Cómo fumar marihuana de forma legal


Fumo marihuana desde los 18 años. Tengo 33. Empecé con amigos, como una forma más de divertirnos. 

Lo hacíamos los fines de semana, no todos, de forma ocasional. Las veces que fumábamos un porro era como una celebración, casi como un ritual.

Eran noches o tardes de pura risa. De carcajadas sin sentido, de esas que te dejan los ojos llorosos y los cachetes duros. 

Conseguir marihuana en esa época era todo una aventura. De esas un poco peligrosas. 

No existía el Whatsapp, con los transas te hablabas por mensaje de texto, MSN y hasta por mail. Quedabas en encontrarte con ellos en una esquina, generalmente oscura o poco transitada. Te decían que llegaban a las 20, pero sabías que ibas a tener que esperar. Mi máximo de espera fueron dos horas.

Recién cuando el transa te tomaba confianza podías llamarlo y animarte a decirle “esta vez llegá puntual”.

Rara vez los transas duraban en tu agenda más de uno o dos años. Casi siempre después de un buen tiempo desaparecían. Cambiaban el celular, dejaban de contestar o directamente abandonaban la profesión.

Sobraban historias de transas que te contaban que les habían hecho una cama, que los detuvieron, que les pidieron coimas y que hasta los cagaron a palos. Siempre la policía o gente que decía ser comisario u oficial. 

A medida que fui creciendo mi consumo de marihuana dejó de ser meramente recreativo. Lo empecé a usar, principalmente, para bajar el estrés y relajarme. Después de un día largo de laburo fumar dos secas de porro me ayuda a bajar varios cambios. Lo hace de una forma que solo podrían imitar las pastillas o el alcohol.

Para dejar de depender de los transas, empecé a cultivar marihuana en el balcón de mi casa. A veces uno se olvida, pero la marihuana es una planta. Con una maceta, buena luz y abundante agua, podés dejar de depender de comprarle a un extraño y además asegurarte ciertos estándares de calidad.

Lo único malo es que este simple proceso es ilegal. Si, por tener una planta en tu casa podés comerte un proceso judicial que significa una mancha en tu historial que te jode a la hora de conseguir un laburo, salir del país o pedir un préstamo, entre tantas cosas. Además, si tenés mucha mala suerte podés comerte unos días preso.

A mí casi me pasa. Zafé de puro pedo. 

Hace unos años entraron a robar a mi departamento y al de mi vecino. Por suerte yo no estaba y solo se llevaron las pocas cosas que tenía (un equipo de música y una cámara de fotos).

Antes de avisarme, el portero llamó a la policía, por lo tanto cuando llegué a mi departamento 3 oficiales ya lo estaban recorriendo.

(Voy a resumir la historia, pero si la quieren leer con detalles la pueden encontrar acá).

Uno de los policías salió al balcón para fumarse un pucho y obviamente vio las dos plantas. Yo en ese momento no estaba, había ido a la comisaría a declarar, pero la agarró a mi vieja y le dijo “señora su hijo cultiva marihuana, hágala desaparecer si no quiere que tenga un problema”.

Sí, por dos plantas de 40 cm de alto pasé de víctima a victimario. De un pobre laburador al que le afanaron a un terrible narcotraficante. 

Mi vieja, que es una tipa muy piola, las hizo desaparecer y se tomó la situación con gracia. Aunque ese día se enteró que su hijo (el alumno ejemplar, con un trabajo espectacular y amigos re sanos) cultivaba marihuana, entendió que no era algo para alarmarse.

Lamentablemente, la suerte que yo tuve no la tienen todos. Sobran historias de personas que cultivan marihuana para uso personal y a las que la policía les entró a su casa tirando abajo la puerta como si fueran Pablo Escobar. Incluso, a madres y padres que tienen plantas para producir remedios que son casi imposibles de conseguir y que son esenciales para tratar las enfermedades de sus hijos, como epilepsia refractaria.

Por suerte, después de años de esta estupidez, empezaron a cambiar las cosas. Después de un largo proceso impulsado principalmente por la asociación Mamá Cultiva, el Gobierno aprobó en el 2021 el Sistema de Registro del Programa de Cannabis (Reprocann). 

A partir de entonces, las personas que por distintos motivos vinculados a la salud necesitan consumir marihuana y sus derivados, pueden anotarse en este registro y recibir autorización oficial para cultivar, acceder a cultivos de terceros y transportar cannabis.

Aunque hay que justificar un motivo médico y no la simple recreación, es todo un avance. 

De hecho, yo me anoté y este mes recibí la autorización. Hacerlo es fácil, pero tiene ciertas complicaciones.

Primero: los únicos autorizados a recetar marihuana son médicos que estén inscriptos en el Reprocann. Por eso, necesitás contactar a uno de estos médicos y pagarle por la consulta (tengo entendido que hasta el momento las obras sociales no lo cubren).

Seguro te preguntás, cómo carajo sé quiénes son estos médicos. Deben haber varias formas de contactarlos, pero te cuento la que hice yo.

Existen asociaciones de cultivadores que funcionan como gestores. Yo me contacté con una de ellas y esta se encargó de agendarme una cita con el médico.

La cita fue virtual. El tipo me hizo una serie de preguntas sobre los motivos de mi consumo. Le dije la verdad. Les recomiendo a todos que hagan eso. No hay porqué mentir y no hay motivo para sentir vergüenza. 

Los médicos que están inscriptos en este programa son los primeros en entender que es estúpido criminalizar al consumidor y que además, la planta de marihuana tiene efectos positivos para tratar varias enfermedades y trastornos como el estrés, el sueño o el apetito, entre tantos.

Segundo: Una vez que tenés la cita, te tenés que dar de alta en la página del Reprocann. Te van a pedir varios datos personales, pero no tengas miedo. Es para validar que realmente se trata de una persona que lo necesita y no de un narco disfrazado de paciente.

Una vez que hagas esto, el médico te va a pedir que le mandes unos documentos y luego él o ella se va a encargar de decirle al Estado que te recetan marihuana.  

Una vez que pase esto te advierto que te vas a tener que llenar de paciencia. Mucha paciencia.

El sistema está tardando bastante en dar las autorizaciones. Los motivos son varios: falta de personal, múltiples solicitudes y un sistema viejo.

Pero… la autorización termina llegando y cuando esto pasa quedás habilitado a plantar hasta nueve plantas en flora en un espacio de 6 m2 y a transportar hasta 40g de flores secas y hasta 6 unidades de goteros de 30ml.

O sea, si vuelvo a tener la mala suerte de que un policía vuelva a entrar a mi casa esta vez no me puede decir absolutamente nada. 

Aunque todavía a nuestra sociedad le falta sacarse varias caretas en su relación con la marihuana, sin dudas avanzamos bastante.

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