla. Uno que andaba por ahí le dijo a Lali que ella tendría que haber ganado y no Nati. Lali puso cara de que mucho no le importaba. Pensé: “pobre, la cantidad de gente que sólo le habla para chuparle las medias”. A la distancia le sonreí, no sé si me vio.

Vero me dijo, “mirá está ese” y me señaló a un hombre de galera. “El mago sin dientes” le dije. Hiper atento me miró y con la cabeza asintió. Me acerqué a saludarlo. Vero le pidió una foto con su galera y él le dijo que se la prestaba pero que él no podía salir. Nos explicó que cuándo El Mago aparece, tiene que tener todo: galera, traje y bastón. Nos contó que su trabajo consiste en hacer apariciones en cualquier evento dónde haya cámaras. “Al otro día los medios se preguntan ¿Cómo hizo El Mago para estar en los Martín Fierro? Parece que me colé, pero ni se imaginan que yo acá entro con entrada. Hago lo mismo en todos los eventos, de alguna u otra forma me las ingenio para entrar de legal. Con esa publicidad, me garantizo hacer presencia en boliches y casinos del interior. Después hago que los trucos no me salen y la gente se caga de risa de lo huevón que soy”.

-¿No te cansa que te traten de boludo?- Le pregunté

Su respuesta fue perfecta: “Mirá, en este país, garpa este tipo de mago. Si viviese en otro país estaría haciendo otro mago”.

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La noche siguió entre bailes, trucos de magia y burbujas. Cómo la música que la DJ pasaba ya no nos gustaba, con Vero nos agarramos una botella de champagne y nos fuimos a tomarla tirados en una de las camas. Cuándo estábamos a punto de acabarla aparecieron tres chicos. Nos contaron que ellos eran los organizadores de la fiesta y que ya no quedaba más nadie, nosotros éramos los últimos. Los tres trabajaban como guionistas en Pol-Ka, habían estado nominados pero no habían ganado. Los alentamos diciéndoles que iban a tener una nueva oportunidad el próximo año. Nos dijeron que no creían, porque este año no estaban trabajando. Los despedimos con un beso y nos fuimos.

Cuando salimos a la puerta del hotel vimos que El Mago nos saludaba desde adentro de un taxi. Yo pensé: Qué simpático terminó siendo. Ojalá mañana los medios se pregunten ¿Cómo hizo El Mago?

 

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