¿Cómo criar a un hijo en la calle?


Esta es la historia de Cacho, un hombre de 43 años que vivió los últimos 30 en la calle, y de cómo conoció hace 7 meses a Fabricio, su hijo de 16 años.

¿Cómo conocí a Cacho?

Nos conocimos hace algunos meses en la estación de trenes de Constitución. La primera vez que nos vimos, él le estaba mostrando una bolsa con Patys crudos a su hijo Fabricio. Tirado sobre un colchón Fabricio decía que no con el dedo. Yo hubiera dicho lo mismo; creo que eso fue lo que me motivó a hablarles.

-¿Quieren que les compre algo?- Les pregunté.

-Bueno- Me dijo Cacho.

-¿Qué?

-No sé- Me djio Fabrico.

No seas tímido, el muchacho te está preguntando qué querés– Le dijo Cacho a su hijo.

-Un sándwich de milanesa.- Me respondió Fabricio.

¿Dónde venden?– Pregunté yo.

Vení– Me dijo Cacho y me llevó a un bar que queda adentro de la estación.

-¿Vos no querés nada?- Le pegunté.

Una hamburguesa

Pedimos la comida y nos sentamos en la barra a esperarla.

El de allá es Fabricio, mi hijo. Tiene 16 años, no roba ni se droga. ¿Cómo te llamás?

Tomás. ¿Vos?

-Cacho

Hace treinta años que Cacho para en Constitución y hace seis que yo paso todos los días para ir a trabajar. En todo este tiempo nunca nos vimos, o al menos nunca nos registramos. Pero desde el día de los Patys, nunca dejamos de vernos.

Mirá quién está ahí, El Tomi– le dice Cacho a Fabricio cada vez que me ve bajar las escaleras de la estación.

Los encuentros son siempre en el mismo lugar, la puerta de la estación de la calle Hornos. Dependiendo de la hora ellos están durmiendo o intentando abrir puertas de taxis.

En una de nuestras charlas, le comenté que yo era periodista. Cacho se emocionó y me dijo que yo tenía que contar historias de gente como él. Le propuse hacer al revés, que él cuente su propia historia. Le regalé un cuaderno y una birome y le dije que si él escribía, yo se lo publicaba.

Su entusiasmo fue instantáneo. Ya al otro día tenía una carilla escrita.

No sabés lo bien que me hizo, Tomi. Escribir me hizo descargar un montón.- 

Lo que sigue a continuación es parte de lo que Cacho escribió en ese cuaderno sumado a distintas cosas que me fue diciendo. Para contar su historia, vamos a empezar por el final, el día en el que se convirtió en papá.

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Cacho y su cuaderno en el que escribe su historia.

Un nuevo rol: papá

Cuándo Fabricio nació  lo vi una sola vez. Fue fruto de la relación con Carina. Era una piba con la que yo salía en esa época. Tuve 5 novias nada más. La única con la que no me cuidé fue Carina”.

Al poco tiempo del nacimiento de Fabricio, Cacho y Carina se dejaron de ver. Cacho ya vivía en la calle, él vive ahí desde los 13 años. A esa edad, empezó a escaparse del colegio y de su casa.

Mi papá era borracho y golpeador. Llegó a quebrarme una costilla. Yo no quería saber nada con él, por eso empecé a parar en la calle”.

Un día de diciembre del 2015, pocos días antes de la Navidad, un chico flaquito, despeinado, con los labios bien marcados, le tocó el hombro a Cacho y le preguntó:

¿Vos sos Cacho?

Si, ¿Qué pasa wachin?

Soy tu hijo

Cacho se quedó helado.

Soy Fabricio, el hijo de Carina– y como prueba de esto, Fabricio le mostró un tatuaje en su pierna que en letras cursivas y desprolijas dice “Carina”.

¿Qué hacés acá?

Mi mamá cayó presa. No tengo a dónde ir

Mirá Fabricio, yo hace 30 años que vivo en la calle. No te puedo dar nada-.

Yo también estoy en la calle ahora

Fabricio le contó que su mamá había caído presa hacía 7 meses y que desde ese día, tuvo que vivir solo con su padrastro que , al igual que el papá de Cacho, era borracho y golpeador. Un día Fabricio se hartó de los golpes y se fue de la casa. Su mamá le había contado que su verdadero papá era un hombre bueno, se llamaba Cacho y vivía en Constitución. Con eso en mente, Fabricio se fue a buscarlo.

Fabricio me dijo que casi no se acuerda de cómo fue la búsqueda de Cacho. Capaz que prefiere olvidarla o capaz que es cierto y la falta de sueño, casa y comida le hicieron perder la memoria de esa época. Lo que si me confirmó es que la búsqueda duró siete meses y que en ese tiempo paró en Parque Lezama y en algún que otro instituto.

Cuando Cacho me contó la historia del encuentro con Fabricio, lo primero que le pregunté fue si no desconfió del relato de su hijo. Me dijo que enseguida la creyó, no solo porque los datos coincidían sino también porque “un padre siempre reconoce a un hijo”.

Cacho no tardó en adoptar el rol de padre. La paternidad es una función que le encanta. Por primera vez encontró un motivo por el cuál despertarse cada día. Fueron treinta años viviendo en la calle, haciendo siempre lo que quería. En cambio, con Fabricio, todos los días tiene un objetivo. Levantarse, buscar comida, hacer guita, conseguir un refugio y, también, tener a alguien a quien transmitirle enseñanzas. Es decir, sentirse útil.

Yo a Fabricio le dije: no te puedo dar una casa, pero te puedo enseñar lo que está bien y lo que está mal. Y eso es lo que estoy haciendo”.

Fabricio me cuenta que para dormir necesita abrazar a su papá y Cacho emocionado me dice que sí con la cabeza. Esta escena la compruebo cada vez que por algún motivo paso temprano por Constitución y los encuentro a los dos durmiendo.

Yo me drogué, robé y estuve privado de mi libertad. La droga es una mierda, la cárcel es peor que la calle, con eso te digo todo, pero la calle te lleva a eso. A mí eso nadie me lo dijo, por eso yo a Fabricio trato de enseñárselo”.

Mi vieja una vez me lo dijo: “nadie te enseña a ser padre, pero se aprende”. Y aunque como viene la mano estoy lejos de tener hijos, en Cacho veo que esa frase se hace cierta.

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Cacho (Foto hecha por Fabricio)

Leé la segunda parte: El pantalón.
Leé la tercera parte: Los inicios.

2 Commentarios

  1. […] Leé la primera parte “Como criar a un hijo en la calle“ […]

  2. […] Cómo criar un hijo en la calle Parte I Cómo criar a un hijo en la calle Parte II […]

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